Rafael Mendoza Castillo
El capitalismo destruye lo humano y la naturaleza
Lunes 7 de Marzo de 2016
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Iniciamos estas reflexiones recordando el pensamiento político de Thomas Hobbes, cuando afirmaba que “el fluir del mundo era natural y que el orden debe ser creado refrenando el flujo natural, el orden deviene un hecho de poder y el poder un hecho de voluntad”. De lo anterior surgen algunas preguntas obligadas sobre el orden, ya no natural sino artificial. ¿De qué naturaleza debe ser ese orden? ¿Cómo fundamentarlo? ¿Qué motivos y orientaciones lo mueven? ¿Qué intereses particulares, generales, técnicos, prácticos o emancipatorios, le marcan sentido y significado? No cabe duda que se trata de un orden sin neutralidad ideológica, y el cual se instala en una estructura de poder. Veamos.

El orden político que las clases sociales dominantes han venido construyendo y cuyo diseño está configurado en la Constitución Mexicana, ha sido utilizado para favorecer la concentración de riqueza en 0.18 por ciento de la población (tres billones 981 mil 802 millones de pesos). Indudablemente que el orden político diseñado en la Carta Magna, se sustenta en una organización o forma capitalista, la cual se sostiene en la ideología liberal, y a partir de 1982, en el neoliberalismo.

Como decía Carlos Marx, en el Manifiesto Comunista: “Todo lo sólido se desvanece en el aire, lo sagrado es profanado”. Lo anterior significa que el orden político y su sistema han llegado al encuentro con el caos, el debilitamiento y el desfondamiento del entramado institucional (instituciones al servicio de los poderosos), que hoy sostiene a ese tipo de organización social. Esta última destruye contratos colectivos, leyes del trabajo y derechos de huelga. Como bien dice Zygmunt Bauman, todo lo convierte en líquido.

El orden de dominación y su tipo de poder, siempre se orienta, en primer lugar, a crear reglas y normas (huelgas con puertas abiertas), a fin de evitar que nuevos grupos o clases subalternas, con otras percepciones ideológicas, opciones y proyectos de nación, más orientadas hacia el cambio radical y opuestas al actual orden político e institucional, accedan al poder (fraudes electorales); en segundo lugar, siempre le ha apostado a la defensa de los privilegios de los poderosos y de los amos del dinero. Los empresarios y el capitalismo corporativo sustituyen al Estado nacional.

El orden del poder de explotación o también llamado sistema-mundo capitalista, inventó e inventa, hoy día, sus propias formas para legitimar sus acciones y funciones, dentro de aquellas, se encuentra la democracia representativa, que en el pensamiento de Emmanuel Kant, se relaciona con lo despótico, en donde la voluntad soberana del pueblo, que dejó atrás a los súbditos frente al rey soberano, se coloca como el origen del poder.

La otra forma para legitimar al orden político y su organización es la ley. Solamente que ésta es constantemente violentada (Estado de Derecho como ficción), dado que lo que prevalece son los intereses reales y privados, mismos que son defendidos por los poderes fácticos, donde quedan inscritos los medios de comunicación (duopolio televisivo), iglesias, sindicalismo corporativo y charro, cúpulas partidarias y mafias del dinero (bancos), inversionistas extranjeros. El otro mecanismo, a través del cual el poder y su clase política conservadora legitiman sus acciones y funciones, ante a la sociedad, son los procesos electorales. Estos últimos son dirigidos, vigilados y organizados por instituciones específicas INE, TEPJF, y por el monopolio de las cúpulas partidarias, y el pueblo es el gran espectador.

El orden de dominación y su tipo de poder, siempre se orienta, en primer lugar, a crear reglas y normas (huelgas con puertas abiertas)
El orden de dominación y su tipo de poder, siempre se orienta, en primer lugar, a crear reglas y normas (huelgas con puertas abiertas)
(Foto: Cambio de Michoacán)

En estos momentos el orden político, su sistema, y su sostén ideológico neoliberal, radicalmente conservador, está revelando una descomposición social, casi total. Este hecho está provocando la aparición de riesgos, contingencias y ambivalencias, los cuales apuntan hacia la ingobernabilidad en el país, es decir, existe la percepción de que la nación vive un auténtico caos. Sus propias contradicciones y sus propios riesgos colaterales, son el resultado de sus propios fundamentos, tales como la enajenación, la alienación, la explotación y la acumulación ilimitada del capital, en pocas manos.
La historia y el tiempo no lineal, sino contradictorio en lo objetivo, lo subjetivo y lo práxico, muestra que la sociedad mexicana, que sí se da cuenta de lo novedoso, se está colocando en el advenimiento del desorden, dado que tal orden de explotación y su clase política dirigente, ya sea de izquierda moderna o colaboracionista, se está hundiendo por causa de sus propios riesgos, corrupciones, impunidad, desigualdad, injusticias, narcotráfico y crimen organizado.

Ante la descomposición social, moral y ética del sistema neoliberal que se adoptó en 1982, mismo que invadió toda la existencia de la nación mexicana, no sólo en el campo, sino en todos los poros de la estructura social, educación, subjetividad, ciencia, tecnología, cultura, conductas y actitudes. Lo anterior estuvo y está ajeno a la preocupación de la clase política gobernante, quien es irresponsable e inmoral. Este sistema desaparece a las personas y tritura sus cuerpos. Eso es terror. Paremos este tipo de orden.

Por ello, es urgente la constitución de un contrapoder, donde los ciudadanos, los explotados, los engañados, los trabajadores, los desempleados, los migrantes, las mujeres, los jóvenes y todos los excluidos, coincidamos en un plan de acción, con el fin de instaurar un nuevo orden social, sobre los fundamentos del trabajo libre, de lo solidario, de la asociación libre de los trabajadores, que apunte a la defensa de lo público, es decir, la emancipación humana. Sin llegar al fin de la historia o al paraíso, sino teniendo siempre presente la incertidumbre, y que el desarrollo y el nuevo orden se pongan al servicio de sus creadores.

La división de poderes, las elecciones, la ley, los partidos políticos, los medios de comunicación comerciales, las instancias electorales, la cúpula de la Iglesia Católica, el sindicalismo corporativo, el pacto social privatizador y desregulador y las mafias del dinero, desean continuar defendiendo sus privilegios, los intereses creados, que no son los del pueblo. En todo esto la Constitución y sus principios históricos, continuarán siendo una aspiración, una utopía, una esperanza para millones de excluidos.

De aquí la importancia histórica de que las fuerzas progresistas, democráticas y socialistas, impulsemos el movimiento social alternativo, desde la autonomía, la autogestión, la democracia directa y la autodefensa integral. Enrique Peña Nieto, su partido de derecha y sus aliados, pasarán a la historia como los actores de una comedia. Otro mundo es posible.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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