Aquiles Gaitán
La leve sonrisa
Martes 6 de Diciembre de 2016
A- A A+

De cara a la luz y la alegría no tengo más alternativa que tener en mi mente una sonrisa, ¡muchas sonrisas!, todas la que recuerdo francas y bellas como la de mi propia madre, ¡esa sonrisa hermosa! La alegría nos conduce a la paz interior, la única paz posible en este mundo, ahí se producen los pensamientos positivos que estimulan la creatividad y la amplitud de sus horizontes.

Es diciembre, con él llega el fin de año, las vacaciones, las fiestas, las posadas, la Navidad, todo eso que es tan entrañable en las personas.
Es diciembre, con él llega el fin de año, las vacaciones, las fiestas, las posadas, la Navidad, todo eso que es tan entrañable en las personas.
(Foto: Carmen Hernández )

Es diciembre, con él llega el fin de año, las vacaciones, las fiestas, las Posadas, la Navidad, todo eso que es tan entrañable en las personas y las familias que nos hace reencontrarnos con nosotros mismos y los nuestros, con nuestros recuerdos infantiles, con el de nuestros padres y abuelos, con el nacimiento y el proceso ritual de su confección, de su puesta en escena con los cuadros bíblicos de la huida a Belén, la samaritana, los Reyes Magos, de los pastores y, por supuesto, el establo de Belén o el portal, para que no suene tan indigno, con la mula y el buey, con la cuna vacía hasta el 24, en la noche en que aparece el Niño Dios y se celebra con gran cariño y emoción el arrullo.

Tengo un Niño Dios de pasta de caña que heredó mi abuelita Paulita de su propia abuelita, a su vez lo heredó mi mamá Adelita y ella lo dejó bajo mi custodia, le dicen El Travieso porque tiene una sonrisa pícara y unos ojos chispeantes, que si no lo sacan con tiempo y a su sitio del nacimiento, empieza a hacer travesuras, ya se rompe un plato, se azota una puerta, se pierden las llaves, se queman los guisos, etcétera. Coincidencias o verdades, “El Travieso está presente y lo mejor es tenerlo mimado, con su traje de hilo blanco tejido e impecable, para su lucimiento.

Ya no tengo mi casa solariega para poner el Nacimiento en todo un corredor, pero lo pongo en la mesa de centro de la sala de la casa donde habito, donde duermo, donde como, donde sueño, donde afloran los pensamientos que comparto desde el silencio, en el que puedo escuchar con claridad su voz más íntima y poderosa.
Ya no tengo el horno segoviano donde hacíamos los puercos rellenos o los borregos de artesa, algún orangután bailó desenfrenado sobre él en el momento de su destrucción, ya no hay matanza, ni fogones, ni haz de leña, ni corral, ni manzanos, ni pimiento; ya no hay nada, sólo los recuerdos de una vida irrepetible.

Después de la misa de Navidad, el arrullo para poner al Niño Dios en el Nacimiento, los cánticos del alma “los pastores a Belén”, “entre la escarcha y la nieve” hacen que se sienta el aliento fresco del niño, la delicadeza de su piel, la emoción al momento de besarlo; seguían los buñuelos hechos en la comunidad familiar; “aventar” buñuelos es un arte consagrado sólo a las iluminadas que se lucen ese día, miel de piloncillo, atole blanco, impoluto como la propia Natividad.

Esta analogía entre lo místico y lo pagano, entre lo que fue y es ahora, tiende puentes entre un mundo invisible y un mundo visible que nos da identidad, apegos, pertenencia, para interpretar la realidad y hacerlo con plena libertad, sabedores de que somos y hemos sido hijos de esta tierra de costumbres bellas.

El paseo al campo para recoger el heno de los viejos árboles, los musgos de las piedras, las maderas pulidas por el agua del arroyo, las piedritas rodadas labradas en su camino hacia la nada, ha quedado en el recuerdo, como la propia vida del frio arroyo de la barranca honda. Esa búsqueda, ese llevar los hallazgos al Nacimiento para recrear entornos, sin duda fortalece la perseverancia para encontrar no sólo los objetos más originales y preciados de la naturaleza, sino las propias motivaciones de la vida con determinación de conseguir los propósitos sin desmayo, con perseverancia, llegando a los lugares más recónditos y difíciles para lograrlo.

Inicié pensando en la alegría y la sonrisa, no en la carcajada soez que se desprende de las anécdotas de la vulgaridad, si no de la sonrisa que sale de nuestro interior cuando estamos contentos, cuando tenemos una alegría que nos lleva al encantamiento del momento feliz. Cuando estés triste, cierra los ojos, imagina una sonrisa en cada dedo de tus pies, luego otra en tus rodillas, en el ombligo, en tus manos, en tu frente, en tus oídos, en tus ojos y finalmente pon una sonrisa en tus labios y entonces, así de fácil, estarás sonriendo.

Esta vez me aparto de los aspectos que laceran a la sociedad, de la desilusión social y la incredulidad de la ineficiencia y la desorganización, del peso que pierde valor, de la pobreza que galopa en la pradera, del olvido del ahorro y la estimulación locuaz del consumo, de las bellas artes dejadas a su suerte, de la contaminación nuestra de cada día y cada pueblo, de la depredación de la naturaleza, de bosques, selvas bajas y semidesiertos, de la flora y la fauna, del suelo y el agua.

Esta vez me olvidaré de finaditos y decapitados, de sicarios deambulando con el dedo en el gatillo, de los partidos del servilismo, la adulación y el incondicionalismo, del soslayo con el que se ve el entreguismo genuflexo a Estados Unidos, encubierto en reformas estructurales y a un TLC, del que quieren aún más ventajas, de la Universidad en ruinas, de la educación extraviada; esta vez, simplemente, esbozaré una leve sonrisa.

Sobre el autor
Comentarios
Columnas recientes

El pájaro

El sol de la mañana

La catrina

Nuestra cultura

El abismo

Recuerdos a la luz de la luna

El ensueño

El castillo

¡Viva la farsa!

¡Viva la farsa!

Los espejos

A los pobres

¿Dónde estás, confianza?

El reverso del júbilo

¿Dónde está la Patria?

Auditoría forense

El Manos

La nada

El caballo de Atila

En manos de 113

Reina por una noche

Día del padre

Para que no se olvide

La manzana

Los pasos perdidos

El atole con el dedo

Foco rojo

La organización

Mayo florido

¿Cómo quieres que te quiera?

Nada ha cambiado

Las conciencias

La primavera

La ilusión

A nadie le importa

Pan y circo

El buey

Los rostros verdaderos

Los mercaderes

Las palabras

¡Viva la farsa!

Las manos temblorosas

El corral de la patria

Los mansos corderos

Las pedradas a la luna

Un abrazo amoroso

¡Viva mi desgracia!

¡Aquí nadie se raja!

La leve sonrisa

Desarrollo con justicia social

El rapazuelo triste

El cambio de Michoacán

El arca de Noé

Día de Muertos

Dialéctica social

La luna de octubre

En el desierto

¿Entierro o incineración?

Derroche de optimismo

El elefante

Los atenazados

La tetilla izquierda

Hasta el copete

Los cuervos

Las nubes

La imaginación

El último recurso

El principio y el fin

Las calenturas ajenas

Un nuevo país

¡Esta es su casa!

Nacionalismo como alternativa

La inquisición

Sin remedio

La última palabra

Bajo el palio

Los miserables

El tañer de la campana

La libertad del llano y la historia mentirosa

A 400 años, recordando a Cervantes

Los buenos deseos

El Caos

¡Soñemos muchachos!

Eternamente agradecidos

El nuevo evangelio

¿Por dónde comenzamos?

Entre el llanto y la risa

Los cascabeles

Los factores del poder

Desde el corazón

La espiga solitaria

El galope despiadado

La tierra de nadie

La catástrofe

El manantial

Carta a los Santos Reyes

Amor y odio

¡Feliz Navidad!

Los ojos cerrados

El enigma

El granito de arena

Los elegidos

El cariño y el rigor

Una canción desesperada

El disentimiento

El abrazo amoroso

La reencarnación

Ramón Méndez

La rebanada de pastel

El gallo muerto

El soñador

¡Viva la libertad!

El cuarto vacío

El primer día

A mi manera

El ocaso

La farsa

Aquí no hay quien piense distinto

La Luna de queso

¡Arriba Apatzingán!

Las fumarolas

Los “vurros”

El tesoro

El único camino

Los dioses vivientes

Compañeros nicolaitas

El día de la verdad

Nota de viaje

La vaca sin leche

Nosotros mismos

Nosotros mismos

¡Desde arriba, hasta abajo!

La locura

Los pescadores

La divina comedia

Vasco de Quiroga, ni mártir, ni héroe

La primavera

Honor a quien honor merece

El modelo deseado

Carta abierta a mi tierra

Metamorfosis

A mi manera

La movilidad social

Felices para siempre

Levantando bandera

¡Feliz Navidad!

El Titanic

La felicidad

El caballo brioso

La revolución michoacana