Ramón Guzmán Ramos
Sección XVIII: El congreso inconcluso
Sábado 19 de Marzo de 2016
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Alguien podría decir que se trata de una maldición: en cada congreso para elegir a la nueva dirigencia seccional se producen confrontaciones internas que dejan al movimiento en una posición vulnerable, de debilitamiento gradual. Hasta cierto punto es natural. Los maestros cuentan con la oportunidad de participar en los espacios que se tienen para exponer de manera permanente el modo como conciben la orientación y los giros que sigue el movimiento. A partir de cuestiones así se crean tendencias de pensamiento que adquieren al interior una expresión organizada. Algo así es positivo para el debate, para el análisis y la construcción colectiva de los acuerdos. Lo lamentable, lo que a la postre resulta perjudicial para el movimiento, es que estas tendencias de pensamiento acaben convertidas en grupos de interés o en fracciones que actúan con autonomía propia al interior de la sección.

Existe otra realidad que todos conocen y que merece ser atendida y reordenada adecuadamente. Muchos maestros tienen lo que se llama una doble militancia. Tampoco es algo extraño que haya que condenar. Un gran porcentaje de maestros militan en partidos, en organizaciones políticas y sociales de diversa índole, de manera que hacen trabajo para ambos espacios de pertenencia. El problema surge cuando ven al movimiento magisterial como un territorio que es necesario conquistar para la organización política a la que también pertenecen. Convierten al movimiento, entonces, en un espacio de confrontación donde los intereses de sus respectivas organizaciones políticas prevalecen por encima de lo que debería ser un principio sagrado en el movimiento: su autonomía como tal. No se trata de prohibir que los maestros elijan pertenecer a otros organismos, pero tampoco se trata de que vean al movimiento como un coto del que se pueden adueñar para imponerle sus propios controles y su dirección siguiendo la línea ideológica de su otra militancia. Esto explicaría en gran parte una de las causas principales de las divisiones que ha sufrido la Sección XVIII cada vez que algún evento de importancia estratégica se lleva a cabo. Los partidos y organizaciones políticas que tienen a sus miembros militando en movimientos sociales debieran sostener como uno de sus principios centrales el respeto hacia la autonomía de tales movimientos. De lo contrario, lo único que se logra es un tipo de corporativismo que es la negación misma de la democracia y el cambio con sentido libertario.

En este congreso el fenómeno de la corrupción fue puesto también sobre la mesa. Varios personajes destacados fueron señalados y sus casos quedaron en la Comisión de Honor y Justicia. Algunos de ellos competían para hacerse de espacios de representación sindical. No ha quedado claro si las acusaciones tienen fundamento o si fueron usadas políticamente para desacreditarlos y sacarlos de la contienda. Esta es una de las asignaturas pendientes que han impedido, por cierto, la integración total del nuevo comité. Al final, como se sabe, fueron despojados de su calidad de delegados y expulsados prácticamente del evento. Sólo así fue posible destrabar los trabajos y lograr la elección de quien ocuparía la Secretaría General. El veneno de la corrupción era un secreto a voces. La venta de plazas, los privilegios personales, las preferencias ilegítimas en la distribución de los beneficios, la ocupación sin principios de los espacios de gestoría, las negociaciones particulares, los ascensos y colocaciones inmerecidos, por mencionar los de mayor envergadura, eran una práctica cotidiana que se realizaba tras bambalinas, a espaldas de las bases y pasando por derechos legítimos de quienes desde abajo sostienen al movimiento. Se han formado grupos y redes que negocian de esta manera con este tipo de prebendas y privilegios. No se trata de un fenómeno que haya corrompido ya al organismo entero, pero sí es una expresión peligrosa que podría extenderse y acabar con los principios éticos en que se fundó el movimiento.

Los trabajos del VII Congreso Seccional de Bases no fueron concluidos. Varios asuntos de vital importancia quedaron pendientes y han regresado a las regiones sólo para profundizar el encono y la división entre grupos y facciones. Fue un error garrafal de los delegados no haber aguantado el tiempo que fuera necesario, así como las adversidades emergentes que se presentaron, para concluir como todos desde las bases esperaban: con una nueva dirigencia democráticamente integrada y vuelta a poner en movimiento. Lo grave es que desde las regiones empieza a surgir una tendencia que cuestiona los acuerdos a los que se alcanzó a llegar en el Congreso. Si se deja crecer podría tratarse de una tendencia que no sólo dividiera en lo interno sino que desgajara a la sección, provocando un nuevo desprendimiento o el colapso desde adentro. Esto explicaría también la vulnerabilidad en que se encuentra en estos momentos la Sección XVIII y las primeras señales de parte del gobierno de una nueva embestida.

El movimiento magisterial en Michoacán se encuentra en una situación de alto riesgo. Si no resuelve la presente crisis con una visión integradora, pero con la energía que también se requiere para ordenar las expresiones divergentes y encauzarlas por la vía del debate y la responsabilidad, no tendrá la fuerza y la compactación humana que se necesita para enfrentar los retos que se le vienen encima. Uno de los principios de la discusión interna es que debe haber libertad para que todos expresen sus opiniones y sus propuestas en los diferentes espacios que existen para ello, pero una vez que transcurren los periodos de debate y llega el momento de construir acuerdos y ratificar o abrir caminos inéditos, las diferencias deben aguardar para el siguiente evento, o para cuando los lineamientos se prueben en la realidad y haya que hacer los ajustes o cambios pertinentes. No se puede simplemente dejar que las cosas pasen y ver cómo afectan o no al movimiento. Sin disciplina –y me refiero, desde luego, a la que surge de la visión y la conducta que se asume de común acuerdo– no hay avance en ningún proyecto, menos cuando se trata de un propósito tan grande como el que tiene desde sus orígenes este movimiento: democratizar al sindicato, a la educación y a la sociedad y participar en los esfuerzos que se hacen a nivel nacional para evitar que el país se nos vaya por el precipicio.

Integrantes del magisterio democrático.
Integrantes del magisterio democrático.
(Foto: Héctor Sánchez)

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