Jerjes Aguirre Avellaneda
¡Para el Debate por Michoacán!
Desocupación y empleos emergentes
Viernes 18 de Marzo de 2016
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De acuerdo con el Censo de Población del año 2010, los habitantes de Michoacán eran cuatro millones 351 mil. Cinco años después, en el 2015, la Encuesta Intercensal de Población arrojó una suma de cuatro millones 348 mil personas, con una diferencia de cerca de tres mil michoacanos menos. La población disminuye en lugar de crecer, con particular referencia a más de 70 municipios de los113 de la entidad.

Las causas son diversas, si bien destacan como fundamentales el desempleo y el crecimiento de la pobreza. Según datos de la ST y PS, en el primer aspecto, del total de empleos que anualmente deberían crearse, estimados en poco más de 50 mil, sólo pudieron generarse quince mil en el año 2014, seguido de catorce mil en el 2015 en números redondos, con una expectativa de 16 mil para el año en curso, incluyendo tanto los empleos permanentes como los eventuales. Mientras tanto, ¿qué hacer, cuál es la solución que encuentran los 35 mil michoacanos que cada año demandan trabajo sin encontrarlo?

Por otra parte, tomando como indicador el índice de pobreza laboral, se tiene que entre el 2012 y el 2015, incluyendo los tres meses del gobernador Aureoles, el porcentaje de trabajadores en pobreza laboral pasó del 36.9 al 44.7 por ciento del total, equivalente a que esos trabajadores están imposibilitados para adquirir y consumir los alimentos que integran la canasta básica y que, en números absolutos pasaron de 664 mil en el 2012 a 846 mil 870 trabajadores en el 2015. La pobreza crece entre los que trabajan y, entre los que no trabajan, aumenta su miseria y se marchan.

entre el 2012 y el 2015, incluyendo los tres meses del gobernador Aureoles, el porcentaje de trabajadores en pobreza laboral pasó del 36.9 al 44.7 por ciento del total
entre el 2012 y el 2015, incluyendo los tres meses del gobernador Aureoles, el porcentaje de trabajadores en pobreza laboral pasó del 36.9 al 44.7 por ciento del total
(Foto: Cambio de Michoacán)

En estas condiciones, el gobierno del estado formuló y puso en marcha el Programa Emergente de Empleo para Michoacán, que tiene como objetivo la creación entre diciembre del 2015 y julio del 2016, de 33 mil 566 empleos en esos meses, equivalentes a cuatro mil 196 puestos de trabajo al mes y 140 ocupaciones al día. Textualmente el documento del programa establece que su objetivo consiste en “sustentar, reforzar y fomentar la creación de fuentes de empleo en el corto plazo”, bajo la figura de “programa emergente que se centra en el objetivo de proporcionar las condiciones necesarias e inmediatas para aumentar el empleo en el estado”.

Aparentemente, el programa dejaría de estar referido a los empleos creados por el gobierno, con cargo a su propio presupuesto y programas operativos, sino que estaría orientado hacia la generación de condiciones para que los distintos sectores de la economía dispusieran de estímulos para invertir y con ello, generar fuentes de ocupación. Hasta hoy, que se sepa, no hay empleos sin inversión, entendiendo que invertir tiene como finalidad crear fuentes de trabajo y el trabajo, producir riqueza.

Sin embargo, el programa indica que en sus objetivos están involucradas 17 dependencias estatales y 31 programas operativos, destacando diez programas de la Sedrua y diez de la Sedeco, comprometiéndose la Sedrua con una meta de dos mil 716 empleos y la Sedeco con seis mil 878, teniendo como plazo hasta julio entrante, dentro de cuatro meses. No obstante, los mayores compromisos están señalados para la Semarnat, Conafort y Conanp, con su programa de trabajo temporal con cuatro mil empleos; Conavi en la construcción de vivienda, con ocho mil 129 empleos; el IIFEEM en la construcción y rehabilitación de escuelas, con cuatro mil 064 empleos, y la SCOP y SCT, en el mejoramiento carretero y de caminos, con dos mil 660 empleos.

En el esquema de este Programa Emergente de Empleo para Michoacán, carecen de participación los distintos sectores económicos, en especial los empresarios, asumiendo compromisos de inversión y, los sectores sociales potencialmente generadores de empresas, utilizando el crédito y las disponibilidades institucionales de apoyo técnico. No se trata, en consecuencia, de un programa integrado para la creación de empleo, sino que sugiere más bien, tratarse de una suma de los empleos esperados, derivados del gasto y la inversión pública federal y estatal, al margen de los tiempos en que se calendariza su ejercicio. Ello es particularmente importante, porque se supone que la meta consiste en arribar al mes de julio de este año habiéndose creado 33 mil 566 empleos, aun cuando proporcionalmente sean dominantes las ocupaciones temporales respecto de las definitivas.

En otro aspecto, a pesar de que el documento del programa destaca el “interés del gobierno, (en) aprovechar el potencial de la economía local para detectar nuevas posibilidades productivas desde la base de la colaboración de los distintos agentes locales de nuestros municipios”, no hay ninguna referencia a la forma como deberían concurrir los gobiernos municipales y los distintos factores que interfieren en el desarrollo local y regional. En su distribución territorial el Programa Emergente carece de todo significado.

Las dudas y las preguntas sobre la consistencia y alcances del programa son amplias y variadas. En última instancia, en términos probabilísticos, las matemáticas indicarían la inexistencia de fundamentos reales para que pueda cumplirse la meta de 33 mil 566 empleos, de los que sean, definitivos o pasajeros, entre diciembre pasado y julio venidero. Haría falta, en todo caso, un corte evaluatorio actual, que permita conocer los avances y los pendientes.

Menos mal que el Colegio de Economistas de Michoacán estableció un observatorio encargado de dar seguimiento al cumplimiento de este programa. La sociedad michoacana necesita distinguir la realidad de la ficción.

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