Aquiles Gaitán
El nuevo evangelio
Martes 22 de Marzo de 2016
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En la Semana Mayor, las telas moradas cubren los espejos, los santos, las vírgenes, las jaulas de los pájaros permanecen cubiertas, el aparato llamado, el radio, no se prende, no se canta, se habla en voz baja, todo es recogimiento espiritual, se reza por las tardes en espera de las funciones solemnes de las conmemoraciones anuales del sacrificio del crucificado. Se preparan los cuadros consabidos del lavatorio de los pies y el Viacrucis. Las campanas de la parroquia no se tocan, en su lugar se escucha la gran matraca de madera que convoca con su rítmico y sordo sonido, a la feligresía. El alpiste sembrado en macetas apropiadas ha germinado, sus brotes verdes serán adornos de las representaciones. Ha pasado la Cuaresma, los viernes de vigilia han dejado una huella profunda en las papilas gustativas y los estómagos insaciables: torreznos de raíz de chayote, de papa, de calabacitas, chiles rellenos de queso, bagre seco tan bueno como un bacalao, caldo de habas, habas refritas, pescado blanco, trucha de Pátzcuaro, robalo, huachinango, lisa o bagre, ¡cómo olvidar un huachinango en cuñete! ¡El blanco en escabeche! ¡Cómo una capirotada! Aquella con jitomates en piloncillo con canela y queso añejo. Es la semana de la catarsis personal, de la purificación del sentimiento, de preparar el alma para las emociones fuertes.

Domingo de Ramos da inicio a la Semana Santa
Domingo de Ramos da inicio a la Semana Santa
(Foto: Cuartoscuro)

Eso fue hace años, cuando amarraban los perros con longaniza y no se la comían; hoy son vacaciones, vamos al mar y al desmadre, vamos a la parranda larga, al paseo, a la holganza. Ya la religión no convence ¿A dónde ir si no hay otro universo? Con los macieles sueltos por la faz de la tierra, con los fastuosos administradores del reino de dios en este mundo, con los empresarios eclesiásticos, con los discursos huecos y las interpretaciones absurdas de las parábolas bíblicas, no nos queda más que encontrar en las virtudes teologales, el destino de cada quien, porque al final de cuentas, nacimos solos y nos vamos a ir igual, solos hacia la madre tierra o a las llamas purificadoras hoy tan de moda, en los llamados hornos crematorios, que es la vía rápida para convertimos en tierra calcinada, es decir, ceniza, es decir, nada. Al infierno ya nadie le teme y si fuera cierto, como diría el maestro Ramón Martínez Ocaranza, “me gustaría estar sentado el día del juicio, contemplando la destrucción del mundo, desde el sitial de honor de Lucifer”.

Volteo hacia mí, veo hacia mi interior y me pregunto ¿soy igual que todos? O ¿tengo una luz propia que brilla como estrella? No mi querido yo, eres igual y si no te cuidas, igual te mueres pronto.

Las carnitas, la vida carnívora en general, el sedentarismo, los carbohidratos a mañana, tarde y noche, las conchitas con natas, las cocadas, los ates, las conservas, la manacata de nata con calabaza en tacha, la cultura maternal del ¿ya te llenaste? La vitamina “T”, de tacos, tortas, tamales y tortillas es decir, la cultura del maíz, nos llenan de gusto, de adiposidades, y de sarro en las venas que nos acorta la existencia en la tierra; ya no entramos al terreno prosaico de las adicciones, a los refrescos, la cerveza, el alcohol, el humo del tabaco o la mariguana, el polvo de coca, el hielo, el crystal o la goma de amapola. Las de diseño son los paraísos prohibidos sólo para conocedores, el éxtasis, el proscrito LSD, la piedra, la chiva, el crack y anexas, con cualquiera de todo el cocktail, la vida se va en un suspiro, el tiempo se detiene suspendido en la memoria extraviada quemando las neuronas y las entrañas hasta que revientan. ¿Cómo volver al redil a las ovejas descarriadas? Ya no es posible, hay más descarriadas que adentro del corral, las generaciones modernas no fueron a la doctrina, ni a misa los domingos, ni fiestas de guardar, hoy, los viejos templos son arquitectura para que el turismo los contemple, recintos para bodas, lugares de bautismos colectivos que despersonalizan la ceremonia o en su defecto ¿lo quiere con luz? Es tanto, ¿lo quiere con alfombra? Es tanto, ¿lo quiere con música y cantor? Es tanto, ¿con flores? Es tanto, por el pastor de las ovejas, es tanto y para todo, es tanto y si no quiere pagar el tanto, entonces es cuánto.

Con el diablo suelto, ya la vida poco importa y la vida después de la muerte importa todavía menos, pero en la sociedad en que vivimos, la Semana Santa es el resquicio de las costumbres de antaño, cuando la vida de los pueblos giraba en torno de la liturgia católica; cada pueblo tiene una parroquia, templo, catedral o capilla, según su importancia política y económica, no podemos negar que hoy todavía existe una clientela fiel y perseverante, pero son los menos, tal vez los más, sigan las costumbres y creencias, pero no militan en las cofradías como antaño, ni cumplen los mandamientos de la ley de Dios, son religiosos a su manera, en su libertad de creer y hacer; ¡ya no hay temor de Dios! Como no hay un mundo de justicia en el que todos vivamos contentos, ya no felices, que es mucho pedir, en el que exista la solidaridad y la honestidad. El Papa cuando vino dijo lo mismo, con sus sacras palabras, pero su discurso se quedó como el de los políticos en turno, no es doctrina, es circunstancia, aplauso y emoción. El cambio ha llegado, con Pemex en manos extranjeras, México es otro, esto es el nuevo comienzo ¿o no se han dado cuenta?

Vayamos jubilosos; frente a Davos y la comunidad internacional, todo es paz y armonía, hay leche para todos a peso el litro; todavía estoy espantado con la cifra del Inegi, 55 millones de pobres es toda una multitud que no produce y que demanda servicios, que come, descome, toma agua y se baña, se viste y requiere un techo para vivir, pero son pobres y como dijo don Teofilito, pobres serán, si no opera el milagro de cambiar su situación mediante la educación, que es el camino para salir de la ignorancia y la pobreza, el otro es la delincuencia o la migración a los Estados Unidos, estas últimas, las más socorridas.

El Aniversario de la Expropiación Petrolera igual que el Aniversario de la Revolución Mexicana y todos los aniversarios que el calendario cívico evoca, son meros referentes históricos, de una historia sin historia, de exaltaciones perpetuas de virtudes; los discursos de ocasión, planos y bajados de Internet, dan pena ajena. Lo único que podemos decir en este Aniversario de la Expropiación Petrolera, ante el nuevo Pemex, ante las reformas estructurales es, ¡qué poca madre! Ante el Aniversario del Natalicio de Juárez ¡el triste olvido! ¡El gran olvidado!

Pero no quiero hablar de la expropiación petrolera y del General Cárdenas, ni de Benito Juárez, porque resuello por la herida, me exaspero e indigno ante la desvergüenza, ni siquiera de la primavera que ¡al fin! Llega en este día con su cálida presencia, reventando flores y propiciando el canto del jilguero, empecé con la Semana Mayor, la Semana Santa que le dicen y las costumbres de los pueblos, es cuando en Tierra Caliente sale “la Judea” un grupo integrado por los barbajanes más connotados del pueblo o del rancho, vestidos, según ellos, de judíos, con túnicas, capas, medias con huaraches y máscaras, que van esquilmando a quien se deja echando albures con la baraja española, arrebatando las apuestas que a la postre serán limosnas, pidiendo cooperacha a los espantados habitantes o despistados automovilistas que creen que es un asalto. Esta costumbre se tolera, porque así ha sido siempre, como también se tolera a la delincuencia y la portación de armas porque así ha sido siempre. Preparémonos a participar en las celebraciones litúrgicas que conmemoran desde el prendimiento en el huerto de Getsemaní, hasta la Crucifixión, el viernes a las 3:00 de la tarde en que el cielo se nubla y el silencio se hace denso, pesado, ante la estupefacción de la muerte. Esperaré el Sábado de Gloria, para escuchar de nuevo las campanas y en recuerdo de mi abuelita Cuca, comer el postre del día, el postre de la ocasión, el más pecaminoso y suculento, manitas de cerdo capeadas en miel de piloncillo, canela y clavos, y por supuesto, con jitomates achicalados con miel.

El pueblo de México está crucificado, este género de suplicio conduce siempre hacia la muerte. No nos queda más remedio que esperar, esperar y esperar, al tercer día o los que sean, la resurrección, para empezar a escribir, un nuevo evangelio.

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