Gerardo A. Herrera Pérez
Debatamos Michoacán
2,500 años de opresión de la mujer
Miércoles 23 de Marzo de 2016
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En la antigua Grecia, 500 años antes de esta era, las mujeres no eran ciudadanas: “Aun si los extranjeros deben ser tratados amistosamente, ellos no son iguales a los atenienses porque no son ciudadanos. Para ser ciudadano en esa polis (ciudad), en efecto, era necesario ser hombre, mayor de edad, nacido en Atenas de padres atenienses y no haber sido condenado por delitos graves. Extranjeros, mujeres, niños y por supuesto esclavos (bárbaros, no hablaban griego y carecían de razón como las mujeres), eran considerados desiguales por naturaleza (por lo tanto no eran ciudadanos)”. Para Aristóteles el hombre es un animal racional, que posee el lenguaje y la razón, con esta definición normativa se discriminaba y se utilizaban jerarquías”. Salazar Carrión, Democracia y discriminación.

Aristóteles negaba que las mujeres tuvieran uso pleno de la razón; podían entender y obedecer, pero no utilizarlo autónomamente para deliberar y tomar decisiones. De ahí que el “silencio es una virtud” para las mujeres mas no para los hombres.

La libertad la tenían los hombres no las mujeres; en tanto que la igualdad jurídica, ciudadana y política era de los hombres mayores de edad atenienses, nunca estuvo en manos de las mujeres.
Durante el cristianismo, 100 años antes de esta era, “la igualdad promovida por el cristianismo fue ante todo de carácter espiritual. Partiendo de que todos los seres humanos son criaturas divinas que sólo pueden redimirse por la fe y las buenas obras (compatible con las mayores desigualdades y discriminación políticas y sociales, incluso con la esclavitud y con la servidumbre)”.

Durante la Edad Media, el ideal democrático sobrevivió como alternativa al modelo teocrático según el cual “todo poder viene de Dios”, es decir desciende jerárquicamente (de manera vertical); emperadores, reyes, papas y obispos detentaban una autoridad incuestionable sustentada en la ley divina y en la ley natural.

Al descender el poder de Dios, son los monarcas y obispos quienes tienen todo el poder y todos los derechos, mientras que los sometidos tienen todas las obligaciones y ningún derecho.

En las concepciones medievales, el pueblo como en la democracia antigua, estaba lejos de incluir a todos los habitantes de una sociedad, en la Edad Medida en que ni las mujeres, ni los siervos, ni los extranjeros podían considerarse como titulares de los derechos exclusivos de los hombres libres. De hecho, desde tal perspectiva, el pueblo, más que por individuos, estaba formado por corporaciones y estamentos que detentaban privilegios específicos, establecidos por las más diversas legislaciones y tradiciones.

En la Edad Media, las mujeres no cuentan con libertad; la igualdad social, política y jurídica tampoco les es brindada. Ni igualdad ante la ley, ni igualdad ante los derechos.

En el Renacimiento, y sólo con el desarrollo de la sociedad y el Estado moderno, el antiguo ideal democrático adquiere nuevo vigor; por un lado una visión de un nuevo humanismo, una inédita concepción del hombre y de la libertad, pero del otro lado, se recuperaron los ideales republicanos y democráticos.

Surge así la concepción, argumentada desde teorías contractualitas de que el Estado, el poder político, no sólo debía tener la función de proteger la vida y la seguridad de sus súbditos, sino la de garantizar, además y fundamentalmente, la libertad y la propiedad de los individuos, es decir, sus llamados derechos naturales esenciales.

De esta forma, las revoluciones liberales que se desarrollaron primero en Inglaterra (Revolución de 1689; “los hombres libres que forman parte del pueblo inglés tienen derechos inviolables que el poder público está obligado a proteger para siempre”), después en Estados Unidos (Revolución de la Independencia 1777; “todos los hombres han sido creados iguales y han sido dotados por el creador de ciertos derechos inalienables, entre los cuales se encuentran la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”) y más tarde en Francia (la Revolución de 1789 Derechos del Hombre y el Ciudadano; “el fin de toda asociación política es la preservación de estos derechos naturales e imprescriptibles del hombre. Estos derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión”).

La diferencia entre la revolución de Inglaterra y las de Estados Unidos y Francia; la inglesa plantea que el hombre libre (del que nace en Inglaterra) el poder debe protegerle a él ya que éste no es universal; en contraposición de las revoluciones de Francia y Estados Unidos, quienes plantean como principio universal que los hombres nacen o son creados libres e iguales en derechos. Así la igualdad jurídica es tanto frente a la ley como una igualdad de derechos, convirtiéndose los hombres en ciudadanos.

En otras palabras, los derechos políticos de participación directa o indirecta en la formación de la voluntad colectiva aparecen ante todo como medios para proteger los derechos del hombre como individuo: su vida, sus libertades, su propiedad, su seguridad y su derecho de resistencia frente a la opresión.

La igualdad de que se habla es una igualdad natural que viene desde el propio nacimiento del hombre como humano, y en la que de manera universal alcanza absolutamente a todos los hombres, y no como se planteaba en Inglaterra sólo a los “hombres libres”.

No obstante este pronunciamiento en el caso de la naciente democracia de los Estados Unidos, no incluyo ni a las mujeres ni a los negros sino hasta mediados del siglo XX; en tanto que en Francia excluyo de los derechos políticos a los no propietarios y también de las mujeres.

De ahí que los procesos por alcanzar los derechos políticos de las mujeres fueron impulsados por movimientos o luchas socialistas y feministas encaminadas a conquistar el sufragio universal, directo y secreto y lograr la igualdad de derechos y la igualdad política.

Lo universalidad no fue algo que se ejecutó de todos, porque finalmente extranjeros y personas no nacidas en dichos lugares (Inglaterra, Estados Unidos o Francia) no eran reconocidos en sus derechos políticos porque siendo hombres no eran ciudadanos y esto restringía sus derechos políticos.

Otra razón contradecía el universalismo de los derechos humanos, los movimientos de izquierda, socialistas y populares criticaban que no se tomaban en cuenta las condiciones sociales de su ejercicio o goce efectivo; no se consideraba que la sola libertad jurídica frente a los poderes públicos de ninguna manera salvaguardaba a la mayoría de los desposeídos frente a los poderes fácticos económicos, e ideológicos. “En abstracto, todos podían ser titulares de las mismas libertades: personales, de opinión y expresión, de reunión, etcétera, pero en la práctica sólo los que disponían de los recursos necesarios podían ejercer, gozar, estas libertades”.

Después de la Segunda Guerra Mundial, se desarrolla el Estado social y democrático de derecho, que no reconoce y protege solamente los derechos de libertad, civiles y políticos, sino que amplía el espectro al reconocer derechos sociales (trabajo, vivienda, la salud).

Hoy, la Carta de las Naciones Unidas (1945) y la Declaración de los Derechos Humanos (1948), constituyen un parteaguas en la participación de las mujeres, así lo determinan sus fundamentos y protocolos facultativos.

En 1975, da inicio el impulso de las políticas públicas internacionales para la mujer; fue en 1975 la Primera Conferencia Internacional de la Mujer en México; hoy la mujer está presente en los Objetivos del Milenio Sustentables.

Hoy en la posmodernidad podemos asumir que en el Michoacán de hoy continuamos trabajando para hacer viable una política pública con equidad de género. Esta dio inicio formal en 1982, siendo la señora Celeste Batel de Cárdenas la primera titular de una política pública de mujer en la Coordinación del Programa Productivo de la Mujer Campesina; años después surge el Instituto de la Mujer, la Secretaría de la Mujer, y hoy la Secretaría de Igualdad Sustantiva para el Desarrollo de la Mujer. Al menos 113 instancias municipales de la mujer y de las cuales ostentan cuatro varones la titularidad. ¿Por dónde caminamos?

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