Aquiles Gaitán
Las manos temblorosas
Martes 24 de Enero de 2017
A- A A+

Hoy más que nunca, en una sociedad en crisis, debemos fortalecer su base indiscutible que es la familia; en ella se gesta la formación de hombres y mujeres, de ciudadanos pensantes y actuantes. Es el único espacio donde aquel que ha sido herido o escandalizado encentra cura y consuelo, es ahí donde se forman los valores morales y cívicos, es ahí donde se puede soñar a partir de los sueños del padre y de la madre, donde se puede concebir un mundo más humano, fraterno, honesto y limpio, donde no existan la discriminación ni los abusos, ni los delitos que destruyen a la propia sociedad y a los ciudadanos. Hoy se pierde la vida y todo se reduce a un simple protocolo que da fe de los hechos, “por aquí pasó una zorra que no llevaba cola; cola sí llevaba, lo que no llevaba eran orejas; orejas sí llevaba, lo que no llevaba…”.

Si no hay familias no hay sociedad , ni paz, ni justicia, ni diálogo, ni comprensión , ni solidaridad, ni unión se da pàso a la injusticia y a la barbarie.
Si no hay familias no hay sociedad , ni paz, ni justicia, ni diálogo, ni comprensión , ni solidaridad, ni unión se da pàso a la injusticia y a la barbarie.
(Foto: Carmen Hernández )

Hoy se deja la formación cívica en manos de los maestros cuya formación cívica proviene de las Normales rurales o escuelas urbanas del sindicalismo, cuyas enseñanzas son pregones de odio y sectarismo, de la marcha y el plantón, del rencor y el importamadrismo. Esos serían los de la primaria y secundaria, ya los de la educación media y la universidad son palabras mayores; en esas condiciones el último reducto, el único reducto de formación humana, es la familia, son los padres y madres quienes buscan las cenizas de sus hijos, quienes los curan y orientan, quienes les alientan en su desarrollo cultural, profesional, cívico, quienes les hacen ver que se requiere una justificación social para existir, que las golondrinas no llevan de comer a los hogares, que hay que trabajar desde el lugar que su destino les tiene preparado, o el que ellos se forjen con su esfuerzo y acción.

Si no hay familia no hay sociedad, no hay tribu, ni rancho, ni comunidad, ni pueblo, ni paz, ni justicia, ni diálogo, ni comprensión, ni solidaridad ni unión, se da paso a la injusticia y la barbarie.

Tal vez suene hasta romántico este razonamiento de que una familia se construye sobre el amor entre el padre y la madre; cuando éste se acaba surgen las familias disfuncionales, pero subsiste la relación con los hijos que con el tiempo formarán sus propias familias y sus hijos las suyas y así sucesivamente los valores familiares, que son morales y cívicos, se pasan de mano en mano, de mente en mente, de familia en familia.

Hoy se habla de las mujeres, de los niños, de los adolescentes, de los jóvenes, pero no de la familia; se habla del empoderamiento social de las mujeres pero no de la familia, se olvida que ese empoderamiento parte de la libertad económica y que esa libertad es la base de la familia. Hay secretarías de todo pero no hay de la familia, porque la familia es más personal, más íntima, ahí no hay raja política, tal vez religiosa. Existe la Sagrada Familia en la liturgia católica, pero su significado social es indiscutible; las migraciones de refugiados de los países en conflicto son de familias completas que abandonan su solar nativo para seguir siendo familia en otro lado, para vivir juntos los logros y fracasos. Cuando un país se desmorona, se vuelve a construir desde su base y esa base no son ni sindicatos ni partidos, es la familia; cuando la propia civilización del hombre es cuestionada, la única fortaleza es la familia, es ahí donde se gestan los cambios; de lo contrario, los errores se repiten y el cambio se desdibuja. Hoy andamos buscando los avances revolucionarios del siglo XX y ya se han ido, a ese inconmensurable espacio tan grande como la eternidad y el infinito, que es el olvido.

¿Cuáles son las causas de nuestras enfermedades y cuáles son sus remedios?, ¿vamos rumbo a la ruina o apenas vamos en decadencia buscándola con ahínco? No puedo aventurar opiniones ni hacer conjeturas del momento de efervescencia económica, social, política, que vive nuestro país y nuestro estado, la relación con el imperialismo en la aldea global está en entredicho, la marcha se ha detenido, es un momento de reflexión, de voltear hacia nuestros orígenes, hacia nuestra base social, hacia nosotros mismos. La acción cambia el destino, si es cierto, el nuestro, el del país, está en manos temblorosas.

Sobre el autor
Comentarios
Columnas recientes

El pájaro

El sol de la mañana

La catrina

Nuestra cultura

El abismo

Recuerdos a la luz de la luna

El ensueño

El castillo

¡Viva la farsa!

¡Viva la farsa!

Los espejos

A los pobres

¿Dónde estás, confianza?

El reverso del júbilo

¿Dónde está la Patria?

Auditoría forense

El Manos

La nada

El caballo de Atila

En manos de 113

Reina por una noche

Día del padre

Para que no se olvide

La manzana

Los pasos perdidos

El atole con el dedo

Foco rojo

La organización

Mayo florido

¿Cómo quieres que te quiera?

Nada ha cambiado

Las conciencias

La primavera

La ilusión

A nadie le importa

Pan y circo

El buey

Los rostros verdaderos

Los mercaderes

Las palabras

¡Viva la farsa!

Las manos temblorosas

El corral de la patria

Los mansos corderos

Las pedradas a la luna

Un abrazo amoroso

¡Viva mi desgracia!

¡Aquí nadie se raja!

La leve sonrisa

Desarrollo con justicia social

El rapazuelo triste

El cambio de Michoacán

El arca de Noé

Día de Muertos

Dialéctica social

La luna de octubre

En el desierto

¿Entierro o incineración?

Derroche de optimismo

El elefante

Los atenazados

La tetilla izquierda

Hasta el copete

Los cuervos

Las nubes

La imaginación

El último recurso

El principio y el fin

Las calenturas ajenas

Un nuevo país

¡Esta es su casa!

Nacionalismo como alternativa

La inquisición

Sin remedio

La última palabra

Bajo el palio

Los miserables

El tañer de la campana

La libertad del llano y la historia mentirosa

A 400 años, recordando a Cervantes

Los buenos deseos

El Caos

¡Soñemos muchachos!

Eternamente agradecidos

El nuevo evangelio

¿Por dónde comenzamos?

Entre el llanto y la risa

Los cascabeles

Los factores del poder

Desde el corazón

La espiga solitaria

El galope despiadado

La tierra de nadie

La catástrofe

El manantial

Carta a los Santos Reyes

Amor y odio

¡Feliz Navidad!

Los ojos cerrados

El enigma

El granito de arena

Los elegidos

El cariño y el rigor

Una canción desesperada

El disentimiento

El abrazo amoroso

La reencarnación

Ramón Méndez

La rebanada de pastel

El gallo muerto

El soñador

¡Viva la libertad!

El cuarto vacío

El primer día

A mi manera

El ocaso

La farsa

Aquí no hay quien piense distinto

La Luna de queso

¡Arriba Apatzingán!

Las fumarolas

Los “vurros”

El tesoro

El único camino

Los dioses vivientes

Compañeros nicolaitas

El día de la verdad

Nota de viaje

La vaca sin leche

Nosotros mismos

Nosotros mismos

¡Desde arriba, hasta abajo!

La locura

Los pescadores

La divina comedia

Vasco de Quiroga, ni mártir, ni héroe

La primavera

Honor a quien honor merece

El modelo deseado

Carta abierta a mi tierra

Metamorfosis

A mi manera

La movilidad social

Felices para siempre

Levantando bandera

¡Feliz Navidad!

El Titanic

La felicidad

El caballo brioso

La revolución michoacana