Ramón Guzmán Ramos
Trotsky, los años de formación
Sábado 18 de Febrero de 2017
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Liova se identificó con las ideas y el ejemplo heroico de los narodniki, o populistas, porque reivindicaban al pueblo en su conjunto como el sujeto del cambio.
Liova se identificó con las ideas y el ejemplo heroico de los narodniki, o populistas, porque reivindicaban al pueblo en su conjunto como el sujeto del cambio.
(Foto: Disse)

Liev Davidovich Bronstein nació en Yanovka el 26 de octubre de 1879 en el seno de una familia de origen judío, los Bronstein, que contaba con una posición económica desahogada. Su padre era dueño de una finca y tenía bajo su mando a varios trabajadores que se desempeñaban en condiciones de extrema explotación y vivían de una manera deplorable. A los siete años de edad fue enviado a Gromokla a estudiar en una escuela particular, pero duró ahí pocos meses.

En el otoño de 1888, familiares de su madre se lo llevaron a Odesa para que estudiara allá. Fue en este lugar donde se transformaría en un adolescente rebelde, irreverente, que desafiaba con arrojo todo lo que representara algún tipo de autoridad. Tuvo contacto con los grandes autores de la literatura rusa y de otros países y épocas, y descubrió el poder extraordinario de las palabras. Fue expulsado de la escuela por organizar un abucheo en coro contra uno de sus maestros pero sería readmitido al año siguiente. Su permanencia en Odesa se prolongaría hasta 1896.

En el verano de este mismo año llegó a Nikoláiev con el propósito de terminar sus estudios de secundaria. En esta ocasión se alojó en una pensión para estudiantes y fue a través de ellos que tuvo su primer contacto con las ideas socialistas de la época. En 1881, un grupo de conspiradores, pertenecientes a la organización denominada Narodnaya Volia (Voluntad del Pueblo), de origen populista, había asesinado al zar Alejandro II y esto dio origen a un recrudecimiento de la política represiva del régimen y a una discusión apasionada entre los revolucionarios sobre la viabilidad de los métodos terroristas. Liova, que apenas contaba con 17 años, fue invitado a participar en un círculo de estudios que tenía lugar en la huerta de un luchador veterano de nombre Franz Shvigovsky.

Liova se identificó con las ideas y el ejemplo heroico de los narodniki, o populistas, porque reivindicaban al pueblo en su conjunto como el sujeto del cambio. Los narodniki eran revolucionarios entregados sin reservas a su causa, dispuestos a cualquier tipo de sacrificio. Sostenían que, a diferencia de lo que pensaban los marxistas, en Rusia no había una clase obrera bien definida que constituyera mayoría en la sociedad; era en el campo donde las ideas de la revolución podían ser fecundadas. Y se fueron todos al campo a organizar a los campesinos. Pero éstos los vieron como personas extrañas y los rechazaron abiertamente, a veces hasta los denunciaban a la Policía zarista. Entonces los narodniki decidieron que, si no contaban por el momento con el respaldo directo del pueblo, ellos hablarían y actuarían en nombre del pueblo.

Al círculo asistía una joven de 24 años de nombre Alexandra Sokolóvskaya, quien se declaraba abiertamente marxista y encabezaba el otro bando en los debates. Los narodniki, decía, con todo y que nadie negaba su espíritu heroico, se habían equivocado de sujeto histórico para la revolución. No eran los campesinos el sector más atrasado de la Rusia zarista, sin conciencia de clase, dispersos como una masa amorfa y desarticulada por todo el país, los llamados a ser la vanguardia en la lucha revolucionaria y, luego, los constructores de la nueva sociedad. Pero ni siquiera eran los campesinos los que ocupaban el escenario histórico que imaginaban los narodniki. Habían sido sustituidos en las ideas y en las acciones por un grupo que, en su desesperación por no contar con el respaldo del pueblo, había caído en el terrorismo. Y las acciones terroristas, como el asesinato del zar Alejandro II, y después el intento de matar al zar Alejandro III, donde por cierto participó el hermano mayor de Lenin, quien sería ejecutado por ello, no ayudaban a la organización de los trabajadores. Sólo el marxismo, sostenía con arrebato la Sokolóvskaya, sobre todo cuando Liova la rebatía con ingenio punzante y de una manera frontal, podía ofrecerles a los revolucionarios una teoría científica para la acción y una perspectiva clara para saber cuál de las clases oprimidas estaba llamada históricamente a encabezar la lucha por la transformación socialista. A final de cuentas Liova se rendiría a los argumentos sólidos de la Sokolóvskaya, y también a sus encantos personales, ya que ella llegaría a ser su primera esposa.

El joven Liev ingresó a la Universidad de Odesa con el propósito de estudiar Matemáticas. De inmediato entró en contacto con los revolucionarios locales, y por ello sufrió un distanciamiento dramático con su padre. Se integró a la Unión de Obreros del Sur de Rusia, organización a la que llegaría a dirigir a los 18 años. Comenzó a publicar y a probar de puño propio el poder expansivo de la palabra al dar a conocer su pensamiento en un periódico de orientación socialista: Nashe Delo (Nuestra Causa). En 1898 lo detuvieron y lo recluyeron en la cárcel de Nikoláiev, de ahí lo trasladaron a la prisión de Jergón y luego a Odesa, donde permaneció hasta 1899 leyendo, escribiendo, convirtiendo su reciente experiencia revolucionaria en literatura, en reflexión teórica, visualizando el futuro a través de las fisuras de la historia. Como a casi todos los presos políticos que desde la izquierda luchaban contra el régimen de opresión zarista y por la construcción del socialismo, Liev sufrió también el destierro a Siberia, donde permanecería durante cuatro años. Antes de ser desterrado al infierno de hielo permaneció seis meses en Moscú. Ahí leyó un libro revelador que le aclararía muchas dudas sobre la realidad del país: El desarrollo del capitalismo en Rusia, de Lenin. Confirmó su reciente conversión al marxismo y abrazó la causa socialista con pasión febril. En 1900 contrajo matrimonio en la cárcel de Moscú con la que había sido su adversaria teórica en los debates memorables de la huerta de Shvigovsky: Alexandra Sokolóvskaya. De esta manera se pudo integrar a las colonias de emigrados que tenían un considerable margen de libertad en Siberia, donde pasó a formar parte de la Unión Socialdemócrata Siberiana, una filial del partido que Lenin estaba organizando desde el extranjero para dirigir la revolución.

En Siberia Liev se dedicó a leer y escribir sobre la situación en que se encontraban las organizaciones locales del partido que Lenin quería construir. Se dio cuenta de que había un enorme problema de desarticulación. Cada organización local actuaba por su cuenta y no había aún un centro que fuera capaz de darles a todas una articulación dinámica y un grado de coordinación general que las hiciera potencialmente poderosas. Era eso, a final de cuentas, aseguraba: la integración de todas las organizaciones locales a una organización mayor, con una dirección central, lo que estaba haciendo falta de manera urgente. En esto coincidió con la visión de Lenin. Pero Liev llegó a esta conclusión en la región más apartada del mundo, aislado de los centros donde se desarrollaban las acciones concretas y donde se discutían las cuestiones más candentes sobre la revolución y el instrumento que estaba haciendo falta para instigarla y dirigirla. Un partido disciplinado, con un alto nivel de conciencia marxista, con la capacidad de actuar como un solo hombre cuando fuera necesario, tanto a nivel local como nacional, que difundiera las ideas socialistas entre la clase obrera y la organizara para la acción; eso era lo que se ocupaba. En esta época, por cierto, comenzó a usar su primer seudónimo para firmar los trabajos que se difundían tanto en Siberia como en el resto del país y en el extranjero, sacados clandestinamente: Antid Oto.