Xuchitl Vázquez Pallares
Fechas y tradiciones milenarias
Jueves 22 de Diciembre de 2016
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El día de ayer, a las 04:44 de la mañana, se celebró la milenaria celebración del solsticio de invierno. En el hemisferio sur se lleva a cabo en el mismo momento el solsticio de verano. De un lado tuvimos la noche más larga del año y del otro el día más largo. Es el punto de máxima dualidad en el drama cósmico, que llega con el equilibrio del equinoccio.

El día de ayer, a las 04:44 de la mañana, se celebró la milenaria celebración del solsticio de invierno
El día de ayer, a las 04:44 de la mañana, se celebró la milenaria celebración del solsticio de invierno
(Foto: Especial)

Antiguamente la humanidad derivaba el significado de su existencia de los ciclos de la naturaleza, a los cuales se ajustaba para su sobrevivencia, y sobre todo para siempre contar con alimentación asegurada. Es por ello que los solsticios y equinoccios, los cuatro pivotes del año solar, eran grandes celebraciones, en las que se rendía culto al viaje del Sol a lo largo de los diferentes constelaciones y su transformación en las diferentes estaciones. En estos cuatro puntos se simbolizaban los hitos que marcan la vida en la naturaleza: el nacimiento, el crecimiento, la madurez, la muerte (que conlleva la regeneración).

La palabra “solsticio” viene del latín sol + sistere (quedarse quieto), y alude al instante en el que el Sol llega a su punto más alto en el cielo, desde nuestra perspectiva, y en apariencia se detiene un instante de mágica e ilusoria suspensión temporal que parece fijar el momento de su muerte para revertir su dirección.

Tenemos, particularmente en el solsticio de invierno, el gran símbolo natural de la muerte y el renacimiento. El momento del solsticio es el memento mori por antonomasia, donde toda la naturaleza venera enlutada a la luz que es la fuente de toda vida.

Sobre la aparente muerte yace la semilla del espíritu humano que florecerá, en el momento que haga conciencia de sus innumerables posibilidades. Sobre todo cuando la humanidad cese la explotación del hombre por el hombre y la desmedida sobre explotación del entorno.

No es casualidad, la proximidad de la celebración del nacimiento de Jesús de Nazaret, el Cristo, quien ilumina con su sabiduría de justicia e igualdad a la oscuridad encarnada en la injusticia, la maldad, la violencia y la desigualdad.

Mucho se ha hablado sobre si la designación de la natividad de Jesús el 25 de diciembre fue una decisión político-religiosa del imperio romano, mediante la cual se mezclaron sincréticamente diversos cultos, como el de Saturno o el del dios solar Mitra (Sol Invictus, invencible). Jesús es concebido como la luz del mundo, su nacimiento en una fecha cercana al solsticio obedece a una claro simbolismo.

En el imperio romano las celebraciones de Apolo y Saturno ocurrían durante la semana del solsticio, que eran el acontecimiento social principal y llegaba a su apogeo el 25 de diciembre. Para hacer más fácil que los romanos pudiesen convertirse al cristianismo, sin abandonar sus festividades, el Papa Julio pidió, en el año 350, que el nacimiento de Cristo fuera celebrado en esta fecha.

Si observamos la naturaleza podemos ver que tras la ilusoria muerte yacen las semillas que florecerán en la primavera. La naturaleza es sabia, ella sabe respetar los ciclos, guiada por el Sol. “En medio del invierno descubrí que había, dentro de mí, un verano invencible”, escribió Albert Camus. La luz y la oscuridad no pueden existir la una sin la otra y es posible ver en las tinieblas una luz invencible.

Gran parte de las religiones antiguas eran en realidad filosofías naturales o astro teologías. Extraían sus principios filosóficos y sus conductas morales y rituales de una atenta observación de la naturaleza, particularmente de los astros. Esto se basaba en un pensamiento analógico del cual se derivaba un sistema de correspondencias que concebía al hombre y a la naturaleza como espejos del macrocosmos.

En prácticamente todas las culturas el Sol era concebido como el sí mismo divino, el gran héroe que atraviesa todo tipo de peripecias, en su diario caminar y en su viaje anual, incluyendo el descenso al inframundo, lo cual marca el triunfo de la luz y la prueba de la inmortalidad de la vida, que siempre se regenera.

El ser humano entonces sería el pequeño Sol que atraviesa arquetípicamente las mismas permutaciones que el Sol y que debe convertirse en el héroe ejecutor de su propio destino. Así el invierno es para el individuo que sintoniza estos patrones un tiempo de recogimiento, de conservación de la energía, de reflexión, práctica espiritual y renacimiento.

“Estos ciclos implicaban un complejo sentido de participación interior directa de los seres humanos no sólo en el mundo, sino también en las energías cósmicas, mediante el ritual, y de los poderes divinos en el mundo, en virtud de su presencia inmanente y transformadora”. Escribió en su libro El renacimiento de la naturaleza el biólogo Rupert Sheldrake.

En la antigua Roma, en estas fechas, del 17 al 23 de diciembre, se celebraban las Saturnalias, las fiestas de Saturno, regente de la agricultura. Estas celebraciones significativamente culminaban con la celebración del Sol Invictus que coincide con el solsticio. Durante las festividades se hacían sacrificios y ofrendas en el templo de Saturno, además de un suntuoso banquete y una subversión de las normas sociales: se bebía, se comía, se apostaba y los esclavos eran liberados temporalmente. El poeta Catulo llamó a las Saturnalias "los mejores días".

En la actualidad este dicho es real, ya que la familia se reúne, hay alegría, se desea hacer felices a los otros y se recibe el “aguinaldo”, el cual, recordemos, es un logro de la lucha social que costó persecuciones y muerte a quienes lucharon por sus derechos.

Qué bueno sería que todos gozáramos de un buen empleo y salario justo y digno que nos permitiera tener cada día una vida digna y honrada. Seguramente esto sería un buen remedio para la corrupción y la inseguridad.

El próximo sábado es Noche Buena y el domingo 25 se celebra la Natividad, el nacimiento de Jesús de Nazaret, uno de los más grandes luchadores por la dignidad humana, la igualdad y contra la dominación de uno sobre otro, llámese nación, pueblo o individuos. Jesús luchó contra el imperio romano, contra la iglesia fanática con enormes intereses económicos y políticos.

El espíritu humano lleva en sí mismo oscuridad y luz, depende del entorno, de la educación recibida y de cada uno de nosotros, que lado es el que predomina.

Ser luminoso no es vestirse con ropas blancas o ir a darse golpes de pecho a la iglesia. Ser un ser humano desarrollado espiritualmente el ser luminoso, es tener luz, es ver a los demás con respeto, sin juicios a priori, sin violencia y/o agresividad y, sobre todo, interiorizar en los hechos el deseo de un mundo mejor, donde no exista la violencia de ningún tipo, donde la igualdad y la justicia sean una realidad.
Aprovechemos estas fechas para interiorizar los deseos y hacer realidad la felicidad y la paz para todo ser y en todo el planeta.

Reciban todos ustedes un abrazo lleno de respeto y mis mejores deseos. ¡Que la luz venza a la oscuridad!

vazquezpallares@gmail.com

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