Rafael Mendoza Castillo
Ética crítica y educación liberadora
Lunes 19 de Diciembre de 2016
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Enmarco estas reflexiones con el pensamiento crítico de Enrique Dussel: “La moral se situará en el ámbito de la ingenuidad propia de la cotidianidad existencial que no pone en cuestión al sistema en vigor dentro del cual se vive. Por ético, en cambio, indicamos el sentido crítico de lo que se presenta ante lo ontológico con pretensión de superación de lo dado”. De ahí la importacia de intersectar, de vincular, la moral, la responsabilidad ética del individuo y lo cívico que tiene que ver con la acción constituyente; es decir, la política. Sin esta última las dos primeras mantienen el orden constituido, establecido.

 “La ética que es precisamente la que se ocupa del deber nos dice que para poder cumplir con una obligación hay que ser libre de cumplirla” /Imagen tomada de http://nikocr.blogspot.mx/
“La ética que es precisamente la que se ocupa del deber nos dice que para poder cumplir con una obligación hay que ser libre de cumplirla” /Imagen tomada de http://nikocr.blogspot.mx/
(Foto: Especial)

Con la reflexión y el pensamiento disruptivo, por supuesto que estamos imaginando la acción constituyente (política) como la mediadora entre las creencias y las certezas del sujeto, se establece un buen distanciamiento de los contenidos acumulados en la conciencia de las personas y en relación con lo que históricamente se ha incorporado en la objetividad. Sin esta metodología, el sujeto siempre va estar creyendo que su deber y su propio ser son lo mismo. Por eso es mejor una estética que una ética, ya que la primera nunca incorpora el sentido moral en la obra del artista.

No se puede hacer una obra de arte por mandato o por paga, sino por creación libre del autor. Es mejor actuar como creador de arte que como actor del deber ser. El fundamento del hombre es la libertad y no el deber o el sentido moral. Por eso Severo Iglesias afirma: “La ética que es precisamente la que se ocupa del deber nos dice que para poder cumplir con una obligación hay que ser libre de cumplirla”. De ahí la importancia de considerar los deseos, las aspiraciones y las necesidades como fuentes de valor.

En este tiempo de furor por llevar el sentido moral a los espacios educativos o también por llevar los saberes, implicaría una revisión doble; primero, habría que pensar si en el espacio que se quiere intervenir, en este caso las instituciones de educación, no está ya anidado un sentido, una interpretación y una serie de prácticas, legitimado por los propios sujetos y la propia sociedad; segundo, llevar a cabo una revisión del nuevo sentido moral y de interpretación que se pretende colocar en los espacios de educación.

La alternativa sería el establecimiento de una discusión pública entre los principales sujetos históricos de la sociedad mexicana, de ambos sentidos morales. ¿No será que la derecha prianista que hoy desgobierna y vende el país al extranjero también pretende vaciar el sentido moral que actualmente existe en las escuelas y colocar en ese vacío la ideología moral del modelo de acumulación viejo y nuevo del capital globalizado? (calderonismo, foxismo, peñismo, derechizados y neoliberales).

No se entienda en lo que estamos diciendo que un sentido moral o un deber ser, practicado por años, esté legitimado, o uno por nuevo en el tiempo, no en sus contenidos, también lo esté. Pienso, por la forma en que se ha constituido lo social, la subjetividad y las prácticas de los mexicanos, que ambos habitus deben constituir un problema y una cuestión para discutirse, por la mayoría y no sólo los intelectuales (Camín, Castañeda y otros) que al final de cuentas ellos propusieron un sentido moral conservador frente al conflicto electoral de 2006 y 2012.

Lo que hoy necesitamos derribar son los fundamentalismos o las corporaciones de la verdad, las visiones, las interpretaciones, las morales unidimensionalizadas, ya que en ambas percepciones y prácticas podemos localizar los mismos sentidos impuestos por el poder de dominación y de explotación. Lo correcto sería pensar en la nación que deseamos, las instituciones, el tipo de constitución y en qué principios, valores cívicos, morales y humanos queremos fundar la nueva República Mexicana. Recordemos, no olvidemos, la guerra que hace diez años inició Felipe Calderón en contra del crimen organizado y que hoy continúa Enrique Peña Nieto con miles de muertos y desparecidos. Esta estrategia militarizada ha fortalecido al modelo neoliberal, guerrerista, autoritario y autodestructivo.

En los últimos años hemos podido observar cómo los medios de comunicación, especialmente el duopolio televisivo, se han colocado del lado del orden establecido y han sido los mejores distribuidores y defensores del sentido moral y del deber ser, ambos impuestos por el modelo económico vigente. Así, con sus prédicas moralizadas, han hecho a un lado la existencia misma del derecho, de la ley. Son ahora jueces de horca y cuchillo. Los medios de comunicación (televisión y radio comercial) en estas condiciones nos conducen a la anestesia moral, ética y cívica.

A través de los medios de comunicación se está educando a la gente, eso lo sabemos todos. No sólo se les informa, se les conforma (bloqueo histórico); no sólo se dan noticias, se condicionan formas de pensar y de sentir. Nos vuelven indiferentes ante el sufrimiento anímico y físico de los demás. De esa forma, la moral del consumo individualizado sustituye el valor de la libertad, de la dignidad, de lo humano por el tener, como el imperativo categórico y horizonte del deber ser: obra siempre de tal manera que el tener, la impunidad, la corrupción, se conviertan en norma universal válida.

Lo anterior es el imperativo moral que hoy pretende llegar a las escuelas públicas, porque en las privadas ya está colocado en el habitus que enseñan. Mientras no discutamos el fundamento de lo que deseamos como país, como personas, clases, individuos y ciudadanos, siempre estaremos soportando la imposición de fundamentos irracionales y dogmáticos en nuestro ser histórico triádico: objetual, subjetual y práxico.

Las morales en la historia no son dogmas, verdades o interpretaciones puras, sino horizontes sobre los cuales el hombre se relaciona con las realidades de su pasado, de su presente y las opciones del futuro y la utopía. El bloqueo histórico que provoca el sistema impide que pensemos en otra realidad, en otro modo de pensar, en otro modo de decir y hacer. Sin utopía aceptamos la interpretación que produce el sistema de explotación, de robo y despojo. Es importante recuperar la necesidad de conciencia crítica, pero también de realidad y de acción, para ir más allá del capital.

De ahí la importancia de plantearnos la refundación de lo social en la libertad y el deseo, nunca en lo económico o el poder injusto. Como afirmara correctamente el bueno de Sócrates: “Una ciudad bien ordenada sería la que pudiera prescindir del deseo de poder. Si estuviera gobernada por hombres de bien, maniobrarían para escapar del poder como ahora se maniobra para alcanzarlo”. Recordemos que en esta época de Navidad y Año Nuevo se observa con mayor claridad la unión entre el capital y el sentido religioso a través del consumo y la competencia. Otro mundo es posible.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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