Julio Santoyo Guerrero
La defensa de México
Lunes 13 de Febrero de 2017
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Cuando México atraviesa por uno de los peores momentos en su política interna emerge ante la fuerza del fascismo en Estados Unidos, liderado por el arrogante militarista Donald Trump, imposible ocultar la desventaja y la debilidad. No sólo se trata del papel pusilánime y entreguista que está protagonizando el gobierno de Peña Nieto a través de su secretario de Relaciones Exteriores, que sin estrategia ni voluntad de acción está esperando la gracia y las migajas de quien sólo tiene odio para nuestro país. No sólo se trata de la añeja desconfianza y profundo desgaste de la clase política mexicana que ante la sociedad luce absolutamente impresentable, vestida de corrupción, ineficacia e impunidad. Lo más grave es que la descomposición ha llegado a tal punto que la propia sociedad mexicana desconfía entre sí, de cualquier nuevo liderazgo emergente, y en sí de su propia capacidad para transformar lo que por años no ha podido cambiar.

México debe estar en movilización permanente y sus banderas deben ser claras y exigentes de una política exterior digna, firme, sustentada en hacer valer nuestra soberanía y el derecho internacional, activa en los foros mundiales para fortalecer los princ
México debe estar en movilización permanente y sus banderas deben ser claras y exigentes de una política exterior digna, firme, sustentada en hacer valer nuestra soberanía y el derecho internacional, activa en los foros mundiales para fortalecer los princ
(Foto: TAVO)

¿Cómo defenderemos los mexicanos la soberanía del país y los intereses nacionales que ya están afectando las ultraderechistas políticas de Trump a partir de las ruinas políticas que hoy tenemos?, ¿cómo, si ni para coordinar una movilización nacional anti Trump ni las derechas ni los centros ni las izquierdas logran ponerse de acuerdo en una sola consigna? Es lamentable y ello representa la fortaleza que le obsequian los mexicanos a los racistas estadounidenses, que sin duda aprovecharán para impulsar con mayor agresividad la agenda de odio que se han propuesto. Las derechas, los centros y las izquierdas encapsuladas en su estrechez de miras optan mezquinamente por convocar a los mexicanos por separado para que no se contagien de los otros, para que cada quien desde su casa y desde sus redes sociales expresen su enojo en un estéril "me gusta". Cuando se trata en esta hora crítica del país de promover la movilización física, masiva en las calles, para que sea notorio que millones de mexicanos no sólo resistimos, sino que vamos a derrotar al fascismo del gobierno estadounidense.

México debe estar en movilización permanente y sus banderas deben ser claras y exigentes de una política exterior digna, firme, sustentada en hacer valer nuestra soberanía y el derecho internacional, activa en los foros mundiales para fortalecer los principios democráticos y promover iniciativas de organización regional con Latinoamérica, con Europa, Asia y África, para detener la amenaza fascista que hoy gobierna a Estados Unidos. El pueblo de México debe estar claro también en que al mismo tiempo deben levantarse las banderas de lucha contra la corrupción del sistema político mexicano, contra el gasolinazo, contra la impunidad, por la exigencia de la seguridad, por la exigencia de gobiernos eficientes y transparentes.

En los difíciles días que están corriendo la única y cierta fortaleza de México radica en su sociedad movilizada. La posibilidad de que el gobierno de la República vaya en picada en las próximas semanas, por su incapacidad y tibieza ante el embate de los halcones de Washington, la aplicación de nuevas medidas económicas lesivas para los mexicanos que menos tienen y por ello la reacción agravada de inconformidad sólo puede ser superada con el respaldo de un México movilizado. La inacción de los mexicanos nos colocaría como corderos en las fauces de los lobos fascistas que gobiernan al norte de nuestra frontera, y no se puede esperar gran cosa de nuestra clase política que hasta ahora nos ha demostrado que no está a la altura de las circunstancias.

La defensa de México es hoy la unidad nacional, pero no la maliciosamente concebida como de unidad y perdón en torno a Peña Nieto, más bien como la unidad en torno a los intereses derivados de nuestra soberanía, en torno a las demandas de justicia social, en torno al combate contra la corrupción, como exigencia a todos los órdenes de gobierno para que cumplan dignamente con su deber, para que previendo la posibilidad de una crisis de gobierno el pueblo de México haga los cambios que deban proceder y no se deje esa tarea a los cabildeos de los poderes fácticos del país que nos han arrastrado hasta este punto.

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
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