Gerardo A. Herrera Pérez
Debatamos Michoacán
Construcción de conciencia social
Miércoles 19 de Octubre de 2016
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Desde 1995 se aprobó por la Conferencia de la UNESCO la Declaración de Principios sobre Tolerancia. El posicionamiento desde 1945 era preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra, a reafirmar la fe de los derechos humanos y el valor de la dignidad humana, haciendo de la tolerancia una práctica que permita la convivencia para la paz.

La paz debe basarse en la solidaridad intelectual y moral de la humanidad y toda persona tiene derechos y libertades.

La paz debe basarse en la solidaridad intelectual y moral de la humanidad y toda persona tiene derechos y libertades.
La paz debe basarse en la solidaridad intelectual y moral de la humanidad y toda persona tiene derechos y libertades.
(Foto: TAVO)

Así, la tolerancia es un concepto al que se le asignan elementos fundamentales para la convivencia de la paz social; entre éstos contamos con la aceptación y el aprecio de la rica diversidad de las culturas de nuestro mundo, de nuestra forma de expresión y medios de ser humanos.

Esta convivencia se acrecienta con el conocimiento, la actitud de apertura, la comunicación y la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión. Así, la tolerancia la debemos ver como la armonía en la diferencia. Es así que la tolerancia es la virtud que hace posible la paz y sustituye la cultura de la guerra por la cultura de la paz.

No obstante, desde el pasado 17 de mayo de 2016 a esta fecha hemos visto un fenómeno social de grupos fácticos, de asociaciones religiosas, de feligresía y de estructuras sociales vinculadas a una permanente intolerancia sobre el matrimonio igualitario, el cual ha generado discurso de odio sustentado en la ideología, en el dogma, en la falta de conocimiento, y la ignorancia que ha llevado a muchas personas a actuar bajo esquemas de estereotipos, prejuicios y estigmas que violentan el respeto a la diversidad y la garantía de los derechos de todas las personas humanas.

Por ello, el 29 de septiembre de 2016, las agencias de Naciones Unidas en México condenaron las expresiones de odio, intolerancia, estigmatización y discriminación en contra de las personas que viven diversidad sexual.

De igual manera se refirieron a que rechazan los pronunciamientos de estos grupos en sus planteamientos de igualdad de género y los ataques contra las instituciones que trabajan estos temas por mandato de ley.

En Michoacán, como en otras entidades federativas, se han iniciado actos en contra de personas que viven su sexualidad distinta a la hegemónica, a la heterosexual; así, hemos visto el día 10 y 24 de septiembre expresiones que no abonan a la tolerancia y al respeto de una cultura diversa; hemos visto a la feligresía en contra del matrimonio igualitario y otros temas de la diversidad sexual demandando la no aprobación de dicha figura jurídica y condenando a las instituciones del Estado por su defensa; por el otro lado, vemos a un colectivo de 40 años de trabajo en un marco de defensa de sus derechos humanos, el cual ha sido avalado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación y desde luego por las agencias de la ONU.

Me parece que hoy más que nunca necesitamos hacer exigibles los derechos y libertades de las personas, asumiendo que la tolerancia es la responsabilidad que sustenta los derechos humanos, el pluralismo, la democracia y el Estado de Derecho. Supone entonces la tolerancia el rechazo al dogmatismo y del absolutismo y afirma las normas establecidas por los instrumentos internacionales relativos a los derechos humanos.

Desearía que las cosas fueran así, con respeto, con tolerancia, en convivencia para la paz social, pero desafortunadamente no es como a mí me gustaría; en todo México han sucedido casos de muerte de mujeres trans, que nos obligan a replantearnos qué está sucediendo, porque nuevamente la instrumentación de mecanismos de opresión en contra de este segmento de población; así hay compañeras trans asesinadas en Zamora, Michoacán; Acapulco, Guerrero; Ciudad de México; Tijuana, Baja California; Comitán, Chiapas; Pénjamo, Guanajuato; Chalco, Estado de México; no deseamos más mujeres trans muertas, no deseamos más impunidad, no más desprecio a lo diferente, no más estigmatización.

Pienso que si una mujer trans es asesinada, también asesinan al colectivo LGBTTTI, no puede ser de otra manera, todos y todas estamos unidos por un solo hilo que se llama diversidad y cuya identidad es la disidencia sexual. Debe existir solidaridad y respeto, entre quienes han sufrido los mecanismos de opresión, que van desde la invisibilidad, el estigma, la violencia, la discriminación, la ausencia de marcos normativos y políticas públicas, hasta pasar por el suicidio o bien el crimen de odio que es lo hoy observamos transfeminicidios.

Me opongo a que se dé una colonización a la comunidad trans por parte de homosexuales, me opongo a una suplantación del discursos y de la defensa de homosexuales a la comunidad trans, los homosexuales, la comunidad lésbico gay debe ir en su acompañamiento a los ritmos que ellas marquen en su agenda y en sus tácticas sociales; la comunidad trans puede exigir sus derechos, puede salir adelante no requiere de representantes, los colectivos de homosexuales se deben sumar a las demandas de las chicas trans una vez que ellas así lo requieran.

Una ocasión, una compañera trans de Morelia me comentó que las personas que vivían cerca de su domicilio la acosaban porque era trans, en una ocasión, ya cansada de tantas vejaciones, les dijo: “Córtame todo si quieres verme como varón: el pelo, las chiches”. No es fácil comprender cada cuerpo, por ello es mejor respetar, tolerar en el ejercicio que arriba exprese.

Finalmente expreso: la convivencia para la paz social requiere el respeto, pero el respeto requiere de la tolerancia y la tolerancia del diálogo permanente entre los miembros de cualquier comunidad.

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