Xuchitl Vázquez Pallares
La palabra y el arte, armas indestructibles
Jueves 27 de Octubre de 2016

Queda prohibido no sonreír a los problemas, no luchar por lo que quieres, abandonarlo todo por miedo, no convertir en realidad tus sueños.

Pablo Neruda.

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Gael García y Luis Gnecco durante la inauguración del Festival Internacional de Cine de Morelia.
Gael García y Luis Gnecco durante la inauguración del Festival Internacional de Cine de Morelia.
(Foto: ACG)

El viernes pasado se inauguró el XIV Festival de Cine de Morelia, justamente haciendo honor a Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, mejor conocido como Pablo Neruda.

Hombre de conocimiento, lleno de amor por la vida y la humanidad; era Neruda un revolucionario en toda la extensión de la palabra. Activista político, miembro del Partido Comunista Chileno, luchador por la igualdad, la justicia y la liberación de los pueblos.

Neruda fue perseguido por sus ideales, por su capacidad de tornar en poesía el sufrimiento por la miseria y la injusticia. Su palabra, su voz, sus escritos eran arma mortífera y punzante para el sistema político y económico imperante. Por eso fue perseguido, por eso tuvo que salir de su amado país. Encontró refugio en México, en Morelia, justo era entonces presidente de la República Lázaro Cárdenas del Río.

En Morelia era la época en que la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo abrió sus puertas a mentes brillantes, abiertas, luchadoras por un mundo diferente. Era la época de la Universidad de Primavera, creada por el entonces rector Natalio Vázquez Pallares.

Durante la ceremonia de inauguración, Gael García Bernal pronunció palabras que llegaron al alma. Leyó un poema que escribió Neruda en honor al general Lázaro Cárdenas y al pueblo mexicano, único país que abiertamente ayudó a la España republicana. Llamado “México, México”, leído el 18 de julio de 1938 en el Teatro Caupolicán, de Santiago de Chile:

Qué orgullo te tenemos, México hermano, águila verde
desde arriba del mapa como laurel de hierro
dejas caer una hoja que recorre
todo el desamparado corazón de Sudamérica
como un lingote rápido de orgullo
y de tu sol central, como de una granada
salen olas de luz para nuestras banderas
México, yo me acuerdo de ti cuando en Madrid volvían
mis compañeros combatientes
de vuelta de la sangre.

Me traían no una flor trinchera,
me traían no un pájaro recién asesinado,
sino un puñado de capsulas de bronce
detrás de las que pude descifrar con orgullo
la siguiente leyenda “México 1936”.

Ellos los combatientes, trajeron hasta mí tu flor de fuego,
trajeron hasta mí tu plumaje de pólvora,
para decirme México nos ayuda,
no estamos solos, hermano.

Y entonces no me sentí hijo de una patria traicionada,
no me sentí habitante de un mundo que acorralaba España,
me sentí hijo de América, y una gota
de tu valiente sangre México, salió a cantar al mundo…

Pero ya lo sabemos, ya lo sabemos,
es una canción de esperanza de todos los americanos,
es una canción de fuego que baja de tus volcanes…
Porque México quiere decir esperanza y futuro; México quiere decir Alegría.

“México quiere decir esperanza y futuro, México quiere decir alegría”. Gael hizo pausa y con voz entrecortada comentó: “¡Qué difícil decir México en estos momentos, decir ‘México, quiere decir alegría’. Es como si comiéramos un poco de vidrio molido también al decirlo. La magnitud de tantas muertes, de tanto miedo, de tanta desigualdad, de tanta impunidad, de tanta destrucción, de tantos bosques, de tanta naturaleza, de tanta desolación, por tanta incompetencia de tantos gobernantes, es difícil decir que México quiere decir alegría, pero es lo que queremos decir, es lo que debemos querer decir, y he aquí una vez más, el poeta para poder explicar algo, como sólo los poetas pueden hacerlo". Y dio Gael una vez más lectura a lo que Neruda dijo:

Yo aquí me despido, vuelvo a mi casa,
en mis sueños, vuelvo a la Patagonia en donde
el viento golpea los establos
y salpica hielo el Océano.

Soy nada más que un poeta: os amo a todos,
ando errante por el mundo que amo:
en mi patria encarcelan mineros
y los soldados mandan a los jueces.

Pero yo amo hasta las raíces de mi pequeño país frío.
Si tuviera que morir mil veces
allí quiero morir:
si tuviera que nacer mil veces,
allí quiero nacer,
cerca de la araucaria salvaje, del vendaval del viento sur,
de las campanas recién compradas.
Que nadie piense en mí.

Pensemos en toda la tierra,
golpeando con amor en la mesa.

No quiero que vuelva la sangre a empapar el pan, los frijoles, la música:
quiero que venga conmigo el minero, la niña,
el abogado, el marinero,
el fabricante de muñecas,
que entremos al cine y salgamos a beber el vino más rojo.
Yo no vengo a resolver nada,
yo vine aquí para cantar
y para que cantes conmigo.

Ver la película Neruda fue recordarnos que ser comunistas no es ser malo; es ser gente que piensa y actúa por el bien de los demás. Nos recordó también a los que ya no están y lucharon tanto. Nos recordó que no importa el que nos crean locos, el que nos vean mal por decir la verdad. Lo importante es hacer lo que se tiene que hacer; cambiar este mundo. Que la justicia y la igualdad sean una realidad.
El sábado por la noche vimos en la Plaza Juárez, entre repique de campanas y personas paseantes felices de poder ver cine, la película La voz de un sueño, la cual fue inspirada por el tesón que ha tenido Rocío Vega por lograr su sueño, de lograr con su voz llevar esperanza, conocimiento y valoración de nuestra historia e identidad. De cambiar cantando este mundo.
Para terminar cito una poesía también del genial Pablo Neruda:

Muere lentamente quien se transforma en esclavo de los hábitos.
Quien no arriesga,
quien evita una pasión,
quien no arriesga lo cierto por lo incierto,
quien abandona antes de empezar,
quien se queja de su mala suerte,
quien no viaja, ni lee, quien no sueña,
quien no confía, quien no lo intenta,
quien no ama, es lo contrario de estar vivo.

El cine, la literatura, las canciones, la poesía, son arma indestructible. Podrán encañonarnos, podrán encarcelarnos, pero no podrán acallar nuestra alma que canta y vuela alto.

vazquezpallares@gmail.com

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