Julio Santoyo Guerrero
La política del neoproteccionismo
Lunes 28 de Noviembre de 2016
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La globalización del mercado está atravesando por un mal momento. La inconformidad de grupos de empresarios que se vieron rebasados por un diseño económico que los fue dejando de lado y el agravio de clases medias que en lugar de consolidar su posición o ampliar sus perspectivas perdieron su estatus y el enojo de segmentos sociales, de diversa procedencia, que no encuentran en su clase política más que evidencias de ineficiencia y muy pocas alternativas para superar las contradicciones económicas que les ha generado un modelo de globalización económica que ha estado lejísimos de la distribución y sí muy comprometido con la concentración, constituyen los hechos que alientan la emergencia del neoproteccionismo que avanza con rapidez arrasadora por el mundo.

« La globalización del mercado está atravesando por un mal momento»
« La globalización del mercado está atravesando por un mal momento»
(Foto: Cuartoscuro)

En su caminar, el neoproteccionismo se ha encontrado con los nacionalismos a ultranza y los populismos burdos que le han dado argumentos políticos para estructurar un discurso patriotero y justificar la urgencia del aislamiento; se ha encontrado con la xenofobia y el racismo, que le han dado el bagaje emocional que necesita para encender el motor del odio para señalar y perseguir a “los causantes de su tragedia”, y ha encontrado líderes superficiales y antisistémicos que han sabido entender los miedos, frustraciones y corajes de una población indignada que puede preferir la obscenidad política antes que respaldar a los políticos tradicionales.

La crisis del modelo de globalidad económica que estamos viendo viene acompañada de la crisis de viabilidad de las clases políticas tradicionales y del desprestigio de las democracias que no han podido mejorar las condiciones de vida de sus ciudadanos. La globalización en la perspectiva del neoliberalismo se había asumido como el medio para abrir una era en que la humanidad arribaría a una mejor distribución de la riqueza y al acceso de satisfactores que, generados en todas las latitudes, podrían estar disponibles para las sociedades. Sin embargo, esta predicción falló, en su lugar estamos viendo la concentración despiadada de la riqueza a manos de las grandes empresas que lograron dominar el libre mercado que les otorgó el libre comercio regional, pero ello no ha significado necesariamente la creación masiva de empleos ni la mejora de los ingresos de sectores que hoy se sienten desplazados.

El neoproteccionismo es la reacción primaria que hoy las ultraderechas del mundo han antepuesto a las limitaciones de los mercados globales y a las clases políticas tradicionales, primero, para hacerse del poder con el apoyo popular dentro de la normalidad de la democracia moderna, y segundo, para ensayar acciones económicas que privilegien a ciertos capitales “nacionales” que creen son la salvación de las economías nacionales.

El ensayo seguramente terminará muy mal. Económicamente, porque el aislamiento dañará a las economías aisladas y protegidas que no dispondrán ya de los mercados globales para realizar sus mercancías y frenarán el crecimiento de sus economías. Políticamente, porque el discurso que lo pretende justificar sustentado en el odio podrá desencadenar en cualquier momento la violencia civil en las naciones y entre las naciones. Un modelo proteccionista como el que se pretende ensayar necesita además de una fuertísima dosis de autoritarismo para que pueda caminar, autoritarismo hacia adentro para someter a los capitales “nacionales” y hacia afuera para controlar e imponer condiciones draconianas a los mercados externos y seguir asegurando las ganancias de los capitales.

No hay hasta ahora un discurso económico y político del neoproteccionismo que tenga la coherencia y claridad para que se constituya en la nueva doctrina para superar la crisis que vive la globalidad económica, eso es evidente. Sus opciones no darán los resultados que esperan los que han votado por ellos, más bien van a pronunciar la crisis. El gran problema es que ni el liberalismo ni las izquierdas han construido un discurso alternativo, y peor aún, su desprestigio es tal que los electores hace tiempo que perdieron la confianza en ellos. Así que el mundo parece que seguirá en los meses siguientes la ruta que está abriendo la derecha, a la vuelta de los meses en Francia e incluso en Alemania.

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
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