Hugo Rangel Vargas
¿Nueva?, ¿izquierda?
Viernes 10 de Marzo de 2017
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Si el sueño de la razón engendra monstruos, los demonios son concebidos cuando ésta dormita al arrullo del interés. A ese parto ha asistido el partido político más importante en la historia de la izquierda mexicana desde que una secta, dedicada al culto del pragmatismo irracional, ha asumido su control. Sin duda alguna, el Partido de la Revolución Democrática enfrenta un momento crucial en su existencia, mismo que se ha gestado desde que Nueva Izquierda tomó sus riendas.

Evocando el espíritu de la renovación como apellido impuesto a una posición de la geometría política, el grupo de perredistas encabezados por Jesús Ortega y Jesús Zambrano no presentan novedad alguna en su modus operandi. Siempre proclives a la negociación y con un amplísimo “sentido de la oportunidad”, igual se les ha visto maniobrando desde las cámaras en votaciones en bloque con Acción Nacional y con el PRI en decisiones importantes como la Ley de Derechos y Cultura Indígenas, o favoreciendo a Carlos Slim durante los cabildeos de las leyes de telecomunicaciones recientemente reformadas.

La tradición negociadora con el régimen –que para muchos proviene del código genético que heredaron de su progenitor político, Rafael Aguilar Talamantes– ha llevado a este grupo al recurrente acuerdo palaciego como maniobra supuestamente “innovadora” de la “izquierda moderna” que los llamados Chuchos representan. Lo mismo se sospecha de sus acuerdos con el régimen calderonista que les llevó a ganar en tribunales la dirigencia nacional del PRD para luego entregarse a los brazos de Acción Nacional en un cúmulo de alianzas electorales que mermaron ideológicamente al aurinegro, que de los tratos de los que derivó el llamado Pacto por México.

La originalidad que representa la ¿Nueva? Izquierda es más bien una añeja tradición que se recrea al ritmo en el que suena el cascabeleo de las componendas que se agitan desde las cúpulas del poder
La originalidad que representa la ¿Nueva? Izquierda es más bien una añeja tradición que se recrea al ritmo en el que suena el cascabeleo de las componendas que se agitan desde las cúpulas del poder
(Foto: TAVO)


La originalidad que representa la ¿Nueva? Izquierda es más bien una añeja tradición que se recrea al ritmo en el que suena el cascabeleo de las componendas que se agitan desde las cúpulas del poder, independientemente del color de sus envolturas. De esta suerte, y a la sazón de la prostituida “novedad”, también se destiñe el concepto de la izquierda evocado en la pomposa nomenclatura de este grupo.

En una entrevista que Jesús Ortega concedió en enero de 2002 a la revista Proceso, el perredista señala que la idea de la fundación de Nueva Izquierda en 1999 fue impulsar “un partido de izquierda moderno, propositivo, que se oponga a lo que daña el país pero que sea alternativa; un partido con vocación de gobierno, no un partido de la eterna oposición, no un partido contestatario o testimonial, sino un verdadero partido político y no un frente, un conglomerado de diversas fuerzas”. Sin embargo, el resultado de esa racionalidad adormecida por el interés de la negociación ha sido diametralmente opuesto al esperado.

Sin rumbo ideológico, carente de toda reivindicación de los principios progresistas, a la deriva de la mejor oferta; Nueva Izquierda le ha impuesto al PRD una intrincada agenda de compromisos que supone el extravío de sus raíces y la mutación de su propósito original: la transformación del país por la vía democrática, en síntesis, “Democracia ya y patria para todos”.

La lucha que internamente libran muchos perredistas contra esta tendencia parece un acto heroico por reanimar la vena democrática, popular y de izquierda con la que nació ese movimiento hace ya casi 28 años. No todo está perdido para un PRD que se ha levantado en ciertas coyunturas y en tiempo récord en las preferencias electorales, ganando en dos ocasiones la Presidencia de la República.

No obstante lo anterior, parece que el centro de gravedad de la izquierda ha cambiado y ello podría exponer la verdadera vieja cara de la ¿Nueva? ¿Izquierda?, tan cercana al pacto como a la derecha.

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