Alejandro Vázquez Cárdenas
Democracia y elecciones en Estados Unidos
Miércoles 16 de Noviembre de 2016
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En relación con la democracia, el muy inteligente y un tanto cuanto cínico sir Winston Churchill afirmaba: “La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre, con excepción de todos los demás”, dándonos a entender que en lo relacionado con sistemas de elección y gobierno, la democracia era el menos malo de los sistemas existentes, comparándolo con el fascismo, comunismo, monarquías, dictaduras, teocracias etcétera, y ciertamente el tiempo le ha dado la razón.

Ciudadanos de Laredo Texas, emitieron su voto por la presidencia de Estados Unidos entre Hillary Clinton y Donald Trump
Ciudadanos de Laredo Texas, emitieron su voto por la presidencia de Estados Unidos entre Hillary Clinton y Donald Trump
(Foto: Cuartoscuro)

El concepto “democracia” proviene del griego antiguo y se forma al combinar los vocablos demos (que se traduce como “pueblo”) y kratós (que puede entenderse como “poder”). Esta noción comenzó a ser empleada en Atenas, en el siglo V antes de Cristo.

Existen varios tipos de democracias. Cuando las decisiones son adoptadas en forma directa por el pueblo, se habla de democracia directa o pura; una democracia indirecta o representativa hace referencia al sistema donde las decisiones son tomadas por aquellas personas a los que el pueblo reconoce como sus representantes legítimos, los cuales son elegidos a través de un sufragio por todos los ciudadanos.
La forma más común en la que se ejerce la democracia hoy en día es en sistemas representativos, los cuales pueden ser presidencialistas (México y estados Unidos, entre otros), donde es el presidente quien tiene el mayor poder, y parlamentarios (por ejemplo Inglaterra), donde un grupo de personas forma el Parlamento en torno al cual giran las acciones de gobierno. Existe un presidente o primer ministro pero tiene poderes restringidos.

En el caso concreto de Estados Unidos, estamos ante una democracia vieja, consolidada, que por lo general hace bastante confiables sus elecciones. Pero existe una característica que tiene el rechazo de prácticamente todas las otras democracias del mundo. En el caso concreto de la elección para presidente de Estados Unidos, no gana quien tiene más votos, que es lo normal en el resto de los países democráticos, sino quien acumula más “votos electorales”. La causa reside en el hecho de que la elección presidencial en Estados Unidos es una votación indirecta.

En Estados Unidos los ciudadanos, con su voto, lo que escogen es el llamado Colegio Electoral, un organismo conformado por 538 electores procedentes de todos los estados y de la capital, Washington DC, y gana quien tiene la mayoría de votos electorales, concretamente 270 o más.

De las 45 elecciones presidenciales en cinco oportunidades ha sido elegido presidente el candidato con menos votos, la última que recordamos con facilidad es la de Al Gore contra George Bush.

Este 8 de noviembre Trump obtuvo menos votos ciudadanos que Hillary Clinton, pero más votos electorales, 279. La candidata Hillary Clinton superó a Trump en cantidad de votos populares pero sólo obtuvo 228 votos electorales… y perdió. Este sistema es una verdadera reliquia del siglo XVIII, que actualmente a nadie convence pues resulta que para ganar las elecciones en Estados Unidos se debe ganar en muchos estados aunque sea por un solo voto de ventaja y no nada más ganar en unos cuantos estados por una abrumadora ventaja de millones de votos. Aquí cuentan las entidades, no las personas.

Ahora bien. Veamos el otro punto. ¿Qué tan confiable es cada voto? Resulta que en un sistema democrático como el de Estados Unidos vale lo mismo el voto de un Premio Nobel de Harvard o Yale que el de un inculto redneck de Alabama que se regodea en su estulticia; vale lo mismo el voto de un intelectual de Massachusetts que el de un paleto de Tennessee, a la mitad del “cinturón bíblico”; vale lo mismo el de un genio de la computación que el de un adicto al crack con el cerebro ya hecho cenizas. Pero los votos no se juzgan, se cuentan.

Tuerto o derecho, el asunto es que Trump ganó y eso sí que es una mala noticia.

Sobre el autor
"Medico, Especialidad en Cirugia General, aficionado a la lectura y apartidista. Crítico de la incompetencia, la demagogia y el populismo".
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