Martes 28 de Febrero de 2017
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Luz y sombra, cerrado y abierto, sabio e ignorante, alto y bajo, profundo y superficial, blanco y negro, rico y pobre, ángeles y demonios, bello y feo, amor y odio, silencio y ruido, vivo y muerto, seguro e inseguro, honesto y deshonesto, bueno y malo, ser o no ser, ver y no ver, oír y no oír, sentir y no sentir, finalmente todo es una dicotomía que nos hace pensar que vivimos una realidad que no es lo que se sabe, que se afirma y se niega, que es verdad y mentira como la misma carta de San Pablo a los filisteos, como el mismo lenguaje de los pájaros. ¿En quién creer?, ¿en qué creer? Si hoy la muerte se ha hecho vida y la propia vida se ha hecho muerte, si la mentira y la simulación son la política de la política, si los que nos aborrecieron y se fueron quieren que desde aquí los sigamos bendiciendo, si las semillas que sembramos no germinan con la misma fuerza, pero ¡vivimos¡ Vivimos en un momento crucial en el que debemos, desde el centro de nosotros mismos, tomar acción, definir el camino, izquierda o derecha, definir la rosa de los vientos, con norte o sin norte, condenarnos a nosotros mismos, recogernos o abrirnos a un mundo desquiciado, utilitario, donde no importa más que la compraventa de mercancías, ¿a quién le importa si hay quién viva en cuevas o pocilgas, si tienen que comer, si viven en la ignorancia? ¿A quién le importan los recuerdos y los deseos? La frase lapidaria de mi padre ¡aplasta!: “Un hombre sin dinero no vale nada”.

¿Qué podemos hacer?, ¿qué estamos haciendo?, ¿lo que estamos haciendo es lo correcto? ¡Pinche democracia, no tiene remedio! Las verdades ocultas, lo no visible, lo que no podemos ver aunque quisiéramos, determina la toma de decisiones
¿Qué podemos hacer?, ¿qué estamos haciendo?, ¿lo que estamos haciendo es lo correcto? ¡Pinche democracia, no tiene remedio! Las verdades ocultas, lo no visible, lo que no podemos ver aunque quisiéramos, determina la toma de decisiones
(Foto: TAVO)

Con este preámbulo quiero iniciar este razonamiento para interpretar situaciones y emociones que en este momento vivo, ¿vivimos?, y a partir de ahí me interrogo: ¿qué podemos hacer?, ¿qué estamos haciendo?, ¿lo que estamos haciendo es lo correcto? ¡Pinche democracia, no tiene remedio! Las verdades ocultas, lo no visible, lo que no podemos ver aunque quisiéramos, determina la toma de decisiones. Otra cosa es lo que se divulga y se da a conocer por todos los medios posibles, invocando sin duda el interés nacional, el beneficio de todos, el bien común y en contraparte solamente piden algo muy sencillo y hasta natural. ¡Unidad! Tal vez quieran decir unificación en torno a sus acciones y pensamientos, eso es atentar contra el sentido común, el unificador es precisamente el desunificador; ya las campañas políticas de manipulación de las ideas, de generar el entusiasmo de los afiliados a los partidos, de vil propaganda política, han perdido credibilidad, la televisión y el marketing político encumbró al candidato a presidente, lo promovió como alto y bien dado, brillante, inteligente, bonito, simpático, ¡oh, cruel ironía! No es él, es lo que tenemos y sufrimos día a día, cuando no riega el tepache se le tira la leche, en eso sí que todos estamos unificados; las reformas estructurales, con el gasolinazo al calce como distractor brutal del meollo del asunto, lo confirman. Lo de Trump es parte del show, el de allá y el de aquí, el fondo es el negocio, negocio y más negocio no sólo en Pemex, no nos olvidemos de la Comisión Federal de Electricidad y sus inversiones en plantas generadoras de energía eléctrica con gas natural, con inversiones fantásticas en gasoductos que obviamente conducen gas natural importado de Estados Unidos, pues el Pemex del imaginario popular, el del charrito, el que creímos de todos los mexicanos, ese ya no existe, existe la nómina inflada, el Contrato Colectivo que ni los emiratos árabes lo tienen, existe el desmantelamiento de las unidades productivas de petroquímica, exploración, comercialización, refinación, es decir ¡todo! ¿Unidad?, sí, tenemos unidad para decirle “¡estás mal!”, pero los herederos de los padres conscriptos romanos desde el Congreso de la Unión, desde los partidos, se dijeron orgullosos de aprobar las reformas que tanto había esperado el país para salir del ostracismo e insertarse como un cliente más de las trasnacionales en este mundo globalizado, pero eso cuesta. El precio es alto y en monedas extranjeras cuyos hilos los mueven los titiriteros del Fondo Monetario Internacional.
Somos un país Titanic surcando los mares, con el destino escrito en la punta de un iceberg o en un simple tuit de la Casa Blanca.

Ayer y mañana no existen, es hoy y aquí donde la vida transcurre, donde se buscan castigos imaginarios para los culpables, donde el dinero no alcanza, donde sigue la fiesta, donde las danzas se repiten con los mismos atuendos y los mismos pasos, las mismas sonajas y la misma música, únicamente cambian los danzantes.

Alguna vez, bajo el influjo de los sueños de las doctrinas filosóficas, con otros soñadores nos planteamos la toma del poder, por la vía pacífica o por medio de las armas, no hay otra forma. En esos términos analizamos las alternativas, los de la vía pacífica, por ahí andan jugando a la democracia, diciendo y haciendo, como el sandio, sandeces, los de la lucha armada están muertos, sin vida, y los que tienen vida, también.

Seguimos soñando en que los que tienen el poder, los que pudieron tomarlo, actúan para buscar el bienestar, para elevar el nivel de vida del proletariado, de los trabajadores del campo, de los pueblos y ciudades, pero no, la organización social de este país democrático está orientada a que las oligarquías digan cómo para que las minorías se sigan enriqueciendo, para que los propietarios de los medios de producción conserven sus privilegios y sus propiedades en este Estado de Derecho que guarda como su propia honra la propiedad privada y cuando se ocupe, pasen de mano en mano, nacional o extranjera, ya no importa, sin ningún problema. Los privilegios siguen, únicamente las utilidades se van de este país donador de sangre, sudor y lágrimas.

Los factores del poder, los empresarios, el clero, el Ejército, los partidos, están alineados hombro con hombro con el gobierno que clama “¡unidad!”. El pueblo en general busca su sustento cumpliendo su destino, como el buey, “¿a dónde va el buey que no are?”.

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