Aquiles Gaitán
Dialéctica social
Martes 25 de Octubre de 2016
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Cuando más profundo se piensa, cuando se observa con más detenimiento, cuando desde el silencio se escucha, se pueden percibir con más claridad los problemas del pueblo michoacano, que no son los mismos que los de Chihuahua, la Ciudad de México, Tabasco, Yucatán o los de los vecinos de Guerrero, Estado de México, Jalisco y Colima; cada quien tiene su pena, cada quien sus alegrías, cada quien sus oportunidades y cada quien su pueblo, pues ya sabemos que un estado, para ser estado, necesita territorio, gobierno y pueblo, y que en principio deben estar en armonía.

Aunque los pobres sigan pobres, siempre habrá oportunidades para todos los que quieran aprovechar los limones que caen del cielo, para hacer limonada,
Aunque los pobres sigan pobres, siempre habrá oportunidades para todos los que quieran aprovechar los limones que caen del cielo, para hacer limonada,
(Foto: Cuartoscuro)

El territorio michoacano, dividido en 113 municipios, está dejado a su suerte en los factores de suelo, aire, biodiversidad y agua; las debilidades y amenazas están muy por encima de las fortalezas y oportunidades, los problemas ambientales son y están a la orden del día. La famosa Carta de la Tierra está en el olvido. La Agenda XXI es un mito genial.

El gobierno trata de frenar el impulso del caballo desbocado cuyo destino fue puesto en manos inexpertas ahí precisamente, donde están los problemas y conflictos; finanzas públicas, diez años en manos de un profesor de la Universidad, quien ni a dar clases iba, dieron como resultado el endeudamiento más alto de la historia de Michoacán , por encima de entidades como el Estado de México, que ya es mucho decir, con una de las calificaciones más bajas en calidad crediticia por las agencias calificadoras, una generación de ingresos propios respecto al ingreso total de un escaso cinco por ciento, lo demás fueron ingresos federales, adicionalmente agregue usted las tasas de interés pactadas, así como las comisiones por gestionar los créditos de deuda pública y de corto plazo que no tuvieron control pues la ley de deuda se convirtió en una ley a la medida. “No tengan miedo en adelantar el futuro”, “para eso está el crédito, ¡úsenlo!”, “estamos para ayudarles”, son palabras dichas por el tesorero del estado ante una asamblea de presidentes municipales, política errónea y oportunista que hoy nos tiene como estamos, es la política del gallo muerto, “ahí les dejo el gallo muerto, acábenlo de pelar”, y la pregunta que está sin una respuesta satisfactoria, ¿en que se lo gastaron?: seguridad pública, en la acción ineficiente y hasta indolente del gobierno federal en la persecución de delitos de orden federal, situación que hoy nos tiene en otra etapa del conflicto inmerso en las aguas turbias del Mando Único, cuya penumbra cubre las ineficiencias; educación, punta de lanza de las reformas estructurales, pero a la vez punta de lanza para obligar a las organizaciones gremiales al orden y a trabajar, ¡he ahí el problema! No fue suficiente la zanahoria para que la acémila jalara el carro y harán falta zanahorias, ¡muchas zanahorias!, para que el carro camine; desarrollo organizacional se sigue con las mismas estructuras, es decir, sigue el mismo infierno, nomás cambiaron de diablos, las mismas costumbres sindicales, las mismas prácticas de amateurismo, ¡carajo! Por algo se llega al poder, sin capacitación a los cuadros directivos esto no funciona, nadie adquiere capacidad por obra y gracia del Espíritu Santo; de la otra vertiente, del lado operativo de la burocracia propiamente dicha, estamos igual como endenantes, no hay capacitación y menos desarrollo, esperan pacientemente 30 años para jubilarse.

Aquí me detengo en este preámbulo que puede ser interminable para preguntarme qué puedo hacer por el pueblo michoacano, ¿puedo hablar con el pueblo y del pueblo?, ¿me corresponde hacerlo? La respuesta es ¡sí!, puedo y debo porque soy parte de los habitantes de este estado, lacerado en sus omoplatos cual paupérrimo pollino, para ejemplificar con elegancia trasnochada esta imagen de lástima que pasa por mi mente, en todos los ranchos, tenencias, pueblos ciudades, la vida sigue, no se para, aunque las balaceras, aunque los malandrines, aunque nadie haga nada, aunque unos se vayan, otros llegan, aunque los pobres sigan pobres, siempre habrá oportunidades para todos los que quieran aprovechar los limones que caen del cielo, para hacer limonada, pero no habrá desarrollo, el hijo del peón será peón, el hijo del campesino será campesino, el hijo del empleado será empleado, el hijo del maestro de oficio será aprendiz y, algún día, maestro del oficio. ¿Y los que van a las escuelas superiores a ser profesionistas? Salen de la escuela con la mente en blanco, volteando hacia el cielo, ¿y ahora qué? Los empleos son para los excelentes, ni siquiera para los mejores, para los que tienen, diría Galileo, un punto de apoyo para mover el mundo, alguien que les abra la primer puerta, ¿y los que no?, quedan a su suerte, se sumen en la inmensa pena de la depresión post-universidad, con la mirada y el pensamiento perdidos, sin saber qué hacer, con la presión familiar o con el hambre a cuestas esperando no una puerta, sino una ventana abierta para arrojarse al vacío.

La mayoría practica la fuga hacia adelante, no regresan a sus comunidades ni sus pueblos, se van a probar suerte a las grandes ciudades, cuando no, para Estados Unidos, o a cualquier parte menos a su tierra por pura vergüenza. Los mejores muchachos se van, no regresan a vivir con sus familias, son muy raros los que lo hacen, son los que tienen un modo honesto de vivir, heredan casa, negocio, rancho, pero su vida profesional se ejerce en muy contadas ocasiones, más de alguno piensa.
¿Por qué iría yo a la universidad? Si me hubiera quedado aquí, igual que todos, ¡sería feliz! Así como andan todos, como parte del paisaje viviendo en la ignorancia, sin concebir el universo, sin saber de ideales revolucionarios, sin saber de las oligarquías y la explotación del hombre por el hombre, sin saber nada, más que trabajar en mi destino, comer, dormir y reproducirme. Pero no fue así, no todo es así y el pueblo michoacano, las familias que lo integran, quieren que sus hijos estén mejor preparados que ellos para enfrentar la vida y esa multitud es la que presiona al Estado, preocupado por ofrecer las respuestas que no llegan, por las inversiones que no llegan, por la solución a los conflictos que no aparece, por la ineficiencia que se desborda. Es un clamor general que este estado de cosas termine, no con silencio y olvido se va a terminar, sino todo lo contrario, de frente y hablando claro, con las ansias del cambio prometido, empezando con aquel juego de palabras de “un nuevo comienzo”, hoy es el futuro de ayer, ya no meditemos tanto en cómo construir el futuro pues el presente se nos va en preocupaciones, abramos la mente y hagamos las cosas, ¡claro¡, con la organización como principio de todas las cosas.

Todos los cambios son para mejorar, eso dice el sentido común; esperemos, así lo deseo, así lo queremos todos que las cosas mejoren en forma creativa, positiva, activa como debe ser la dialéctica del pueblo michoacano ante el dilema de tolerar los conflictos o avanzar por el camino de un desarrollo con justicia, porque la paz está en los panteones y en las misas cuando se dan la mano, los pensamientos revolucionarios son eso, revolucionarios y con su acción se cambia el destino.

PD. Para la Universidad Michoacana, ¡una letanía! Arca de alianza, ¡ruega por ella!; puerta del cielo, ¡ruega por ella!; estrella de la mañana, ¡ruega por ella!; salud de los enfermos, ¡ruega por ella!; refugio de los pecadores, ¡ruega por ella!; etcétera, ¡ruega por ella!

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