Aquiles Gaitán
¡Aquí nadie se raja!
Martes 13 de Diciembre de 2016
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El clamor es grande, ¡el Ejército a los cuarteles! Dicen, piden, exigen, ¿y a que van a los cuarteles?, a izar la Bandera, a arriar Bandera, a la instrucción marcial, a limpiar armas, a tender la cama, al deporte, al aseo personal, ¿de qué sirve el Ejército en los cuarteles?, ¿de qué nos sirve el Ejército?, ¿para qué sirve un ejército? El Ejército es una organización entrenada para la guerra para destruir y aniquilar, matar a un enemigo que quiera invadir al país, es el que potencialmente defiende la soberanía del país, pero también preserva la seguridad interior del país, combate guerrillas, sofoca levantamientos armados contra el gobierno legalmente establecido, el presidente de la República es el comandante supremo de las Fuerzas Armadas, por algo se pagan del presupuesto de la nación los gastos de cuarteles, armas, vehículos, equipo y salarios de los aproximadamente 300 mil angelitos que se distribuyen en los grados de soldado, soldado de primera, sargento segundo, sargento primero, subteniente, teniente, capitán segundo, capitán primero, mayor, teniente coronel, coronal, general brigadier, general de brigada y general de división. ¿Para qué nos sirven 300 mil soldados en los cuarteles sudando sus calenturas? No señores, no es por ahí; el Ejército, se ha dicho siempre y así lo sentimos todos, es del pueblo y con él está integrado y con él debe estar. Es cierto, no puede ni debe sustituir a los estados y a los municipios, ni la Federación en las tareas de seguridad pública que les corresponden, pero con este desmadre del Mando Único, de las bases de Operaciones Mixtas, del Plan Michoacán y todo lo habido y por haber, el secretario de la Defensa tiene razón, ya los agarraron de sus puerquitos y finalmente cargan con las responsabilidad de los platos rotos, la falta de contundencia en los resultados ante la desgracia de que la máquina de matar no puede matar porque viola los derechos humanos, ¿entonces para que los convocan si saben cómo son? Pero veamos las cosas con otra perspectiva. El Ejército está celebrando los 50 años del Plan DN-III-E, mediante el cual presta auxilio a la población cuando se enfrenta a un desastre por inundación, temblores, incendios forestales, fugas de sustancies químicas o gases, explosiones, ciclones, con sus acciones han salvado vidas y han llevado auxilio a las poblaciones afectadas con independencia de las autoridades de los gobiernos. No pueden quedarse en los cuarteles ante la desgracia, y lo han hecho bien y se les agradece su entrega y entrenamiento en estos menesteres; desde siempre han custodiado las presas hidroeléctricas, las instalaciones de Pemex, han combatido al abigeato, han colaborado en las reforestaciones, en la erradicación del paludismo y enfermedades generalizadas, en el combate a los juegos prohibidos, en el combate de la siembra, tráfico, posesión y consumo de enervantes, en la despistolizacion, en la vigilancia de las vías de comunicación, en el Servicio Militar Nacional, etcétera.

El Ejército no puede estar en los cuarteles, nunca lo ha estado, así lo consignan los reglamentos del Ejercito como lo son el Reglamento General de Regiones y Zonas Militares y el Manual del Comandante de Partida, que reglamentan las acciones de sus miemb
El Ejército no puede estar en los cuarteles, nunca lo ha estado, así lo consignan los reglamentos del Ejercito como lo son el Reglamento General de Regiones y Zonas Militares y el Manual del Comandante de Partida, que reglamentan las acciones de sus miemb
(Foto: TAVO)

El Ejército no puede estar en los cuarteles, nunca lo ha estado, así lo consignan los reglamentos del Ejercito como lo son el Reglamento General de Regiones y Zonas Militares y el Manual del Comandante de Partida, que reglamentan las acciones de sus miembros frente a la población civil.

Lejos de mandarlos a los cuarteles habrá que reglamentar sus acciones con claridad y dejar a las policías su responsabilidad, desde cargar al borracho y al indigente hasta ejecutar las órdenes de aprehensión y combatir con organización y entereza a las bandas de facinerosos que trafican drogas o mujeres y que extorsionan, secuestran o asesinan.

Cada chango en su mecate, los federales a lo suyo y no repartan culpas a los estados y municipios que hoy por hoy están sojuzgados con la rodilla al suelo y la testuz inclinada. Es el momento de deslindar responsabilidades, de terminar con el sistema de Fuenteovejuna donde “yo no fui, fue Teté”, donde todos somos responsables y el coordinador es el que paga el pato de la ineficiencia, y aquí el coordinador del grupo de coordinación es el Ejército, cuyos miembros hablan otro lenguaje que los policías no pueden entender.

Honor, patriotismo, lealtad, valor, abnegación, ¿entenderán los policías federales, estatales y municipales qué es eso? Esas son las virtudes militares que constituyen el modelo deseado, los ideales que impulsan a un soldado a pertenecer a las Fuerzas Armadas. Es cierto, así como hay páginas gloriosas del Ejército, hay páginas oprobiosas como la indignante represión, el asesinado masivo del 2 de octubre de 1968, que no se olvida ni se olvidará nunca; por eso no los queremos, pero son un mal necesario que se requiere para regresar a este país a la senda del orden y el cumplimiento de la ley. Los legisladores federales tienen la palabra, si reforman una vez más la Constitución, reglamentan la participación del Ejercito ante la población civil, si los involucran en la seguridad pública, conforme el artículo 21 constitucional o el presidente hace efectiva la facultad que tiene como presidente de la República en el artículo 89 fracción VI, de “disponer de la totalidad de la fuerza armada permanente, o sea del Ejército, de la Armada y de la Fuerza Aérea para la seguridad interior”.

El Ejército no puede ir a los cuarteles, su lugar es estar con el pueblo, no abusando del pueblo, si no con el pueblo; no podemos seguir en la ineficiencia, sin resultados contundentes ni tapándole el ojo al macho. El escudo del Heroico Colegio Militar lleva dos cañones que representan la fuerza que une a los miembros del Ejército Mexicano para salvaguardar la soberanía e integridad de su pueblo; lleva una antorcha y cinco rayos y lleva un cestón que simboliza la unión de las Fuerzas Armadas con el pueblo, hagan honor a su filosofía y fórmense con el pueblo. ¡Aquí nadie se raja!

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