Natalia Reza
Piensos del cuerpo que danza
La historia de los dos lobos
Viernes 25 de Noviembre de 2016
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Bailar es un viaje que nos dejará un aprendizaje profundo y significativo y no lo haremos solos.
Bailar es un viaje que nos dejará un aprendizaje profundo y significativo y no lo haremos solos.
(Foto: Cuartoscuro)

¿Han leido la historia de los dos lobos? Yo hace un par de semanas la encontré dando la vuelta en Facebook, dicen que es una leyenda cherokee: un abuelo le cuenta a su nieto que dos lobos pelean dentro de él, uno es vengativo y violento, el otro, compasivo y amoroso; el nieto pregunta quién ganará y el abuelo le responde que ganará aquel que él alimente. Parece lógico, ¿no?, pero, ¿cómo se hace eso?, ¿cómo alimentamos al lobo compasivo y amoroso?, ¿cómo nos volvemos empáticos y solidarios? Yo creo que una opción es bailar, no como una opción para evadirnos e ignorar al lobo vengativo y violento, sino como una posibilidad de reflexión, de escucha, conectarnos holísticamente, atender a la sabiduría del cuerpo.

El cuerpo humano es un milagro, somos casi una improbabilidad en la linea de tiempo del Universo y sin embargo aquí estamos, los aproximadamente siete mil 229 millones 917 mil 048 personas que habitamos el planeta Tierra formados de la misma materia que vio crear a Leonardo Da Vinci La Mona Lisa, inclusive la misma densidad molecular que vio extinguirse a los dinosaurios, seres humanos con características similares y con particularidades infinitas. Organizamos expediciones al monte más alto y peligroso del mundo pero nos damos largas cuando se trata de adentrarnos en nosotros mismos para hablar de cómo nos sentimos y de lo que nos hacen pensar ciertas situaciones.

No es casualidad que la oceanógrafa y especialista en microbiología marina Josefina Castellví opine que sabemos mas del espacio que de los océanos, porque como seres humanos tenemos esta tendencia a ver mas hacia afuera que hacia adentro, y es tal vez una cuestión anatómica de sobrevivencia, nuestros ojos apuntan hacia afuera y hacia adelante. Entonces mirar hacia dentro, observar con calma y detenimiento, con amor y sin juzgar resulta toda una odisea.

Y bailar es un viaje que nos dejará un aprendizaje profundo y significativo y no lo haremos solos; para comprender la metáfora, la moraleja, necesitamos del otro. Para vernos en sus ojos, para leernos a través de sus manos, para confrontarnos con aquello que de nosotros mismos nos lastima. Para recordar que todos somos esencialmente iguales y que ahora, antes o después, podríamos estar en la situación que el otro se encuentra hoy, y que afortunadamente tenemos la capacidad de sintonizarnos con su estado y dar cuidado desde sus necesidades, sin dejar de atender conscientemente las nuestras, porque a medida que el otro vaya sanando lo haremos nosotros también y funciona igual de regreso.

Yo hoy te escribo a ti, que amablemente me lees, porque te quiero invitar a bailar; baila con todo lo que eres, con lo que fuiste, con tus miedos y tus alegrías; baila con ropa o sin ropa, baila lento, baila rápido, baila como tu quieras, no hay bueno ni malo, sólo baila con verdad, ama tus movimientos, disfruta de la sabiduría ancestral que corre por tus venas, ama, goza, alimenta al lobo compasivo y amoroso y mas lobos vendrán a bailar contigo.