Jerjes Aguirre Avellaneda
¡PARA EL DEBATE POR MICHOACÁN!
México, el vacío de liderazgos
Sábado 25 de Febrero de 2017
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En México, visiblemente en todos los niveles y grupos, en las organizaciones y en la estructura institucional del Estado, existen grandes vacíos de liderazgo. Actualmente es difícil atribuir a los niveles de gobierno y a los gobernantes las características de liderazgo en su estricto significado sociológico, fundamentalmente en sus cualidades de inspirar confianza en sus seguidores en tanto que representación concreta de su voluntad y esperanza.

Los partidos políticos no son escuelas de liderazgo, como no lo son tampoco los sindicatos, las organizaciones campesinas y de productores, de la clase media y las instituciones de educación superior. Ahora, por extraño que parezca, son los ambientes artísticos y deportivos los que con mayor facilidad forman liderazgos en los que la gente cree, confía y vota para ocupar cargos de representación popular.

Los vacíos de liderazgo son al mismo tiempo una crisis de liderazgo sin inicio de solución por la incapacidad para entender la naturaleza del liderazgo y las ventajas de su formación deliberada, terminando con la espontaneidad en la formación de los líderes, partiendo del supuesto interesado de que “los líderes nacen, no se hacen”.

Donde hubo y hay gobernantes empresarios, líderes empresarios, la convivencia social eleva las prácticas salvajes entre los ciudadanos.
Donde hubo y hay gobernantes empresarios, líderes empresarios, la convivencia social eleva las prácticas salvajes entre los ciudadanos.
(Foto: Especial)

Habrá que insistir que en todo grupo humano, grande o pequeño, la presencia del liderazgo es una necesidad inevitable. El hombre siempre pertenece a grupos y en esos grupos, alguien, el líder, debe tomar las decisiones para actuar en cada momento y en cada circunstancia. Las decisiones pueden ser democráticas o autoritarias, pero alguien tiene que tomarlas para que el grupo pueda ponerse en acción.

Otro aspecto de los liderazgos se refiere a que si las decisiones tomadas son correctas o son incorrectas, reflejan en todo caso la calidad de los liderazgos y éstos, a su vez, la calidad de los grupos. A las características de un líder corresponden las características del grupo que representa y a la inversa, a cada grupo corresponde un determinado tipo de líder. En consecuencia, grupo y líder son coexistentes, lo uno no existe sin lo otro, según lo muestra la realidad en todos los tiempos y en todas las dimensiones y tamaños, el grupo de amigos, la familia, los grupos de trabajo, los sectores de la sociedad o clases sociales, sociedades enteras, pueblos y países.

Por otra parte, del mismo modo que no existe grupo sin líder ni líder sin grupo, la formación de los líderes es el resultado de la interacción entre lo uno y lo otro, correspondiendo al grupo el papel principal. La afirmación consiste en que el líder se forma, se hace en la relación que establece con su grupo y, en proporción directa, a mayor conciencia del proceso y de la realidad del grupo y sus problemas, mayor efectividad del líder en la identificación de soluciones, nivel de convocatoria y de dirección en la ejecución de esas soluciones compartidas.

En México han existido distintos tipos de liderazgo que corresponden a condiciones históricas específicas. Uno fue el liderazgo revolucionario que predominó hasta los años 70 del siglo pasado. El otro es el líder tecnocrático, seguido del liderazgo que corresponde al líder empresario, en constante expansión y predominio.

El líder revolucionario estaba vinculado con las habilidades de la guerra revolucionaria, caracterizándose por sus cualidades para la organización y de mando, con sentido táctico y estratégico. Esencialmente sabía que la guerra revolucionaria se hacía para “servir al pueblo”, de acuerdo con los contendidos de cada plan revolucionario, referidos invariablemente a la liberación de los campesinos de la sujeción terrateniente, la vigencia de los derechos obreros, “el bienestar del pueblo” y, por encima de todo, la soberanía de la nación y la independencia de México.

Terminada la lucha armada, los líderes revolucionarios en el poder deberían cumplir con la Constitución de 1917 y hacer efectivos los compromisos del Estado revolucionario con los trabajadores. Reforma Agraria, salarios y derecho de huelga, educación laica, gratuita y obligatoria, salud, siempre con acciones al servicio del pueblo, eran los elementos distintivos de los líderes revolucionarios en ejidos y comunidades, rancherías, poblados, municipios, entidades federativas y gobierno federal. Se sabía perfectamente que había separación de la Iglesia y el Estado, así como del poder económico y la política. La política misma era respetada, precisamente como actividad de servicio a la sociedad, al pueblo.

Los últimos liderazgos revolucionarios parecerían corresponder a los presidentes Luis Echeverría, José López Portillo, seguidos de los presidentes tecnocráticos Miguel de la Madrid, Carlos Salinas y Ernesto Zedillo. Para este tipo de liderazgos el desarrollo era identificado con el simple crecimiento del producto, con independencia de la equidad distributiva de la riqueza y las oportunidades ante la vida. Fue la época del predominio de los egresados de las universidades norteamericanas o inglesas, y cuando, al margen de las luchas sociales por el bienestar y los antecedentes de aportaciones en servicios a la colectividad, importaban los títulos académicos y el dominio de las lenguas extranjeras, en particular el inglés.

De hecho, se trataba del comienzo de la globalización del mercado, cuando las decisiones y las acciones eran evaluadas en términos de rentabilidad y rotación del capital. En política la contaminación mercantil fue abrumadora, considerando la publicidad, la imagen y la popularidad de los aspirantes de todo tipo por encima de todo compromiso social y, por tanto, sólo con el interés del enriquecimiento personal.

El proceso de liderazgo tecnocrático resultó ostensible con la ampliación de las desigualdades sociales, el crecimiento de la pobreza, el divorcio de los liderazgos derivados de los puestos, con el conjunto de sus seguidores y, en consecuencia, con la pérdida de todo sustento social, que indica la pérdida de la condición de liderazgo. Corrupción, inmediatez, ausencia de rumbo y de entusiasmo, pérdida de confianza, están sepultando a este tipo de líderes.

El vacío generado está siendo cubierto por la creciente presencia de líderes empresarios “exitosos” en la acumulación de fortunas, sin precisar orígenes y métodos de acumulación, pero que se supone, tienen la habilidad y la formación para lograr que una comunidad municipal, estatal y nacional, sea también exitosa. Se pierde de vista que en el ámbito de los negocios lo que cuenta son los resultados finales medidos en pesos y centavos, en tanto que en los liderazgos sociales el objetivo se refiere a los beneficios que pueden alcanzarse para el conjunto de la comunidad de seguidores. Un empresario piensa y actúa en función de su beneficio, al margen de las necesidades sociales y del país.

Por otra parte, como los liderazgos empresariales carecen de pensamiento ideológico, de ideas generales que otorguen sentido a la existencia individual y colectiva, tienen como complemento necesario a la religión, en su aspecto institucional y de fe, para volverse inseparables ante los ojos de la colectividad, siguiendo su principio de que la vida es sólo la prueba de sufrimiento, que como mérito tendrá su recompensa con la gloria después de muerto.

En todas partes donde hubo y hay gobernantes empresarios, líderes empresarios, la convivencia social eleva las prácticas salvajes entre los ciudadanos, en acciones, creencias y valores que tienden a borrar las diferencias entre lo correcto e incorrecto, lo bueno y lo malo, lo digno y lo indigno. El caso sobresaliente, mayúsculo, los mexicanos lo tienen cercano en el espacio y el tiempo, se llama Donald Trump. ¿Será éste el prototipo de los nuevos liderazgos?

La experiencia muestra que en situaciones de crisis surgen inevitablemente los grandes líderes que hacen honor a su naturaleza, pero también pueden surgir otros que llenen los vacíos con prácticas dictatoriales o uso excesivo de la demagogia. En la situación de México está por verse.

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