Gerardo A. Herrera Pérez
Debatamos Michoacán
Identidad de vaquero
Miércoles 23 de Noviembre de 2016
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Revisar las propuestas de Bryan Turner y David Le Breton para analizar la construcción de identidad del vaquero, plantea al cuerpo y a sus accesorios en el proceso de simbolización de “lo vaquero”.

Bryan Turner, profesor y sociólogo
Bryan Turner, profesor y sociólogo
(Foto: Especial)

Considero que la liberación de la sexualidad desde los años 60 del siglo XX ha traído actos de resistencia en contra de las instituciones que no permiten el ejercicio de la sexualidad más allá de la reproducción (es decir, se atenta contra la moral sexual cuando el uso del cuerpo en el ejercicio de la sexualidad es para el goce y disfrute y no la reproducción) y, avanzado el siglo XX, en contra de las instituciones que construyen modelos de normalidad y naturalidad versus lo anormal y antinatural con lo que se estigmatiza y prejuzga a los cuerpos que no utilizan el “sexismo”, esto es, lo heterosexuales del sistema de género. Así, los cuerpos de disidentes sexuales son cuestionados.

Los gay han construido, a partir de la segunda mitad del siglo XX, un cuerpo que cuestiona y rechaza el vínculo caricaturesco entre homosexualidad y feminidad, es decir, un cuerpo que no estuviese acorde al espacio socialmente destinado para la homosexualidad, la loca, la jota, el mariquita y un largo etcétera.

Hoy muchos varones gay estadounidenses, europeos primero, pero ahora más en América Latina y, claro, México, construyen sus cuerpos híper masculinos afirmando un sentido “masculinista” y rechazando ser proyectos femeninos o malas copias femeninas que han sido devastadas por los mecanismos de opresión (desde la invisibilidad, estigma, violencia, discriminación y crimen de odio por homofobia).

A partir de los 80 del siglo XX, con la aparición del VIH y la incidencia entre hombres gay, se acentuó entre estos últimos la necesidad del cuidado físico y, probablemente, se buscó construir una imagen corporal saludable donde no existiese duda alguna de no ser portadores del VIH.

En los 90, el modelo corporal híper masculino ya se había combinado con la propuesta de cuidado corporal excesivo y con un nuevo modelo corporal andrógino propuesto por la industria de la moda. El resultado ahora es el modelo corporal gay contemporáneo que tiene las siguientes características:

Cuerpo de joven, esbelto o ligeramente musculoso, lampiño o con pocos vellos, blancos, vestidos a la industria de la moda: cuerpos con ideologías clasistas y misóginas; las identidades sexuales no permiten la presencia de mujeres en sus eventos.

Tener un cuerpo a la moda requiere dinero y tiempo. Además, el cuerpo gay contemporáneo va acompañado, y responde, a un estilo de vida ligado al consumo, al hedonismo, al glamour y a la acumulación de bienes materiales, ¿qué tienes, cuánto vales?, desde la ropa de marca, las botas, los accesorios, bolsas, etcétera.

La creación de un modelo estético corporal y de un estilo de vida trae consigo exclusiones, prueba de ello es la aparición de sujetos y grupos como los vaqueros, los lobos, los osos, que cuestionan y rechazan perpetuar el modelo corporal gay; con su comportamiento y actitud complejizan la realidad social, “la realidad gay”, y crean nuevas identidad sexuales, identidades de vaqueros, de osos, de lobos y otras más pero menos visibles.

Este modelo en torno a un ideal estético del cuerpo del gay no es exclusivo de los gay, considero que esta situación afecta a muchísimas personas más allá de su orientación sexual, y es que considero que hay una exigencia que se construye en el cuerpo y que es el erotismo corporal.

En este contexto, la identidad de vaquero se construye a partir de procesos de interacción y comunicación entre varones gay vaqueros con otros varones gay vaqueros, o cuerpos de hombres que gustan del campo y el manejo de animales y, desde luego, de hombres que pueden ser sus pares y, en general, con otros sujetos que van construyendo su identidad a partir de su orientación sexual y que gustan de la imagen de un vaquero.

Los vaqueros jerarquizan y codifican al cuerpo y a la conducta como los principales rasgos culturales en la delimitación de fronteras simbólicas en su interacción.

Se plantean con un cuerpo en su mayoría esbelto (no obstante hay cuerpos obesos) y en la generalidad con vello fácil, el uso de botas, pantalones de mezclilla, sombreros de diferentes tipos y para cada ocasión, con camisas ceñidas al cuerpo en telas de distintos colores y a cuadros, con bordados y en muchas ocasiones muchos brillos, muchos. Su conducta se vincula a lo socialmente “masculino”, así como por una defensa de la libre expresión de los afectos entre hombres.

Me parece que la identidad de vaquero no rechaza totalmente el modelo corporal gay promovido por las industrias de la moda y el consumo, muchas de sus prendas utilizan brillos como ya lo señalé (botas, camisas), toques dorados y otros elementos distintivos de la moda. Por otro lado, conozco identidades de vaqueros cuyo atuendo y construcción de cuerpo es perfecto como vaquero, pero que su comportamiento es femenino, aunque debo aclarar que son los menos.

Muchas de las identidades de vaquero trabajan en construir un cuerpo delgado y musculoso, acompañado de prendas que hacen armonía, entre la mezclilla, la camisa de cuadros, las botas, el cinturón piteado y el sombrero, así como otros elementos de baqueta, su comportamiento corporal también es importante y entre sus actividades está el reconocer la belleza de hombres masculinizados en los cuerpos de un vaquero.

La identidad de vaquero construye en el marco del modelo hegemónico del consumismo, esto es, al modelo corporal que vende lo masculino y que son características de las sociedades contemporáneas que demanda. Así, las identidades de vaquero construyen sobre la masculinidad pero aman a sus pares.

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