Columba Arias Solís
Los que no quisieron la paz
Viernes 14 de Octubre de 2016
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Luego de 50 años de vivir enfrentamientos armados entre los diferentes gobiernos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que dejaron ocho millones de víctimas en aquel país sudamericano, la llegada de Juan Manuel Santos a la Presidencia de la República abrió los caminos a la solución pacífica buscando acabar de una vez y para siempre con el conflicto armado.

Cuatro años de interlocuciones, encuentros, conversaciones entre los representantes del gobierno colombiano, las fuerzas de la guerrilla y representantes de países que fungieron como intermediarios, pavimentaron el camino hacia el proceso de paz. La comunidad internacional apoyó con beneplácito los esfuerzos de Santos, quien aglutinó en torno a su propuesta a la milicia a los sindicatos y diversos grupos sociales, así como a sectores políticos de izquierda y de centro izquierda, e incluso a familiares de víctimas del conflicto armado.

Las conversaciones para la paz rindieron sus frutos con los acuerdos firmados en La Habana entre el gobierno de Santos y las FARC en el mes de junio de este 2016, ante la presencia de seis presidentes latinoamericanos y el secretario general de la ONU. Dichos acuerdos incluyeron el cese al fuego bilateral y definitivo, la entrega de armas por parte de los guerrilleros, garantías de seguridad para éstos y la puesta en marcha de un mecanismo de referéndum de los acuerdos de paz, a realizarse el domingo 3 de octubre.

Juan Manuel Santos
Juan Manuel Santos
(Foto: Cuartoscuro)



Sin embargo, pese al optimismo que se reflejaba en las encuestas sobre el triunfo de los partidarios del sí a los acuerdos de paz, del apoyo de la comunidad internacional, el abstencionismo y la fuerza opositora encabezada por el ex presidente Álvaro Uribe, se alzaron con el triunfo y dieron un baño helado a aquellos que anhelan el fin de los conflictos bélicos y el retorno de la paz a Colombia.

Con un abstencionismo de más del 60 por ciento, el 50.2 por ciento de colombianos decidió votar contra los acuerdos, mientras que el 49.7 por ciento lo hizo en favor del sí. Se ha dicho que estos resultados reflejan la polarización que existe en Colombia, en parte propiciada por el activismo del ex presidente Uribe abanderado de la campaña del no y quien acusó de decepcionantes los acuerdos de La Habana, pero también por la pésima imagen de las FARC y, por ende, el rechazo de una mayoría de ciudadanos contra –entre otros puntos de los acuerdos– la participación en política de los líderes de la guerrilla y el no ingreso de éstos a la cárcel.

El líder y operador de la campaña del no a los acuerdos, Álvaro Uribe, llegó a la Presidencia de Colombia en 2002, cuando las FARC controlaban medio país, logrando aglutinar a una mayoría de colombianos contra el rechazo a la guerrilla, a quien acusaba de ser causante de todos los problemas que el Estado no podía resolver. Implementó la llamada estrategia de seguridad democrática que multiplicó las operaciones militares contra las FARC; a lo largo de los años de sus dos periodos de gobierno se le acusó de la creación de grupos paramilitares cuya actividad dejó una estela de muerte de miles de civiles a quienes se hacía aparecer como guerrilleros muertos en combate. Durante su gobierno, Uribe logró replegar a las FARC al interior de la selva colombiana y al amparo de una mayor seguridad la economía comenzó a crecer y la pobreza a disminuir.

Los logros del gobierno de Uribe lo llevaron a ser considerado el presidente más popular no sólo de su país, sino en América Latina, y al mismo tiempo consiguió la consolidación de un grupo político en el que confluyen las derechas más recalcitrantes, las iglesias evangélicas y cristianas, un amplio espectro de poderosos empresarios dueños de fincas, convirtiéndose en el ex presidente con mayor influencia y presencia política, lo que ha quedado demostrado al encabezar la campaña del no a la paz y lograr el triunfo para el rechazo.

Por lo pronto, los que no quieren la paz han triunfado en Colombia de la mano del ex presidente Uribe, en unas votaciones que, como algunos analistas han señalado, evidenciaron una profunda falta de solidaridad, puesto que los lugares más golpeados por la guerra fueron precisamente los que votaron por el sí a la paz; sin embargo, al ser municipios con menor número de votantes, no pudieron superar los votos de lugares donde la violencia no los ha afectado mayormente y quienes dieron el triunfo a los contrarios a los acuerdos de paz.

La posibilidad de la paz en Colombia queda en el aire, y no obstante que la guerrilla ha manifestado su compromiso de sostener el cese al fuego, la incertidumbre permea en el ánimo de muchos colombianos. Sin embargo, a pesar del rechazo en el referéndum, la concesión del Premio Nobel de la Paz al presidente Santos ha fortalecido los ánimos de aquellos que impulsan los acuerdos de paz, que según parece tendrán que ser renegociados.

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