Rafael Mendoza Castillo
El poder de explotación y el otro
Lunes 17 de Octubre de 2016
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Dice Julia Kristeva que “el extranjero empieza cuando surge la conciencia de mi diferencia y termina cuando todos nos reconocemos extranjeros”. Ante este pensamiento me surgen varias preguntas, conforme a la razón. ¿Por qué vuelve a surgir el problema de lo extranjero en el discurso mexicano omnisciente y autoritario?, ¿es nuevamente el síntoma de una voluntad de verdad absoluta que excluye, desde el poder, a lo diferente, como elemento que pone en peligro la existencia de una relación de dominación que ha perdido lo límites de la razón y la legitimidad?

Su nacionalismo es solamente una ilusión y su ideología globalizadora se sustenta en la productividad (ganancia), en la rigidez de los mercados laborales
Su nacionalismo es solamente una ilusión y su ideología globalizadora se sustenta en la productividad (ganancia), en la rigidez de los mercados laborales
(Foto: TAVO)

No cabe la menor duda, los hechos actuales así lo muestran, el discurso político prianista que hoy maneja la clase gobernante encierra un mecanismo de exclusión cuya identificación se soporta en lo prohibido. Esta representación señala el lugar y lo que debemos decir, sobre todo, que no se puede hablar de todo ni verlo todo, sólo lo que al poder conviene. El recorte de lo prohibido subjetivado recorta el campo de la realidad e incluso la oculta. Este último punto de vista cuida del orden establecido y su lógica de pureza intocada.

Hoy se anula la subjetividad de lo extranjero, sobre todo, a quienes han dado luz a lo oscuro, a la sombra, restituyendo la palabra que había sido robada a los mexicanos, aparte de haberles robado sus tierras. Expulsar al otro por incómodo revela la intención del dominador para que la opinión pública no conozca los crímenes y la violencia que el Estado de malestar comete a diario (las guerras del usurpador, de la economía extractivista, del robo, de la conquista y el pillaje). La derecha viene por más y la izquierda sigue resistiendo.

El sistema prianista actual recurre a la representación del ideal del nacionalismo que a partir de 1982 había enterrado; lo retoma ahora como un axioma y no como un valor que se encarna en la realidad. Asusta con la fantasía nacionalista porque ya traicionó sus contenidos históricos. En el fondo, la clase política gobernante vive de un nominalismo como si éste fuera la propia realidad. Para muestra Michoacán, donde el discurso triunfalista del gobernador Silvano camina por un lado y la realidad por otro (violencia cotidiana). Lugar donde la pulsión de muerte le está ganando a la pulsión de vida.

Por eso nadie cree, y menos confía, en su ficción de nacionalismo, unido y glorioso. Su nacionalismo es solamente una ilusión y su ideología globalizadora se sustenta en la productividad (ganancia), en la rigidez de los mercados laborales y en el mito de la capacitación humana y las competencias (destruir lo colectivo). Reclama la paz y la unidad de la nación para servir a aquella ideología.

El enunciado nacionalista de la élite gobernante iguala a todos en lo formal. En la realidad selecciona, premia a los que callan y aceptan su manera de dirigir este país, pero segrega y expulsa a los que desenmascaran su cinismo, su mentira, y la entrega del patrimonio nacional al imperio norteamericano, a la oligarquía financiera y al empresariado nacional.

Así, la clase política que hoy mantiene el orden capitalista por medio de instituciones sociales, políticas y culturales, lo hace desde el ejercicio de un poder pastoral y despótico, pretendiendo que todos los mexicanos actuemos como súbditos y que entreguemos nuestras vidas al servicio de los intereses de la clase dominante, la cual está decidiendo, sin legitimidad, el destino de México.

El pensamiento crítico, la praxis liberadora y emancipadora, distinguen lo privado de lo público y los ubican en su justa vinculación sin confundirlos. Pero la racionalidad instrumental del sistema político mexicano los escinde y convierte a lo público en un medio para servir a lo privado, al egoísmo y al privilegio de unos cuantos verdugos derechizados, mandarines autoritarios y parásitos del poder (ex presidentes).

De aquí que recurrir al nacionalismo, a la aplicación de la ley sin legitimidad, es colocar a la sociedad mexicana en el sendero exclusivo de lo privado, dejando de lado el Estado de Derecho y el Estado social democrático y plural, que da entrada al ciudadano y a la posibilidad de constitución de un orden nuevo, con nuevas instituciones, con nuevas reglas y valores (solidaridad y comunidad política).

El pensamiento totalitario que hoy practica el prianismo todavía se inscribe en lo religioso, lo económico, lo cultural, la costumbre. Estas ideologías dogmáticas, metafísicas, derechizadas que echan mano del uno están presentes en nuestra vida nacional y oprimen la cabeza de muchos mexicanos.

La historia muestra que con estos dogmas cerrados se expulsó a los bárbaros, a los metecos, a las etnias, a los judíos, a los herejes, y hoy a muchos luchadores sociales y a organizaciones sociales sindicales independientes que se oponen a la esclavitud, a la explotación y al dogma político mismo.

Ante el ruido ensordecedor de lo privado que expulsa al otro por incómodo (CNTE y otros); lo que realmente está en juego, en esa pantalla imaginaria, es la alienación y la enajenación de los contenidos históricos de la nación y la soberanía, apropiados éstos por una clase gobernante derechizada, conservadora y reaccionaria que se niega a la aceptación de otros programas y proyectos políticos distintos al suyo.

Contra la glaciación, el conservadurismo y la exclusión del otro: la crítica, la desobediencia, la dignidad y la acción constituyente. Termino esta escritura con el pensamiento de Julia Kristeva: “Extranjero, rabia oprimida en el fondo de mi garganta, ángel negro que enturbia la transparencia, trazo opaco insondable”. Otro mundo es posible.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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