Salvador Molina Navarro
Derecho a qué…
El derecho de los reos
Martes 4 de Octubre de 2016

Desde el principio, la prisión debía ser un instrumento tan perfeccionado como la escuela, el cuartel o el hospital y actuar con precisión sobre los individuos. El fracaso ha sido inmediato, y registrado casi al mismo tiempo que el proyecto mismo. Desde 1820 se constata que la prisión, lejos de transformar a los criminales en gente honrada, no sirve más que para fabricar nuevos criminales o para hundirlos todavía más en la criminalidad. Entonces, como siempre, en el mecanismo del poder ha existido una utilización estratégica de lo que era un inconveniente. La prisión fabrica delincuentes, pero los delincuentes a fin de cuentas son útiles en el dominio económico y en el dominio político. Los delincuentes sirven.

Michel Foucault, escritor, profesor, historiador y filósofo francés.

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La prisión fabrica delincuentes, pero los delincuentes a fin de cuentas son útiles en el dominio económico y en el dominio político
La prisión fabrica delincuentes, pero los delincuentes a fin de cuentas son útiles en el dominio económico y en el dominio político
(Foto: Cuartoscuro)

Un tema que sin duda debe ser atendido de forma inmediata por la ciudadanía es el fin de las prisiones en México y el trato que se da a las personas sujetas a cualquier tipo de privación de la libertad.

En recientes fechas la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) denunció que en México existen prisiones con áreas de privilegios, así como la presencia de objetos y sustancias prohibidas y de internos que ejercen control mediante violencia sobre el resto de la población, además de varios secretos a voces que se saben de las prisiones del Estado mexicano, como el caso de cobro de cuotas para poder pasar al interno ropa, productos de salud e higiene, calzado, incluso hasta la visita, todo se cobra en la prisiones, en el caso concreto de los centros de reinserción que están en el estado, se han externado quejas de abusos de poder, de actos de flagelo, de hacinamiento inhumano, de nula o muy deficiente atención médica, falta de coordinación entre las instituciones del estado para atención inmediata y temprana de emergencia o de prevención de afectaciones graves a la salud de la población.

Estos males son conocidos por todos los litigantes, familiares de internos, internos, autoridades; por todo aquel que por algún motivo visita una prisión en el país. Estos males son añejos, no se han podido atacar pese a los esfuerzos que de forma intermitente llevan a cabo funcionarios preocupados por hacer bien su trabajo, pero todo ha sido insuficiente.

Al hablar de las personas sujetas a cualquier tipo de privación de la libertad, sin duda se tocan intereses o sentimientos delicados, hay quienes sostienen que los prisioneros son personas que no pueden gozar de sus derechos humanos cabalmente, máxime cuando se trata de alguna persona que ha sido víctima u ofendido de un hecho que la ley señala como delito, una parte de la sociedad advierte como enemigos públicos a las personas privadas de su libertad, ya sean procesados o sentenciados.

Sin embargo, la finalidad de una prisión es precisamente asegurar una reinserción a la sociedad de las personas que por algún motivo delinquieron, deben ser centros estratégicos de tratamiento a personas con una programa de acción bien estructurado; las prisiones no tienen como finalidad infringir castigos o sufrimientos, no son centros de concentración ni depósitos de delincuentes; su finalidad, sin duda, es abonar a sanar el tejido social, de ahí que actualmente es considerada la última ratio, su finalidad es abonar a la disminución de la reincidencia, de ahí los programas actuales como cárcel abierta y los demás beneficios en ejecución de sanciones; por tanto, el que las prisiones logren sus fines es una labor de todos, de sociedad y gobierno, porque la sociedad será la más beneficiada si se logra reinsertar aunque sea a una de las personas que se encuentran privadas de su libertad.

Tener prisiones respetuosas de derechos humanos, prisiones que ofrezcan una vida digna a quienes están dentro de éstas, que ofrezcan la posibilidad de una vida diferente a los prisioneros, prisiones dignas y de calidad funciona, se ha visto en diversos países como Suecia, Holanda, Noruega, Australia, entre otros, que han disminuido la reincidencia criminal, que la calidad de vida a los internos ha abonado a que los mismos quieran recuperar su vida social funcional. No hay premisas válidas para restringir a una persona en sus relaciones familiares, ¿por qué disminuirlas?, ¿por qué obstaculizar el que el hijo visite a su madre o padre en prisión máxime cuando ese reo ha observado buena conducta y acatamiento a las normas del penal en que se encuentra?, ¿por qué el hacinamiento, hacer que vivan de quince a 30 personas en lugares construidos para que viva una o dos personas?, ¿por qué abonar el resentimiento y coraje que el delincuente tiene de su sociedad?, ¿por qué impedir que el prisionero tenga acceso a artículos de higiene personal, ropa adecuada, cobijas, colchón, calzado, alimento?, al final del día cada uno de estos objetos que los familiares adquieran para sus internos son gastos que el Estado dejará de hacer.

¿Por qué la sociedad no se ha logrado involucrar en mejorar el sistema penitenciario mexicano?, ¿por qué la ciudadanía no se ha interesado en hacer efectiva la reinserción social?; sin duda, se han dado esfuerzos de la sociedad civil organizada, esta labor debe ser de difusión y concientización, la ciudadanía debe entender el tema, debe visualizar los beneficios que se adquieren al tener una reinserción efectiva, debe haber una participación coordinada entre las instituciones públicas, se deben atraer programas de los países que han estructurado ideas novedosas y que han funcionado. De esta manera se dotará al Estado de los elementos mínimos para que pueda empezar a modificar sus políticas públicas en materia de trato a personas sujetas a cualquier tipo de privación de la libertad y de reglas mínimas de funcionamiento de las prisiones. Es una labor pendiente, las prisiones deben ser transformadas en verdaderos centros especializados en reinserción social y tratamiento de personas con dignidad y derechos humanos. En la medida en que se logren estos fines, se abonará medularmente a la disminución de la reincidencia criminal, ya que sin duda nuestras cárceles deben ser desde el principio instrumentos tan perfeccionados como la escuela, el cuartel o el hospital, y actuar con precisión sobre los individuos.

FB. Salvador Molina
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