Aquiles Gaitán
Los mansos corderos
Martes 10 de Enero de 2017
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Nuevamente los puños se levantan, los gritos iracundos salen de las gargantas, la indignación se manifiesta en múltiples maneras, los propietarios de vehículos, que son millones, resienten en sus bolsillos el alza desmedida de la gasolina, resultado natural y lógico de la supresión de subsidios con que el gobierno federal ocultó la ineficiencia de Pemex durante años, dejando todos sus negocios, y particularmente el negocio de la importación de gasolinas, en manos de la mano negra. En vez de invertir en refinerías invirtió en gasto corriente, en comprar gasolina y vender petróleo crudo, algo así como aquel huarachero que dijo “vale madre hacer huaraches, vale más comprarlos hechos”, sólo que no contaban que los precios del comercio internacional se pagan en dólares, ni que estos cuestan cada vez más pesos, ni que los precios de la gasolina iban a subir tanto; la mesa está servida, el golpe está dado, el daño está hecho por parte del gobierno, habrá que asumir las consecuencias políticas, ¿pero esas qué? Peña Nieto sigue creyendo que le hizo un bien al pueblo de México, que es un iluminado que nos guía por el camino del desarrollo, que es un estadista que nunca se equivoca, que preservó la estabilidad de la economía nacional.

El proceso inflacionario inicia con la canasta básica, los asalariados invierten su salario en artículos de primera necesidad cuyos precios corren la misma suerte que la gasolina y el gas y la electricidad, esto no lo para nadie.
El proceso inflacionario inicia con la canasta básica, los asalariados invierten su salario en artículos de primera necesidad cuyos precios corren la misma suerte que la gasolina y el gas y la electricidad, esto no lo para nadie.
(Foto: Carmen Hernández )

¿Quién será el que importa la gasolina?, ¿quién será el agente aduanal que se encarga del trámite?, ¿a quién le vende Pemex el petróleo crudo? Ahora, con las reformas estructurales, ya ni se preocupa de eso pues se licitó la extracción con la venta incluida.

“Dolorosa, difícil e inevitable” calificó Peña Nieto la medida tomada, “les va a doler pero les va a gustar”, interpretamos otros; ¿para qué pedir la salida de Peña Nieto si no es políticamente viable?, los diputados tienen la palabra pero el rebaño está controlado, nunca habrá votos suficientes, aun con los partidos opositores al PRI de Peña Nieto gritando en la calle, tomando casetas, carreteras, vías del tren, quemando gasolineras, ¿Qué otra cosa se les ocurre? Ni los trabajadores, ni los campesinos, mucho menos la clase media se van a levantar pues no están organizados a nivel nacional, ya no es viable repicar una campana para cambiar el mundo, ni replicar el movimiento zapatista, ni hacer un plan declarando la guerra de la gasolina; mientras los pueblos socialmente evolucionados tienen pueblos fuertes, productivos, florecientes, con las mejores armas para la defensa propia, nosotros somos ¡al fin pueblo débil! Un pueblo desarmado, improductivo, con estratos miserables, estamos aparentemente protegidos por la fuerza pública que cada día se equipa mejor para llevar acabo sus acciones represivas para combatir una delincuencia interminable, pero a la vez cumplir su destino fatal de defender al gobierno ante un pueblo que no puede hacerles frente, pues no tiene con qué. Lejos de pensar en adquirir un arma, piensa en comer o no comer, ¿ese es el dilema?; el lumpen en acción, saqueando a la luz de la oportunidad, supermercados, no roban comida, roban televisores, lavadoras, etcétera, ¡vaya aberración!

Lejos de lamentarnos y lamentársela debemos exigir que se invierta en las tan prometidas refinerías ¿no hasta concurso hicieron? ¿No anduvo un gobernador hasta ofreciendo terrenos en Michoacán? Una reingeniería en Pemex sería una alternativa empezando por el contratismo y el sindicalismo, revisar plantillas de personal y salarios y revertir las reformas estructurales entreguistas de Pemex, a las compañías petroleras internacionales, eso sí sería una medida “difícil, dolorosa e inevitable”, de lo contrario no vamos a tener ni para el Seguro Popular, ni las becas, ni el 60 y más, ni la leche, ni los negocios de las carreteras de cuota, ni las vías de tren, ni para el aeropuerto faraónico cuyo mantenimiento será tan costoso como su propia construcción sobre el fangoso lecho del Lago de Texcoco. El proceso inflacionario inicia con la canasta básica, los asalariados invierten su salario en artículos de primera necesidad cuyos precios corren la misma suerte que la gasolina y el gas y la electricidad, esto no lo para nadie.

Los bancos están en manos del capital extranjero, los supermercados no se diga, los ferrocarriles, las minas, la siderúrgica, las fábricas de automóviles, la industria alimenticia, las patentes y marcas de todo lo habido y por haber, ya nada más falta traer los restos mortales de don Porfirio de París a México, bueno, al Estado de México, y hacerle un monumento.

La partida de madre que nos ha puesto Peña Nieto con las reformas estructurales, el alza de los precios del petróleo y la debacle de Pemex, durará varias generaciones para revertirse; yo que creía que Salinas de Gortari y Zedillo eran los más connotados, que cuando le quitaron tres ceros al peso el pueblo como uno solo se iba a levantar, pero no supimos qué hacer, nos quedamos mudos ante semejante felonía; hoy protestamos, Peña entiende el enojo y el descontento, es solidario, podremos seguir haciéndolo hasta llegar a las próximas elecciones federales, donde se definirá el destino del pueblo mexicano, pero será lejos del PRI, que corre la misma suerte que su abanderado. En este tramo que le queda a Peña, el amigo de Videgaray dirá como hacer las cosas; hincados, no frente a los altares de las divinidades, hincados frente a Estados Unidos, esperemos, mansos corderos, nuestro destino.

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