Jerjes Aguirre Avellaneda
¡Para el debate por Michoacán!
Acelerando los tiempos políticos
Viernes 3 de Febrero de 2017
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Los que quieren ser candidatos en el proceso electoral de 2018 para ocupar los puestos de regidores, síndicos, presidentes municipales, diputados locales y federales, senadores de la República para representar los intereses de su estado ante la Federación, y aún la Presidencia de la República, han acelerado sus actividades de precampaña en la búsqueda de esas candidaturas. Para todos los aspirantes hoy parece ser su oportunidad, puesto que mañana, por cómo se hace la política, podrían cerrarse todos los caminos.

Con las formas y contenidos propios de esta época, en la que los principios y proyectos políticos crecen de importancia, puede observarse a los aspirantes a candidaturas realizar los máximos esfuerzos en la construcción de una “popularidad” vacía de propuestas programáticas y de compromisos con el futuro, buscando reacciones favorables de los ciudadanos y votos potenciales que configuren “posicionamientos seguros” para ganar en las jornadas electorales. En toda la estrategia, la educación política ciudadana carece de importancia y sólo fue parte de la “retórica del pasado”, según se dice.

Es la época de pragmatismo y de lo llamado “macabro bello” como absurdos de la democracia. En este ambiente y con estas mentalidades ningún político “respetable” actúa comprometido con sus convicciones, sino con la lógica de sus propias conveniencias
Es la época de pragmatismo y de lo llamado “macabro bello” como absurdos de la democracia. En este ambiente y con estas mentalidades ningún político “respetable” actúa comprometido con sus convicciones, sino con la lógica de sus propias conveniencias
(Foto: ACG)



Los políticos actuales, esos que buscan candidaturas, en la mayoría de los casos son personajes que corresponden a la descripción de Luciano Concheiro, quien escribió recientemente en la revista Nexos que “el buen político es aquel que tiene ideales maleables y, además, sabe cómo cambiarlos velozmente para adecuarse a los que dicte la coyuntura. Los principios rígidos son un lastre. El compromiso político corresponde a otra época, una en la cual se confiaba en el futuro. Para comprometerse, así como para ser fieles, debe superarse el presente y pensar en el mañana. Esto se ha vuelto imposible: la única preocupación son los eventos cotidianos”.

Ahora importa la “imagen” que “posiciona”, y para construirla se busca la participación de los medios de comunicación, desde las redes sociales y los espectaculares hasta los spots de radio y televisión, sin faltar las entrevistas y notas de prensa con cualquier pretexto inmediato que tenga que ver con las necesidades urgentes y las percepciones colectivas, que faciliten identificar al aspirante con las decisiones para resolverlas. También, ante el objetivo de que el político alcance “imagen pública” difícil de cuestionar, se potencializa la importancia de la demagogia y el cinismo como prácticas recurrentes en la captación de simpatías y preferencias.

Es la época de pragmatismo y de lo llamado “macabro bello” como absurdos de la democracia. En este ambiente y con estas mentalidades ningún político “respetable” actúa comprometido con sus convicciones, sino con la lógica de sus propias conveniencias, creyendo que lo que es bueno para él es bueno para toda la sociedad, reduciendo la historia hasta los límites de su historia personal, de sus éxitos y fracasos, entendiendo que las posibilidades de las posiciones de poder, se refieren exclusivamente a la capacidad de mandar, sin importar en lo absoluto por qué y para qué de ese mando, de esa facultad de mandar.

No obstante, aun cuando sea lo dominante, la realidad implica y enseña que la dinámica de la política transcurre de manera distinta, con causas y atributos que van más allá de las modas, creencias y hábitos. No son suficientes las justificaciones “técnicas” por parte de quienes tienen el “poder de mandar”, para ocultar la esencia de la política, intentando hacer creer que el poder político es inmutable, que no cambia nunca y que sólo acepta correcciones en su funcionamiento. Este es el antiguo sueño de los poderosos y por eso hablan del fin de la historia y de toda forma de racionalidad, expresada en la inconformidad y la crítica que promueve el cambio.

Y sin embargo, el poder y la política cambian en consonancia con los cambios de la sociedad. Cada elección federal y local es distinta de la anterior por más que haya “camisas de fuerza” que pretendan sujetar los procesos a esquemas preestablecidos. Ello explica la importancia de los análisis políticos que trasciendan las “popularidades individuales” para acercarse a la compresión del conjunto de la estructura y el funcionamiento político, considerando los factores reales de poder que no son equivalentes a los partidos políticos, en su característica real de simples medios de participación electoral, cuyo monopolio ha sido roto por las candidaturas independientes.

En el mes de mayo del año pasado, en el marco del II Encuentro Latinoamericano de Consultores Políticos celebrado en Morelia, diferentes expertos expusieron sus apreciaciones sobre los escenarios electorales para 2018, mostrando las limitaciones de la teoría y el método para el análisis político dominante. Roy Campos, por ejemplo, dijo que se espera un panorama político “complicado” atendiendo a la “polarización” del voto, derivada del número de partidos contendientes. Por su parte, el argentino Daniel Hernán apuntó que lo importante son las “inquietudes de los ciudadanos” para el diseño de las estrategias del marketing político exitoso, en tanto que el especialista español en redes sociales Carlos Gutiérrez señaló el “hartazgo” de los ciudadanos como hecho que influirá en la comunicación política de 2018.

En estos tres casos típicos se muestra que las preocupaciones fundamentales de los estrategas de la comunicación electoral están referidas al diseño de “mensajes afectivos”, adecuados a las características del “receptos ciudadano”, con la finalidad de “garantizar” que su impacto motive las preferencias y actitudes favorables de los ciudadanos claramente llama la atención que no se trata de explicar procesos, sino simplemente de hacer creer que el o los candidatos promovidos representan la mejor opción. Al margen quedan las preocupaciones de los ciudadanos, que además de información para construir las “mejores imágenes”, ahora eligen las explicaciones que permitan comprender los acontecimientos.

Frente a los análisis de “popularidad” y “aceptación” son necesarios los análisis que partan de la real correlación de las fuerzas políticas, de los grandes grupos sociales con sus demandas e interese específicos, de sus formas y niveles de organización, de sus liderazgos y conciencia política, de su disciplina y potencial de esfuerzo en las contiendas, sin descuidar el contexto internacional, considerando la alineación de países, los centros de poder y las ideas dominantes en escala planetaria.

Las condiciones políticas de México y de Michoacán son extraordinariamente difíciles, de crisis inclusive, para continuar con las improvisaciones, las rutinas electoreras y el abandono de la propuesta, los principios, los grandes valores y los ejemplos en el comportamiento con decencia y con ética. México ya no aguanta más de lo que mismo, Michoacán tampoco. Una nueva práctica y teoría política tiene que abrirse paso, por patriotismo, por dignidad y por vergüenza.
2018 representa una nueva oportunidad para dejar de experimentar y empezar a construir en firme y en definitiva. Los ciudadanos tienen la palabra.

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