Alejandro Vázquez Cárdenas
Don Alejo, un ejemplo
Miércoles 22 de Febrero de 2017
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A partir del 24 de febrero se exhibe en México el largometraje independiente El ocaso del cazador, protagonizada por el ya veterano Hugo Stiglitz y con la última actuación del recientemente desaparecido Mario Almada.

El ocaso del cazador, película que cuenta la historia de Don Alejo Garza, un hombre que murió defendiendo su propiedad y su dignidad del crimen organizado.
El ocaso del cazador, película que cuenta la historia de Don Alejo Garza, un hombre que murió defendiendo su propiedad y su dignidad del crimen organizado.
(Foto: Especial)

Esta película relata la hazaña del Don Alejo (con mayúsculas), un hombre que murió defendiendo su propiedad y su dignidad del crimen organizado.

Recordemos los hechos pues se trata de una acción que debería servir de ejemplo a todos nosotros.

Tamaulipas, es, si hacemos caso de las estadísticas, el estado más violento y peligroso de toda la República. Y fue precisamente en Tamaulipas donde el domingo 14 de noviembre de 2010, en la ranchería San José, a unos quince kilómetros de Ciudad Victoria, donde ocurrieron los hechos que se relatan.

¿Qué paso ese 14 de noviembre? El protagonista, don Alejo Garza Tamez, ranchero de 77 años, el sábado 13, en su rancho, recibió la visita de un grupo de hombres armados, a todas luces integrantes del crimen organizado, mismos que le dieron un ultimátum: tenía 24 horas para entregarles el predio o se atendría a las consecuencias. Con la calma de sus 77 años don Alejo les dijo que no les entregaría su propiedad y que ahí estaría esperándolos.

Después de que se retiraran los delincuentes reunió a sus trabajadores y les pidió que al día siguiente no se presentaran a trabajar, él quería que lo dejaran solo. Acto seguido se dedicó a hacer un recuento de sus armas y municiones y a preparar la defensa de su casa.

Llegó la noche y don Alejo se dispuso a esperar. Poco después de las 04:00 de la mañana se escucharon los motores de varias camionetas. Llegaron aproximadamente 30 hombres armados con rifles de asalto, entraron al rancho y se apostaron frente a la finca. Lanzaron una ráfaga al aire y gritaron que venían a tomar posesión del rancho. Acostumbrados a imponer su ley por la fuerza, lógicamente esperaban que la gente saliera aterrorizada y con las manos en alto pero no ocurrió así, don Alejo los recibió a balazos y con buena puntería; pronto un ejército entero disparaba contra la vivienda principal de la finca. Cayeron varios forajidos y los demás, enojados y frustrados, arreciaron el ataque. De las armas largas los sicarios pasaron a las granadas. Sólo así pudieron silenciar a solitario defensor del rancho.

Horas después, cuando los elementos del la Marina de México llegaron al rancho, se encontraron con un escenario impactante: la casona principal, casi destrozada por los impactos de bala y explosiones de granadas, y en la parte exterior de la finca, cuatro asaltantes muertos, más otros dos gravemente heridos e inconscientes. En el interior de la casa había un solo cuerpo, el de don Alejo, con dos armas a su lado y prácticamente cosido a tiros.
Decenas de cartuchos percutidos y un intenso olor a pólvora evidenciaban el valor de quien peleó, hasta el final de su vida, en defensa de su propiedad.

Este hecho dio origen a una gran cantidad de comentarios tanto de editorialistas y columnistas. En la casi totalidad de las opiniones se resalta y se reconoce tanto el valor como la determinación de don Alejo para enfrentar la máxima amenaza que puede recibir un humano, perder la vida. Imposible que no supiera el desenlace fatal que le esperaba; un anciano solo frente a docenas de sicarios con armas de asalto. ¿Qué lo impulsó a tomar esta determinación? Primero, una justificada desconfianza en la voluntad y capacidad de autoridades encargadas de velar por la seguridad de los ciudadanos; se sabia sin el apoyo de las autoridades, esas que cuando les avisan que el problema está en un lado corren hacia el otro.

Don Alejo, obviamente, conocía su entorno y su gente, y supo muy bien que en este desgraciado México no existe esperanza alguna de auxilio para las personas de bien, para el ciudadano común. Decidió entonces, en contra de la fría lógica y dando mayor peso a su dignidad, defenderse solo y pelear como hombre, solo, hasta el final. Peleó en defensa de su honor y su trabajo.
Hacen falta muchos Alejos.

Sobre el autor
"Medico, Especialidad en Cirugia General, aficionado a la lectura y apartidista. Crítico de la incompetencia, la demagogia y el populismo".
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