Aquiles Gaitán
Las palabras
Martes 7 de Febrero de 2017
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Quien no ha vivido las palabras no sabe el significado de las mismas. Cuando alguien dice palabras que no entiende o que no siente es incoherente, miente, engaña, se engaña a sí mismo y trata de engañar a los demás. Hoy vemos a los oradores decir palabras que la realidad desmiente, exponen sus razones en busca del aplauso, pero la gasolina ya incendió la pradera y aunque el incendio de los primeros días está casi extinto, el daño está hecho, el galope del caballo inflacionario no se detiene, corre enloquecido como el discurso que tampoco se detiene, pues de agravio en agravio también las palabras han enloquecido, ya no enojan a nadie, ya no les damos importancia.

El esquema político de este país está agotado, son tantas las barbaridades y mentiras que ya ni el enojo vale la pena, ya no les damos importancia, el desencanto es pleno.
El esquema político de este país está agotado, son tantas las barbaridades y mentiras que ya ni el enojo vale la pena, ya no les damos importancia, el desencanto es pleno.
(Foto: Cuartoscuro)

Democracia, libertad, soberanía, justicia, bien y mal, honestidad, palabras cuyo significado está enfermo, requieren precisarse, definirlas y defender su significado como la única alternativa de curarlas. A veces, al fin pueblo, he pensado en ir a dar gracias a la Villa, como de pequeño me llevaron; postrarme como miles ante la última instancia, la divina, la de la Virgen de Guadalupe que cubre con su manto al desvalido, pero eso es subjetivo, no tiene efectos reales pero reconforta a los fieles devotos; ¡gracias!, porque no nos ha ido peor ¡gracias!, por no dejar que lleguen al poder gentes más limitadas; ¡gracias!, porque la resignación y la mansedumbre no se acaben.

David Ricardo tenía razón al decir que la riqueza de las naciones es la tierra, así, la riqueza de los ciudadanos es la tierra y así es ¿Por qué no se organiza la producción de la tierra? Es cierto que la vida moderna produce riqueza con la fabricación de bienes, pero solamente a partir de nuestros orígenes podemos intentar un mundo diferente.

La destrucción sistemática de la tierra y lo que sobre de ella está, como el agua y el propio suelo, la contaminación del aire, que es de tal magnitud que está derritiendo los polos y cambiando la temperatura; la basura y los drenajes no son parte de la agenda de los michoacanos, la delincuencia, que sí forma parte de esa agenda, baña de sangre día a día los periódicos y el territorio y no se acaba por más recursos que se destinan a ello, pero no tienen por qué seguir la misma suerte los territorios libres de delincuencia. Centremos nuestra organización en las actividades productivas lejos de las lenguas sueltas y cartas a los Santos Reyes. ¿O serán misterios que los humanos no podemos resolver? Esa actitud de llegar a aprender en un encargo especializado implica, además de trabajar con ahínco, conocimientos plenos de lo que se está haciendo; de lo contrario nos vamos a la barranca y ya no es posible seguir con la actitud de callar y obedecer. El esquema político de este país está agotado, son tantas las barbaridades y mentiras que ya ni el enojo vale la pena, ya no les damos importancia, el desencanto es pleno.

¿Qué modelo de país queremos? Los que se sienten con brío para concebir un mundo diferente no pueden vencer sus miedos, se requiere absoluta confianza en las propuestas y en sí mismos, abrir la mente. Estar despiertos y respetarse a sí mismos ¿es mucho pedir? Pues sí, pero sólo así podemos a entender la rueda, confirmar nuevamente la ley de la gravedad, descubrir que la honestidad existe, que se puede soñar, que se puede organizar una sociedad, que se puede producir lo necesario, que con organización podemos hacer un país diferente. Hoy se grita, se demanda, se exige ¡Unidad! ¿Unidad de qué si estamos hechos añicos cuando no polvo? ¿Podemos unir el polvo?, tal vez con un fuerte aglutinante y el único con esas características se llama ideología; sí, ideología, esa que está casi en el olvido y de la cual medran las oligarquías de la partidocracia y a su sombra, las demás oligarquías que dominan la vida cotidiana de un pueblo miserable; ya no tenemos nada, ni los trenes ni las carreteras que hoy cobran el anticonstitucional peaje, ninguna empresa, ni la electricidad, ni la siderurgia y ahora ni el petróleo, pagamos por vivir en una casa, por trabajar, por gastar, por comprar gasolina y los representantes populares celebran alianzas políticas para que el reparto del pastel sea más generoso, ¡No!, no son águilas calvas las que vuelan en círculos sobre México, son los buitres de fuera y los zopilotes de dentro que están esperando su pedazo de carroña, por ahora picotean su sombra.

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