Samuel Maldonado B.
Repercusiones
¿Del dreamliner al militarismo?
Martes 8 de Marzo de 2016
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En el país, los mexicanos en lo general no solamente hemos sufrido el alto grado de la criminalidad sino que padecemos la llamada -por las autoridades en la materia- depreciación en un 40 por ciento de la moneda nacional, que impacta y encarece la ya de por sí costosa vida de las clases populares y marginales y que lastima también a sectores preponderantes de la clase económicamente pudiente, a grandes empresarios y contratistas como al magnate capitalista Carlos Slim, a quien en décadas anteriores prácticamente el gobierno del país le regalara la compañía Teléfonos de México y que aun con la pérdida del valor de sus acciones, sigue siendo archimillonario y uno de los hombres más ricos de México, sufre las consecuencias del actuar del mercado internacional. Él sigue siendo muy rico y los mexicanos en su mayoría continúan empobreciéndose más y más.

La “depreciación política y económica” del país, iniciada varios años antes con los gobiernos neo liberalistas, ha dificultado e impedido sobre manera el desarrollo nacional, agravando las condiciones sociales de millones y complicando la seguridad nacional, todo por la infantil y estúpida participación no solamente del gobierno federal sino de la ayuda ¿inocente e infantil? del Congreso Nacional (sin la H de honorable, que alguna vez lo fue), además de la ayuda invaluable de la mayoría de los congresos de todas las entidades federativas, la complacencia y cinismo de las autoridades estatales, que dieron como resultado la desnacionalización de las diversas empresas estatales provocando consecuencias negativas prácticamente visibles en grandes núcleos poblacionales que muestran además, la depredación, rapiña o despojo de nuestras riquezas naturales renovables o no.

Ante esta lacerante situación, agravada aún más por el ejercicio superfluo y excesivo, a veces exótico del gasto público, que no resuelve la problemática social menos aún la de la seguridad pública, o de la pobreza, nos encontramos en un tobogán internacional que absorbe nuestros ahorros, que obliga a compras de material bélico principalmente a nuestros “buenos vecinos” y a “rezar” para que la época de vacas flacas termine y deje de ser esa patética costumbre de comprar aviones para uso de la familia presidencial y termine también el gastar la pólvora en infiernitos, en esta guerra supuestamente contra el crimen organizado, iniciada en Michoacán por su hijo desobediente, que si no fuera tan patético el tema, nos estaría matando a todos de la risa provocada por tanta estupidez e inequidad que cometen casi a diario nuestros gobernantes y legisladores. Más de diez mil millones de devaluados pesos (por la apreciación del dólar) costó el avioncito que lleva el amoroso nombre de “Ensueño” (Dreamliner 787-8) para el disfrute de la familia presidencial principalmente y sus cuates que lo ayudan a gobernar. En esta terrible etapa gubernamental, de miserias y de problemas económicos, prácticamene es un crimen de lesa humanidad la compra de aparatos de súper lujo y de gastar la pólvora en infiernitos y que debiera pagarse como se le cobra, ahora, al Chapo; es decir, con cárcel.

Ante este panorama tan crítico de depredación nacional, “en torno a una mesa de café, un grupo de ingenuos” dialogábamos sobre las consecuencias de este tétrico escenario político-militarista que vivimos a lo largo y ancho de nuestro país. Analizábamos la conducta generalizada de los miembros del (sin la H de honorable) Congreso Nacional, que votando por sus particulares intereses recibieron sus premios correspondientes a la traición cometida firmando las supuestas reformas constitucionales que nos dejaron sin petróleo, sin energía eléctrica, sin siderúrgicas, sin empresas eléctricas, etcétera, a cambio de ¡dirigir, (¿prescindir o presidir?)¡ el Congreso de la Unión.

El costo suntuario de los tres poderes (convertidos en uno sólo), mismo que reparte concesiones, que compra voluntades y votos, que compra residencias y que obliga al Ejército Nacional, a la Secretaría de Marina Armada de México, a combatir el crimen organizado precisamente por la corrupción política, policial y empresarial prevaleciente, seguramente que alguna vez cansará al Ejército y Marina de obedecer estulticias y ponerle un alto al presidencialismo retrogradado y entonces ¿para bien o para peor? pudiera aparecer en el horizonte una arremetida contra el poder político y económico, y efectivamente retrotraernos a poco más de un siglo y reencontrarnos con el militarismo latinoamericano o con el régimen autoritario de don Porfirio. Entonces sí… ¡Que Dios nos salve!

Sobre el autor
Samuel Maldonado Bautista Editorialista en La Voz de Michoacán, Buen Día y Cambio de Michoacán. Diputado Federal (1997-2000); Coordinador de Política Interior de la fracción del PRD en la Cámara de Diputados; Vocal Ejecutivo de la Comisión Ejecutiva para el Desarrollo de la Costa Michocana en el gobierno del Estado (2000); Director General del Conalep, Mich. Gob. de Lazaro Cárdenas Batel.
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