Aquiles Gaitán
El rapazuelo triste
Martes 22 de Noviembre de 2016
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Tal parece que no nos damos cuenta de que vivimos en un mundo real, en el que todo ocurre. Vivimos y para vivir debemos estar vivos, no tenemos nada más preciado que la vida. Pero no la cuidamos como es debido cuidar el bien preciado, atentamos contra ella cotidianamente cuando comemos, cuando bebemos, cuando nos divertimos, cuando nos hacemos sedentarios, cuando vamos presa de la velocidad accionando un motor desenfrenado, pero no sólo eso, también estamos expuestos a los peligros del hampa, de sus perseguidores y de sus socios, o a la acción de los elementos, el aire, el agua, el fuego, el rayo y la centella, la electricidad, el vacío, estamos expuestos además a la venganza y la envidia. ¿Cómo podemos vivir?, ¡cómo! De la mejor manera posible en busca de las ilusiones de la felicidad, la riqueza y la salud y la larga vida. ¿La felicidad conlleva el amor? A veces, solamente a veces.

Promulgación del Plan de San Luis (ESPECIAL)
Promulgación del Plan de San Luis (ESPECIAL)
(Foto: Especial)

La sociedad moderna busca la artificialidad de la felicidad y reproduce estados anímicos a través del alcohol y las drogas que conducen a los usuarios a los paraísos de una realidad distorsionada por mentes alteradas, que buscan una y otra vez estar ahí, hasta que ya no pueden salir de su propia trampa y el paraíso se convierte en infierno. Pero la vida es más que todo eso, individualmente por una parte y por otra, la organización de la convivencia entre todos, es decir, la organización social y la dominación de las minorías sobre las mayorías que la historia de la humanidad registra desde siempre.

Atrás quedaron los inventores del hierro y de la rueda, del hilo negro y el agua tibia, del motor y la tela, del cuero curtido y el plástico, de los inventos tecnológicos. Hoy queremos vivir sin amargura, sin ansiedad, en espera de que se alejen los corruptos, los ignorantes y los ineficientes de las representaciones, en espera de que haya coherencia, en espera de que la buena fe prevalezca sobre el odio, de que las minorías nos permitan ser felices.

Una de esas minorías manipuladoras del poder pretendía perpetuarse en el gobierno de México a principios del siglo XX, el diagnóstico era claro, estos seguidores del liberalismo con sus propias reformas estructurales impulsaban al país hacia la modernidad, las inversiones extranjeras marcaban el ritmo del progreso, el apalancamiento de la deuda publica era su motor, la burguesía rural organizada en el régimen de las haciendas tenía en su manos la producción agrícola y ganadera sobre la base del esclavismo y la explotación de peones encasillados, con familias miserables, ignorantes, viviendo en la insalubridad y con el derecho de pernada, según ellos, para mejorar la especie. Igualmente los obreros en fábricas de telas y minas estaban bajo los métodos que dictaba en Europa la industria con jornadas de doce horas o más; el ejército de entonces, aunque con oficiales del Colegio Militar, estaba al servicio del gobierno que privilegiaba los grupos civiles armados llamados guardias rurales a las órdenes de hacendados y empresarios, basta recordar los acontecimientos de Río Blanco, Veracruz, y Cananea, Sonora, para ejemplificar la situación prevaleciente.

Hace 106 años, el 20 de noviembre de 1910, se fijó como fecha en el Plan de San Luis para iniciar el levantamiento armado en contra de Porfirio Díaz. Desde San Antonio, Texas, Francisco I. Madero y sus seguidores prepararon la rebelión enviando armas y municiones a sus conjurados. Aquiles Serdán, su hermano Máximo, su familia y correligionarios fueron masacrados en puebla en el barrio de Santa Clara, después de dar la pelea hasta perder la vida. El 20 de noviembre en Chihuahua, Abraham González, en la capital, junto con Pascual Orozco en San Isidro, José de la Luz Blanco en Santo Tomas, Guillermo Vaca en Parral y Francisco Villa en San Andrés, estuvieron puntuales en la cita, igual que José Agustín Castro en Gómez Palacio, Durango; Cesario Castro en Cuatro Ciénegas, Coahuila, levantaron la bandera revolucionaria contra Porfirio Díaz.

Destaco la fecha del 20 de noviembre porque es el día que en el Plan de San Luis se fijó como el inicio de la Revolución, los siguientes meses fueron de pronunciamientos y enfrentamientos en Chihuahua, Durango, Sonora, Hidalgo, Michoacán con el emblemático pronunciamiento de Salvador Escalante, con gente de Santa Clara y Ario, en Uruapan, Marcos Méndez; en Guerrero y Morelos levantó la bandera Emiliano Zapata. Con la toma de Ciudad Juárez por los revolucionarios, el 10 de abril de 1911, ya con el movimiento propagado por el país, el gobierno de Porfirio Díaz negoció la salida de éste, la de todos los gobernadores y comisionados, entonces llamados prefectos, y mientras se preparaban las elecciones, asumía la Presidencia de la República Francisco León de la Barra. Las elecciones fueron el 6 de noviembre con dos candidatos, el propio León de la Barra por el Partido Católico Nacional y Francisco I. Madero por el Antireeleccionista, ganó madero y alentó la esperanza de un cambio, pero ya la mecha estaba prendida.

El 28 de noviembre de 1911, Emiliano Zapata encabeza el llamado Plan de Ayala, junto con Otilio Montaño y Jesús Salgado, en contra de Madero, en marzo de 1912, se levantaron igualmente Pascual Orozco y José Vázquez Gómez, en Chihuahua, rebelión sofocada brutalmente por Victoriano Huerta, por parte de Madero; en octubre en Veracruz, Félix Díaz, sobrino del dictador, intento una sublevación, sofocada también por Victoriano Huerta, quien con estas acciones tuvo la confianza plena de Madero. Poco le duró el gusto, el hombre de su confianza, Victoriano Huerta, y parte del ejército porfirista, con sus secuaces adictos al dictador, Félix Díaz, Mondragón y Bernardo Reyes, usurpan el poder en la llamada Decena Trágica y asesinan a Madero y al vicepresidente José María Pino Suarez, en las paredes exteriores de la tristemente célebre Cárcel de Lecumberri, ahí un sicario llamado Francisco Cárdenas dio personalmente dos balazos en la cabeza a Madero, a Pino Suarez, trece de Máuser al intentar huir.

El desarrollo de la Revolución es una lucha de fuerzas armadas revolucionarias dirigidas por las minorías pensantes y actuantes, destaca Venustiano Carranza, gobernador de Coahuila; el gobernador de Sonora, Maytorena, que hace lo mismo con sus seguidores; Francisco Villa y Emiliano Zapata, quienes finalmente quedaron como fuerzas dominantes, Carranza se consolidada y con él los sonorenses Calles y Obregón. La Revolución se organiza en gobierno, sólo Villa y Zapata quedan hasta el final.
Triunfó Carranza, el constitucionalismo, nace la Constitución de 1917, el Partido Nacional Revolucionario y lo demás lo sabemos y hemos vivido hasta nuestros días.

Quedan registrados los nombres del embajador de Estados Unidos, Henry Lane Wilson; el del arzobispo de México, Pelagio Antonio de la Bastida y Dávalos, y el del secretario de Hacienda porfirista, José Yves Limantour, en el basurero de la historia junto con todos los traidores y asesinos porfiristas.

¿Y de Revolución cómo andamos? Me pregunto ahora, el 20 de noviembre, se celebra como si fuera un día de fiesta para el Ejército Mexicano, los neoporfiristas con las reformas estructurales, la educación laica no es para todos, nada más para las escuelas de gobierno, las comunicaciones, los trenes, las grandes industrias, la automotriz, la siderúrgica, la alimentaria, en manos extranjeras y del otro lado, la pobreza galopante y de la delincuencia sin control, el lema revolucionario de “sufragio efectivo, no reelección” está en entredicho. Becas, 60 y Más, leche, sanidad popular, dádivas y más dadivas o revolución por hambre, ¿y cómo será esa? Esa es la del rapazuelo triste, salida de los versos de Ocaranza, “yo vi una vez un rapazuelo triste pedir limosna en el jardín de un rico, y yo le dije al rapazuelo triste rómpele la madre al rico y quítale lo que antes le pediste…”.

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