Jerjes Aguirre Avellaneda
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Hacia el Centenario de la Constitución
Viernes 14 de Octubre de 2016
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El año que viene, el 5 de febrero de 2017, habrán de cumplirse 100 años de vigencia de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Este documento fundamental permitió la organización y el funcionamiento del país de acuerdo con los objetivos que inicialmente se había impuesto la Revolución de 1910. La Constitución fue resultado de la Revolución como reflejo de sus principios y programa, que en su tiempo mereció el respeto del mundo.

No obstante, los cambios en la realidad de México hicieron que la Constitución registrara centenares de reformas, la mayoría de las veces en abierta contradicción con el espíritu del Constituyente de 1917, permitiendo el surgimiento de un país con grandes contradicciones e injusticias, vinculando a la globalización con todas sus consecuencias favorables y, a la vez, de enorme prejuicio para la consolidación nacional.

Mientras la Constitución mantuvo sus orientaciones originales el país registró las grandes transformaciones en el campo, la ciudad, la estructura social y la cultura. La educación, la Reforma Agraria y la industrialización del país abrieron las más amplias oportunidades para las mayorías nacionales de obreros y campesinos, en tanto que el Estado mexicano creaba instituciones que permitían el cumplimiento de sus compromisos con los trabajadores.

Por eso, 100 años después de 1917, es conveniente el análisis y la reflexión sobre lo que ha pasado con la Constitución y la realidad de México, sobre los ideales relacionados con el país que se desea y se busca seguir construyendo, sobre sus grandes problemas de desigualdad y de injusticia, su deterioro cultural, su avance democrático e inserción en un mundo globalizado, que pretende la cancelación de naciones y soberanías mediante la destrucción de todo lo que otorgue identidad y sostén a los pueblos, en su historia, valores, principios y el conjunto de sus culturas nacionales.

El 5 de febrero de 2017, habrán de cumplirse 100 años de vigencia de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
El 5 de febrero de 2017, habrán de cumplirse 100 años de vigencia de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
(Foto: Cuartoscuro)


Diversos son los problemas, los retos y las necesidades en función de los cuales podría analizarse la Constitución Mexicana en su Centenario, no sólo hacia adentro, en términos de teoría y de técnica jurídica, sino fundamentalmente en relación con la realidad que ella misma ha permitido crear, en aspectos esenciales para el cumplimiento del primer deber, que consiste en la preservación y fortalecimiento del propio país.

Entre otros muchos, podrían destacarse cuestiones básicas como la Constitución, la independencia y la soberanía de México, la igualdad de oportunidades para la vida de todos los mexicanos, la capacidad del país para construir con justicia los futuros deseados y posibles, la estructura institucional del país y su adecuación para enfrentar al mundo globalizado, las correcciones del federalismo mexicano, el funcionamiento democrático de la sociedad mexicana y los ideales históricos que inspira la misma Constitución.

Habría que evitar que el Centenario de la Constitución estuviera reducido a los actos protocolarios de conmemoración, con eventos rutinarios y retórica vacía, sino en una gran oportunidad para el examen de los aciertos y errores, de las fortalezas y las debilidades para la inauguración de una nueva época en la existencia y dinámica de la nación. La revisión de todos los aspectos en la organización del país, de su sociedad, de los grandes pendientes, de los aciertos y errores de sus reformas, de los artículos 3°, 27,115, 123 y 130, entre otros, son aconsejables como esfuerzos conmemorativos. 100 años son suficientes para determinar lo que debe corregirse y lo que debe preservarse. La Constitución es la medida de todo México.

No se puede ni se debe continuar vaciando la Constitución de sus contenidos populares democráticos, de vigencia plena de los derechos individuales y sociales de los mexicanos. Los pobres de México, que son la mayoría de la población, no son el objeto de los programas asistenciales, sino sujetos de derechos conseguidos en sus luchas y que deberían estar plenamente consagrados en la norma constitucional.

¿Cómo aceptar que la educación se despoje de la historia, que en el campo se destruya la propiedad social, que los obreros subsistan con salarios mínimos y que la inseguridad y los miedos caractericen el futuro de las mayorías nacionales?, ¿cómo aceptar las grandes derrotas y traiciones cuando los enemigos de ayer son los gobernantes de hoy?

¿Cómo conformarse con las grandes desigualdades económicas, sociales y políticas entre regiones, municipios y entidades federativas?, ¿cómo conformarse con la pobreza y la falta de oportunidades para la vida de la mayoría de los mexicanos, con la política vista y practicada como negocio y no como servicio, con los vacíos de poder frente a la delincuencia, con la corrupción, con el desprecio de las ideas y los proyectos históricos?

De Estado revolucionario a Estado de compromiso social y finalmente a Estado neoliberal, de minorías, ha sido la ruta del constitucionalismo mexicano, y en consecuencia, 100 años después son tiempos de revisión y de corrección, en lugar de continuar con la tendencia hasta la consumación total de una Constitución no para la sociedad, para la nación, para el país, para los mexicanos, sino una Constitución para el mercado globalizado.

El Centenario de la Constitución es una extraordinaria oportunidad para su análisis y reflexión, desde los cimientos mismos del pueblo, en la perspectiva de sus unidades políticas primarias y desde la visión, la experiencia y la capacidad de los ciudadanos, de todos, en un proceso en el que pueda surgir la propuesta de una nueva Constitución para un nuevo país.

Hay que tomar en cuenta a la gente. La inconformidad de la gente no debe minimizarse. Su hartazgo y capacidad de violencia debe ponderarse en esta oportunidad centenaria. La impunidad en todos los aspectos puede conducir a conflictos de consecuencias imprevisibles.

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