Jerjes Aguirre Avellaneda
¡Para el debate por Michoacán!
Viernes 10 de Febrero de 2017

Ante los peligros, la fuerza de la unidad nacional

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Las decisiones y acciones antimexicanas de Donald Trump alientan el conocimiento de los mexicanos sobre sus fortalezas y debilidades, sobre lo que han hecho mal y sobre la necesidad de replantear sus grandes proyectos nacionales. Ahora más que nunca saben del costo de los olvidos históricos, de dejar de aprender de la historia y del diseño de futuros a partir de falsas expectativas, sobre la vecindad y la amistad con Estados Unidos.

Hoy es útil recordar la historia de Estados Unidos para conocer cómo se hicieron y los principios y valores con que están forjados. Recordar que de pequeños asentamientos de “peregrinos religiosos” hostilizados en Europa, fundadores de colonias inglesas en Norteamérica, crecieron mediante el exterminio de la población aborigen, la compra de territorios a Francia, España, y Rusia, así como del “botín de guerra” obtenido de México, en aquella desigualdad y vergonzosa guerra de 1846-1848. Aparte está la expansión de Estados Unidos en las Antillas, con Puerto Rico, que terminó como “Estado Libre Asociado”, y Cuba, que en los hechos hasta el triunfo de la Revolución en 1959 pudo entenderse como “protectorado norteamericano”, sin contar con los arrendamientos y tratados para ocupar islas de Centroamérica y el Pacífico, hasta la incorporación de Hawái como uno de los estados de la Unión.

En las circunstancias del presente, algunos de los grandes objetivos de unidad nacional tienen que colocar, en primer lugar, la defensa de la independencia y la soberanía nacional, puesto que sin ello el país deja de existir
En las circunstancias del presente, algunos de los grandes objetivos de unidad nacional tienen que colocar, en primer lugar, la defensa de la independencia y la soberanía nacional, puesto que sin ello el país deja de existir
(Foto: Cuartoscuro)



La tesis del presidente James Monroe de 1823, considerando “América para los americanos”, fue ampliamente cumplida a través de intervenciones militares, la guerra y el saqueo de recursos naturales, el dominio comercial y financiero y la subordinación política. América Latina, comenzando por México, llegó a convertirse, efectivamente, a lo largo de los siglos XIX y parte del XX en el “patio trasero de Estados Unidos”.

Estados Unidos participó hegemónicamente en el proceso de globalización en condiciones de pleno dominio, hasta que después de la Segunda Guerra Mundial, con el surgimiento de la Unión Soviética y de la Revolución China en 1949, que convierte a esa nación en una potencia económica, política, militar y cultural en escala planetaria, el poder en el mundo perdió su condición unipolar y adquirió hasta el presente la característica de multipolaridad.

Ahora son evidentes las razones de los ideólogos de la globalización del mercado, en sus pretensiones para hacer de la historia, la nación y la patria, conceptos y realidades completamente muertas. Muy a su pesar y por el contrario, la crisis de la globalización del mercado muestra la importancia del rescate y fortalecimiento del sentido y el orgullo de pertenencia nacional y de los principios que otorgan valor supremo a la independencia y soberanía de cada nación, en lo que son y en lo que quieren ser.

Después de las últimas elecciones, con Donald Trump, Estados Unidos pretende volver a la “política del garrote”. Las medidas que ha decidido el nuevo presidente son diversas pero todas agreden y buscan deliberadamente causar daño a México. Trump actúa como si fuera enemigo de México en lugar de presidente de un país vecino. Entre lo más destacado que ha decidido hasta hoy podría citarse lo siguiente:

La construcción del muro fronterizo, junto a la absurda pretensión de que México pague su costo. La expulsión de los migrantes indocumentados, con una cifra aproximada de 6.1 millones de mexicanos. Los señalamientos amenazantes para fijar impuestos a las remesas y a las exportaciones mexicanas. La prohibición de facto de inversiones norteamericanas en México y la revisión-amenaza para concluir el Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá.

Con Trump, la globalización del mercado y la era de la cooperación y la interdependencia llega a su fin. Según sus propias palabras, sólo deben prevalecer los intereses de Estados Unidos por encima de todo y todos los demás. El Brexit, los problemas con Grecia y las inconformidades de Italia y España representan apenas pequeñas fisuras en el mercado global frente a las rupturas de fondo que impulsa el nuevo presidente de Estados Unidos.

En estas condiciones, la actitud y la conducta del gobierno mexicano han sido congruentes con el imperativo para la defensa de la economía, los migrantes y las relaciones comerciales con Estados Unidos. Debe destacarse que por el tamaño de los desafíos, las amenazas y los peligros, la unidad de los mexicanos tiene carácter esencial y es imprescindible por razones de dignidad y de integración nacional. Sin embargo, la unidad de los mexicanos tiene que lograrse, mantenerse, fortalecerse y ponerse en acción en función de objetivos que formen parte de la conciencia y los sentimientos de todos los mexicanos.

En las circunstancias del presente, algunos de los grandes objetivos de unidad nacional tienen que colocar, en primer lugar, la defensa de la independencia y la soberanía nacional, puesto que sin ello el país deja de existir y ya no habría nada que defender. Después, México tiene que buscar en su historia y en su presente, haciendo uso de su experiencia como país, para redescubrir la realidad de sus grandes potencialidades, en sus recursos y en su población, las soluciones a sus enormes retos, cuestionando las causas que condujeron a la crisis de hoy, revisando el modelo de desarrollo para transformarlo en todo lo que sea pertinente para el país y para los mexicanos. Ciertamente habrá que ampliar el mercado interno con empleos y con salarios suficientes, cambiando la estructura empresarial del país, incentivando la participación de todos, empresarios, trabajadores y gobierno, para desplegar la creatividad de los mexicanos, en el trabajo, el conocimiento, científico y tecnológico, la democracia y la cultura. Nada le hace falta a México si se propone construir su propia grandeza.

Hace muchas décadas se advirtió de los riesgos que conlleva la dependencia económica, comercial, financiera y tecnológica de Estados Unidos. En aras de las supuestas ventajas comparativas, propias del mercado, México dejó de producir su propia maquinaria, cancelando su propósito para disponer de industria pesada, a la vez que sus inventos y los descubrimientos de sus científicos, fueron comprados y aprovechados por las grandes corporaciones internacionales. Se dijo que América Latina, del Suchiate a la Patagonia, estaban los hermanos de historia, de cultura y significados de la vida. Mirando hacia Asia, se construyó el Puerto Marítimo de Lázaro Cárdenas y para dotar de energía a su industria, en especial del acero, se construyeron las hidroeléctricas de Infiernillo y La Villita.

Todo ese esfuerzo, esos enormes recursos aplicados, fueron abandonados y los bienes creados fueron vendidos en remate a particulares, muchos de ellos extranjeros, con la idea de la “integración”, de las “cadenas de valor”, de la decencia del principal socio para los negocios. México cometió errores de rumbo y hoy, en el siglo XXI, un presidente norteamericano, con insultos, ofensas y amenazas, pone en peligro al país entero. Por eso la trascendencia de corregir el rumbo y de que México se reencuentre a sí mismo.

Para la historia, el “muro fronterizo” será el símbolo de la prepotencia y decadencia norteamericana y la línea que separa dos pueblos, distintos en historia, en sus concepciones más amplias sobre la sociedad y el universo, en su cultura, que del lado mexicano, incluye la invención del calendario solar y el cero matemático y donde se asigna el máximo valor humano a la vida y la dignidad.

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