Aquiles Gaitán
El cambio de Michoacán
Martes 15 de Noviembre de 2016
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Escuché a un muchacho, un joven se dijo, hablar sobre la pretensión de cambiar el mundo como una misión de los jóvenes. Todos, cuando jóvenes, queremos cambiar el mundo, nuestro mundo, nuestra circunstancia, nuestro entorno, la organización social, el Estado mismo; el tiempo pasa inexorable, implacable, puntual y el mundo cambia, pero no como nosotros quisiéramos que fuera, cambia como el quiere, cambia por las circunstancias y los artificios, se destruye y se crea pero a la vez “nada se destruye, nada se crea, todo se transforma”, el internet, el WhatsApp, el celular y sus auroras boreales que hacen olvidar hasta la conquista del espacio, coches veloces, aviones imponentes, barcos gigantescos, es cierto, cambia el mundo, pero para cambiar lo nuestro, se requiere entender al mundo, hablar con él, escucharlo, observarlo, agarrar una piedra y un palo y desde ahí comenzar la aventura, nuestra aventura, que es la aventura de la humanidad que observa por la rendija de la noche el infinito. Desde la ignorancia, sin medios y sin dinero, no podemos cambiar sobre lo que ha cambiado, lo que no ha cambiado.


Desde la ignorancia, sin miedos y sin dinero, no podemos cambiar sobre lo que ha cambiado, lo que no ha cambiado.
Desde la ignorancia, sin miedos y sin dinero, no podemos cambiar sobre lo que ha cambiado, lo que no ha cambiado.
(Foto: Cuartoscuro)

La juventud se va tratando de atrapar los sueños, recordando los sueños, pero no puedes volar sin alas ni dialogar con el mundo si no tienes nada que decir, el diálogo con el mundo comienza con el diálogo con uno mismo, con las capacidades y habilidades de cada quien hasta que comenzamos a imaginar los finales del cuento de la vida, los finales y salidas alternativas del intento de cambiar el mundo, pero, ¡ánimo muchacho!, el mundo los espera con los brazos abiertos, o las fauces, según el cristal con que se mire en su camino a la inmortalidad.

Los polos se derriten, el aire se contamina, el agua se ensucia, el suelo se transforma, desaparecen especies silvestres, estamos cambiando el mundo, sin duda, pero para mal, ¿Cómo hacerlo para que sea para bien? Ahí muchacho, piensa y actúa, hasta el silencio dice lo que no dice, cuando todos callamos en la tragedia.

Ya casi nadie trae huaraches en la tierra fría, tienen tele y celular, pero los pobres siguen siendo pobres, ¿Por qué siguen siendo pobres?; pues así es, por acá, de este lado, siempre ha habido pobres, ¿pobres en comparación de qué? Todos queremos casa, vestido y sustento, los católicos invocan diariamente a la divina providencia para que los socorra con eso y no llega como ellos quieren, o no llega simplemente ¿y qué hacen para que llegue? El joven sicario invoca a la muerte cada día para cambiar su mundo, para ser socorrido, no por la Divina Providencia, éste le reza a la Santa Muerte o a Malverde, pero todos buscan lo mismo, cambiar su mundo. Hablé de sueños pero hay que hablar también de ideales para cambiar el mundo.

Para cambiar el mundo debemos vivir siempre en un intenso presente, nunca pensar en construir el futuro o recordar el pasado cada día, es el hoy y aquí, sin dejarse atrapar por la holganza, ni la gula, ni la lujuria, ni la envidia, ni la deshonestidad; vivir en armonía con nosotros y nuestro entorno, eso implica cambiar el mundo, nuestro mundo; cumplir la ley, eso implica cambiar el mundo, cambiar la ley una y otra vez, no la hace mas ley, es borrar las huellas de la ley, para que no regrese a sus orígenes. Cuando se busca el cambio y no se encuentra, o no se hace, porque no se quiere o no se puede o no hace falta, o se quiere pero no se halla como, comienza la huida, es la huida del hombre que huye de su propia sombra, hasta que finalmente la sombra lo atrapa y cierra su mente para siempre.

Pensar en el cambio siempre reconforta, es imaginar, es recrear, son figuraciones, que al momento de pensarlas, como el día y la noche, son luz y oscuridad, en un ciclo interminable, no hay resignación, el cambio es una búsqueda constante del hombre y las sociedades humanas; el mundo contiene al cambio, cambiar el mundo implica negar el universo, el mundo juega con los hombres el juego perverso de la vida que cada quien construye o destruye a su manera, las semejanzas y diferencias nos acercan y alejan, ¿de qué nos sirve cantar con orgullo y pasión “mexicanos al grito de guerra, el acero aprestad y el bridón y retiemble en sus centros la tierra al sonoro rugir del cañón”?

Los caminos del cambio nos conducen en dos sentidos, el que va y el que viene, ambos nos llevan a nosotros mismos, a partir de ahí podemos pensar en los demás, en la organización social, en la organización productiva, en la organización política, en la organización organizacional de una empresa, en la organización del estado, en la organización del municipio, en la función social de las Fuerzas Armadas, de la Bandera y la patria, de los simples gendarmes, “tecolotes”, jenízaros o policías municipales, como usted quiera llamarles que hoy son la “carne de cañón” de la seguridad pública. El cambio se ha vuelto un concepto abstracto, semántico, difuso, metáfora política, un juego de espejos que se convierte finalmente en espejismo.

Buscamos el cambio buscando el desarrollo. Creímos que esa es la solución a los problemas de Michoacán. Si hay empleo no hay problemas, pero la utopía del pleno empleo, es decir, empleo para todos, no existe más que en los libros de texto.

Nadie invierte en un estado que no tenga estabilidad jurídica, política, judicial, es decir, un Estado de Derecho justo, firme y respetable. ¿Desde cuándo estamos diciendo que estamos en crisis? Tal parece que hemos hecho de la crisis la normalidad, nos hemos acostumbrado a vivir en medio de las dificultades y tensiones en busca de un modelo de sociedad ideal, no por eso no vamos a combatir lo que nos hace daño, pero tal parece que no se puede vivir en paz, cuando no es Juana, es Juan, y cuando no, es Juanito, pero nuestras generaciones no han podido ver la suya; huimos de un lado para salvar vida y patrimonio y en todos lados es lo mismo, se tiene la zozobra de lo inseguro, ¿cuál es la solución para vivir en paz? Hacerse de una escopeta, una pistola y vender cara la vida, es una opción que todos tenemos por derecho propio, no digo Barret, ni cuerno de chivo, ni R-15 automático, ni nada por el estilo que son armas exclusivas de las fuerzas del Ejército, una simple escopeta y una pistola de bajo calibre, pero para todos, de tal manera que los bandidos y los hampones la piensen antes de dar el zarpazo, pero no, las almas puras elevan el alarido pidiendo paz y perdón por sus pecados, pero no hacen anda, quieren que la paz llegue por un favor divino; nada mas lejano que eso, mientras la sociedad no se organice, ante las ineficiencias manifiestas del estado en sus tres niveles todo seguirá como hasta ahora. “¿y la Cheyenne apá?” ¿Y el cambio apá? ¡Todo esto es tuyo muchacho!, ¿por dónde comenzamos?

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