Aquiles Gaitán
¡Viva la farsa!
Martes 31 de Enero de 2017
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Los farsantes están actuando, uno dice y se desdice otro acepta y se raja, platican y se adulan, mientras amenaza, actúa, mueve sus fichas, hace lo que quiere, el pueblo le aplaude, ¡claro!, su pueblo, sus electores, los gringos del Tío Sam, el gandalla de siempre, el de la doctrina Monroe, el gacho entre los gachos, él es su representante y lo hace bien, el rico del pueblo gobernando la decadencia, que hoy pretende frenar con una reversa nacionalista. Ojalá lo logre y pueda terminar con la delincuencia y la drogadicción, generar empleos, recuperar lo perdido.

Las amenazas del presidente Trump son la mínima preocupación del país de México
Las amenazas del presidente Trump son la mínima preocupación del país de México
(Foto: Especial)

El otro de la farsa lleva agua a su molino, invoca a la unidad nacional frente al gasolinazo, patriota como nadie defiende la soberanía ¿Qué no conoce la frontera?, ¿no sabe que hay un muro desde hace años, en muchas partes por donde pasaba la muchedumbre sin papeles? El que quiera pasar se pasa y se atiene a las consecuencias de ser tratado como delincuente, invasor de ranchos o muerto de hambre, “defender los derechos de los indocumentados” será el derecho a que no los maten y que los regresen vivos, porque de ahí para adelante ¿cuáles derechos si no son de ahí? A nosotros que nos importa lo que pasa allá, nos debe importar lo que pasa aquí todos los días. Un pueblo sin dinero y con hambre es un pueblo desesperado, sus alternativas son pocas y son las de un desesperado.

¿Que sicario?, pues sicario; ¿que mariguanero?, pues mariguanero; ¿que secuestrador?, pues secuestrador; ¿que ladrón?, pues ladrón, ¿que mil usos?, pues mil usos; ¿que nini?, pues nini; ¿que vago y mantenido?, pues vago y mantenido. No hay empleos para tanto muchacho que está en edad de trabajar o que ya terminó la universidad o cualquiera de las carreras técnicas. ¿Y cómo han vivido los michoacanos por los siglos de los siglos? Pues así, de la agricultura, la ganadería y los oficios; los pueblos tienen su ritmo y sus necesidades, hoy hay prepas en cada pueblo y universidades regionales y en línea y las opciones de prepararse son mejores. ¿Preparase para qué? La fábrica de desempleos no para, más que cuando hay paros y huelgas porque el dinero no alcanza para pagar a maestros y empleados jubilados y estudiantes aparentemente pobres, de aquí y de otros estados, llamados moradores de casas del estudiante.

Antes que crecer como fábrica de desempleo, la Universidad debe disminuir su matrícula hasta el alcance de su presupuesto y aceptar únicamente michoacanos, dar un pequeño número de becas con promedio de ocho y suspender los subsidios a las casas del estudiante, dejar de pagar jubilaciones del presupuesto que pagamos todos del dinero fiscal del estado y pagarles a los maestros que vayan a dar clase, a los faltistas, ¡fuera!, los bragueteros, ¡fuera¡; los ineptos, ¡fuera! Entonces sí podemos hablar bien de la llamada “nuestra querida universidad”. A los administrativos, como a los del OOAPAS, liquídenlos a todos y contraten una empresa de limpieza y otra de oficinistas.

Pero no quiero desviarme hacia los imposibles, el momento artificialmente generado para desviar la atención del gasolinazo debe olvidarse, centrémonos en las reformas estructurales, en frenar la venta de la patria; tal vez sea demasiado tarde, los mecanismos legales y políticos están actuando, los pinos y el Palacio Nacional terminarán, por vocación turística, como salones de fiestas, pero eso sí, la deuda pública que crece y crece, el dinero de la venta de las paraestatales y el de la riqueza nacional desincorporada se ha hecho humo y nada; las abejitas que trabajan en la miel se llevan en sus patitas un poco de dulzura, las abejitas Duarte, la abejita Padrés, la abejita Borge, las abejitas obreras, ¿y las abejitas michoacanas?

Mantengo cierta distancia escéptica de los acontecimientos nacionales, respecto al nuevo presidente de Gringolandia, no le creo ni al tirio ni al troyano, son distractores, uno para hacer ruido y alharaca y el otro para salvar el pellejo frente a un pueblo indignado, agredido, sin brújula y sin más opciones que aflojar el cuerpo. Los negocios son negocios y para hacerlos debe convenirse entre las partes, si les conviene harán negocio, si nos conviene haremos negocio, si no, no; el comercio seguirá como práctica de las sociedades humanas por los siglos de los siglos, su manejo político es otra cosa y eso es lo que anda flotando en el ambiente.

Somos una figura política, un Estado con territorio, gobierno, pueblo y soberanía, pero económicamente, militarmente, comparados con los gringos, somos cero al poniente, como aquel club de poetas de Sahuayo que presidia don Albertito Barragán, ¿con qué cara reclamamos? No nos queda más que decir como aquel célebre y respetado notario de Uruapan, el licenciado Loya: “Me lo quiebran pero me lo oyen”. En Michoacán seguiremos siendo destino de visita a ruinas arqueológicas y paisajes pintorescos, arquitectura en deterioro; todos los pueblos michoacanos son Pueblos Mágicos pues viven de milagro, en espera de la fiesta patronal, las Fiestas Patrias, que salgan las mojigangas, los mismos toritos, las mismas maringuías, los mismos ricos, los mismos pobres, salvo los nuevos ricos de la delincuencia de cuello blanco o negro, los responsables de nuestras tragedias de tanto degollado y acribillado, de tanto gasto ineficiente, distraído y sin comprobar. Acá nos tiene Trump sin cuidado, cada quién su cruz y aludo al lugar común más común de los comunes: “cada pueblo tiene los gobernantes que se merecen”, y cito al poeta Ramón Martínez Ocaranza, de su dedicatoria de “Patología del ser”: “Yo no creo en las palabras del Nuevo Testamento. Yo creo en las maldiciones del Antiguo Testamento. Creo en Moisés, el padre del destino terrible: …generación de víboras: ¿Cómo queréis ser buenos si vuestro corazón esta podrido?”.

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