Miércoles 15 de Febrero de 2017
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Malos días para el periodismo serio e independiente en Estados Unidos. El nuevo presidente, Trump, ha dejado claro que la “guerra” con la prensa que mantuvo durante su campaña electoral va a continuar, y acusó a los medios de mentir, entre otras cosas, sobre las cifras de asistencia a su investidura presidencial.

Napoleón Bonaparte, al ser derrotado por primera vez en 1814, fue desterrado a la Isla de Elba
Napoleón Bonaparte, al ser derrotado por primera vez en 1814, fue desterrado a la Isla de Elba
(Foto: Especial)

Trump dijo que los periodistas están “entre los seres humanos más deshonestos de la tierra”. Pero, ¿es merecida la fama de venalidad deshonestidad y falta de objetividad de la prensa?, ¿históricamente como se ha comportado el periodismo, no todo, pero sí una parte? Veamos estos datos.

Hace muchos años encontré un interesante relato sobre un episodio histórico que retrata el funcionamiento de la prensa escrita frente al poder político y militar. Es la descripción de un camaleónico mecanismo de supervivencia frente al poderoso en turno. El mencionado artículo relataba la rápida mudanza en las opiniones del diario El Monitor, popular periódico francés de la época de Napoleón I.

Como casi todo mundo sabe, al ser derrotado Napoleón I la primera vez, en 1814 (no la definitiva de Waterloo), que fue desterrado a la isla de Elba. Pero una cosa es que estuviera desterrado y otra que careciera completamente de poder e influencias. Napoleón escapó de la isla de Elba y desembarcó en el continente, en tierra francesa; su avance fue arrollador dado que contaba aún con numerosos seguidores e incluso varias de las tropas enviadas a contenerlo se le unieron en su marcha sobre París. La evolución de los titulares del diario Monitor muestra la calidad y la firmeza de las convicciones políticas del periodismo.

El 9 de marzo de 1815 el titular decía: “El monstruo escapó de su destierro". Nótese, no era calificado como emperador, ni siquiera como Bonaparte, era "el monstruo".

El 10 de marzo: "El ogro corso ha desembarcado en Cabo San Juan".

El 11 de marzo: "El tigre se ha mostrado en el terreno. Las tropas avanzan para detener por todos lados su progreso. Así concluirá su aventura miserable llegando a ser un vagabundo entre las montañas".

El 12 de marzo: "El monstruo actualmente ha avanzado por Grenoble".

El 13 de marzo los adjetivos cambian, ya no es monstruo ni ogro: "El tirano está ahora en Lyon, cunde el temor en las calles por su aparición".

Unos cuantos días después, el 18 de marzo, ya no es ni monstruo ni ogro: "El usurpador se ha aventurado a acercarse, está a 60 horas de marcha de la capital".

Un día después, el 19 de marzo ya no es usurpador: “Bonaparte avanza con marcha forzada, pero es imposible que él pueda alcanzar París".

El 20 de marzo las cosas siguen cambiando: "Napoleón llegará a los muros de París mañana".

Un día después, el 21 de marzo, el titular es escueto y definitivamente con otro tono: "El emperador está en Fontainebleau".

Y el 22 de marzo: "La tarde de ayer, su majestad el emperador hizo su entrada pública y llegó a las Tullerias. Nada puede exceder a la alegría universal. ¡Viva el Imperio!".

Como podemos ver, poco ha cambiado en casi 200 años cierto tipo de periodismo. Alabar y servir al poderoso, no importa el color que sea.

En sentido inverso al episodio napoleónico, nos encontramos el caso relativamente reciente de España con el tratamiento periodístico a Francisco Franco, personaje que recibió el mismo trato que Napoleón, sólo que al revés.
No se ocupa ser muy viejo para recordar el trato que recibía Franco en los periódicos de la España de los 60. “Su Excelencia”, “el Jefe de Estado”, “el Generalísimo Don Francisco Franco”. Así de largo el titulo en prácticamente todos los periódicos y documentos oficiales de España. A su muerte los diarios cabeceaban: “Un Hombre único, providencial e irrepetible".

Pero nada es eterno, en pocos años los mismos periódicos que antes lo alababan comenzaban a referirse a él como "el anterior jefe de Estado", "El general Franco", o simplemente "Franco".

Ya en los años 90, desaparecida toda posibilidad de un golpe de Estado con su consecuente regreso al pasado los diarios, al referirse a Franco escriben: “el tirano” o “el dictador”, y al referirse a su periodo lo califican como "la dictadura franquista".
Ya en el siglo XXI, con la valentía que da la lejanía histórica, estos periódicos, al referirse a Franco, le describen como "el genocida" o "el asesino", según el humor del editorialista.

Si por un imposible milagro resucitara Franco y repitiera lo que hizo en 1936 estoy seguro de que estos "periodistas" actuarían igual que sus símiles de la Francia napoleónica. Es cuanto.

Sobre el autor
"Medico, Especialidad en Cirugia General, aficionado a la lectura y apartidista. Crítico de la incompetencia, la demagogia y el populismo".
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