Rafael Mendoza Castillo
La lucha entre lo reiterativo y lo disruptivo
Lunes 28 de Noviembre de 2016
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Inicio estas reflexiones con el pensamiento crítico de Enrique Dussel : “El sujeto liberador es el meshiakh ( messias ) en hebreo; es el actor que, arriesgando su vida, comienza a construir a partir de los oprimidos el orden nuevo”. Así, encontramos en la historia a Hidalgo, Morelos, Fidel Castro, Che Guevara, Bolívar, etecétera.

El sistema social de la conformidad actual, de continuar sosteniendo la desigualdad en la mayoría de la población, además de la marginación y la exclusión, ahondará la crisis financiera, social y moral en el país. El modelo de economía neoliberal tiene gran capacidad para concentrar la riqueza en pocas familias y distribuir la extrema pobreza en millones de familias. Este tipo de existencia es orientada por conductores (prohíben y permiten) que alienan el imaginario de los ciudadanos con la finalidad de alejar a aquellos de actitudes o posiciones de rebeldía, de entusiasmo y de asombro, frente a la realidad social. De esa manera el sujeto se coloca en lo mismo, lo familiar, en la aceptación de lo que establece el orden constituido.

El comportamiento de la clase política que, vía el fraude, ha venido accediendo al poder, siempre se ha inclinado hacia la defensa de sus propios intereses y se ha olvidado de los públicos, de los colectivos y de la realización del bien común.
El comportamiento de la clase política que, vía el fraude, ha venido accediendo al poder, siempre se ha inclinado hacia la defensa de sus propios intereses y se ha olvidado de los públicos, de los colectivos y de la realización del bien común.
(Foto: Disse)

Nuestra existencia social e histórica, la que nos han heredado los dominadores, está sitiada por poderes fácticos, los cuales están dictando al conjunto de la sociedad las reglas de comportamiento a fin de que el orden de dominación continúe explotando a las clases subalternas. La sociedad mexicana está sufriendo una profunda crisis no sólo económica, política y social, sino también está afectando a la moralidad social, desde la costumbre, lo privado y lo público. Lo anterior pone en crisis a las formas de identificación, tanto individual como en lo colectivo.

Ante esta situación ya no es posible que los ciudadanos se identifiquen con el deber ser que hoy impone la moralidad hegemónica del sistema capitalista y su clase política panista, priista, y sus nuevos aliados los Chuchos del PRD. La gente está viendo y sintiendo que las reglas que practica la moralidad del poder favorecen los intereses de los grupos oligárquicos y éstos dejan como saldo el olvido de las mayorías silenciosas.

El poder de dominación neoliberal genera e inventa, no sólo por la fuerza de las armas, estrategias culturales para imponer su deber ser, su moralidad social egoísta, misma que introyecta en la gente sentidos reiterativos, a fin de que todos acepten la pobreza en amplias franjas sociales de la población, y que nadie proteste frente a la opulencia de los pocos.

El comportamiento de la clase política que, vía el fraude, ha venido accediendo al poder, siempre se ha inclinado hacia la defensa de sus propios intereses y se ha olvidado de los públicos, de los colectivos y de la realización del bien común. Por eso, cuando hacen el llamado a la unidad para enfrentar la crisis, se refieren a la unidad con los poderosos, que no con los explotados o marginados. Las clases explotadas no pueden ni deben unirse al poder que sirve hoy a los ricos y satisfechos.

Ante el ruido permanente que produjo el llamado Buen Fin (consumismo), es necesario que todos hagamos un alto en el camino e iniciemos la recuperación del pensamiento disruptivo (praxis de la liberación) a fin de interrogar la lógica del capital para frenarla e instalar otra lógica social que apunte hacia lo humano, y sea esta última la que trace el destino de su emancipación.

Lo que domina a esta sociedad, que algunos intelectuales han nombrado como “sociedad narca”, es la lógica económica, la cual tiene como objetivo engañar, mentirle al otro, el robo, el lugar común que no ofenda, la aceptación de convenciones y comportamientos sin ponerlas en duda; es decir, la defensa de lo mismo, lo repetitivo, lo reiterativo, lo de siempre.

Lo que observamos en lo cotidiano es que la gente se acostumbra a lo mismo, a lo familiar. Lo anterior es grave dado que los ciudadanos ya no ven con extrañeza la violencia electoral, la corrupción, la inseguridad, la impunidad, la desigualdad y, lo peor, estamos asistiendo a la muerte de la duda, la crítica y la autocrítica, debido a la intervención, sin ley que los frene, del duopolio televisivo comercial. El Estado actual se rinde ante estos poderes. Un Estado fallido más.

En lo político, en el año 2000 (Fox), en el año 2006 (Calderón) y en el año 2012 (Peña), todos fuimos nuevamente engañados porque no hubo ningún cambio en el país con la llegada al poder de la derecha prianista, es la misma continuidad del modelo económico, de régimen político, incluidos todos los vicios y estructuras de dominación. Cambian las élites pero sigue lo mismo: topes salariales, fraudes electorales, venta y compra del voto, privatización de lo público, inflación, devaluación del peso, importación de alimentos, bienes de consumo, represión, pobreza extrema, recesión económica, etcétera. El prianismo de derecha y autoritario que hoy desgobierna el país pretende corregir lo anterior con discursos.

El análisis e interpretación de la situación social actual implica volver a retomar las cuatro preguntas que se hiciera el filósofo Emmanuel Kant: ¿Qué puedo conocer? ¿Qué debo hacer? ¿Qué puedo esperar? ¿Qué es el hombre? La primera interrogación apunta hacia los fundamentos, principios, y la justificación de los procedimientos que maneja todo hombre de ciencia. La segunda pregunta se asombra ante los valores morales inculcados por los demás. De ahí la importancia de dudar de esas reglas de comportamiento y, sobre todo, por qué las aceptamos, por qué las seguimos y si podemos buscar y practicar otras.

La tercera interrogación pone en sospecha el destino que se nos impone desde que nacemos. Saber que existe la posibilidad de construir nuestro destino personal y colectivo. Poner en duda el destino que impone el amo, el poder, los mitos, las tradiciones o los dioses. La cuarta pregunta subraya la importancia de que los hombres y las mujeres podemos preguntar para cuestionar el sentido de nuestra existencia. Comprender que somos los únicos seres vivos que podemos interrogar la vida misma y su perplejidad.

Recordar estas preguntas y ponerlas en práctica constituye un compromiso dado que en estos momentos el sistema social u orden establecido nos quiere convertir en seres de conformidad, en sujetos mínimos aptos para consumir imágenes televisivas; seres homogeneizados parecidos en lo mismo, lo que es familiar, sin posibilidad de distinguir lo que esclaviza a la condición humana y lo que la puede liberar, es decir, seres que se mueven en lo privado y en el narcisismo obsesivo.

Ante este panorama desolador, donde el tejido social se desmorona, es urgente que las clases subalternas que hoy viven en la desigualdad brutal se junten en torno al pensamiento disruptivo, enemigo éste de lo mismo, para construir un contrapoder desde abajo, orientado en el bien común y la emancipación humana. Lo anterior exige la recuperación de la acción política para transformar la lógica del capitalismo salvaje en un lógica socialista, que privilegie el sentido de lo humano. Como bien dice Luis Villoro: “La vida auténtica sólo puede darse en la afirmación de la propia identidad, al liberarnos de la sumisión a las convenciones recibidas, y eso es la filosofía”. Otro mundo es posible.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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