Sábado 18 de Marzo de 2017
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Si uno vuelve a ver con mayor atención los videos de la asamblea que Andrés Manuel López Obrador sostuvo con migrantes en Nueva York el pasado 13 de marzo, donde fue interpelado por un grupo de personas encabezado por Antonio Tizapa, uno de los padres de los 43 estudiantes normalistas desaparecidos durante la noche terrible del 26 al 27 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero, lo que se vuelve evidente es la ausencia de sentido. ¿Cuál fue en realidad el propósito de irrumpir en el evento y perseguir después al presidente de Morena hasta su auto para cuestionarlo sobre su presunta relación con Ángel Aguirre y José Luis Abarca?, ¿qué tipo de responsabilidad tendría AMLO en los sucesos trágicos de Iguala a los ojos de los interpelantes?, ¿fue una decisión personal de Antonio Tizapa la de ir a increpar a AMLO en su gira por Estados Unidos?

En el video no se ve ni se escucha que le haya dicho “¡cállate!”, como circuló en diferentes medios. Me parece que fue la palabra “provocador” lo que, en todo caso, generó esta controversia que aún perdura. ¿Se trató o no de una provocación?
En el video no se ve ni se escucha que le haya dicho “¡cállate!”, como circuló en diferentes medios. Me parece que fue la palabra “provocador” lo que, en todo caso, generó esta controversia que aún perdura. ¿Se trató o no de una provocación?
(Foto: Cuartoscuro)



En el video de la asamblea se aprecia que la presencia de los increpadores irritó a los asistentes y que AMLO intervino en todo momento para calmar los ánimos y pedirle a su auditorio que les permitieran manifestarse con libertad ya que estaban defendiendo una causa justa; incluso, cuando alguien le arrebató a Antonio Tizapa el cartel que mostraba en alto, AMLO lo recuperó y se lo regresó. Finalmente tuvo que suspender la asamblea porque el ambiente se estaba volviendo ríspido. Fue cuando se retiraba en su auto y Tizapa volvió a cuestionarlo sobre su relación con Aguirre y Abarca, que AMLO le dijo que no fuera provocador. En el video no se ve ni se escucha que le haya dicho “¡cállate!”, como circuló en diferentes medios. Me parece que fue la palabra “provocador” lo que, en todo caso, generó esta controversia que aún perdura. ¿Se trató o no de una provocación? He aquí la cuestión.

El asunto fue aprovechado de inmediato para desatar una nueva campaña de linchamiento en los medios contra el aspirante presidencial de Morena. En una nueva edición del guion que les bajan desde arriba y que repiten todos en escala descendente, noticieros y encargados de analizar las noticias se dieron gusto otra vez arrojando lodo sobre quien, a su juicio, no deja de representar un peligro para México. Lo peculiar ahora es que el incidente de Nueva York generó también una oleada de irritación y ataques provenientes de una franja de la izquierda radical. ¿Qué fue lo que realmente ocurrió en estos eventos?, ¿se trató en realidad de una provocación de parte de Antonio Tizapa o fue un acto legítimo de interpelación y de protesta?, ¿perdió AMLO su dominio sobre sí mismo o la suya fue una respuesta legítima ante un señalamiento injustamente incriminatorio?

Hay que recordar que los padres de los 43 normalistas desaparecidos rechazaron de manera tajante la versión de la “verdad histórica” que en su momento dio a conocer Jesús Murillo Karam, titular de la Procuraduría General de la República en aquel entonces. Fue por ello que los padres solicitaron la intervención de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH) para que se hiciera cargo del caso. Fue así como fue creado el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), pero el Estado hizo todo lo que estuvo en sus manos para obstaculizar la labor de este grupo y desprestigiarlo ante la opinión pública. Otras investigaciones han señalado que el caso no puede quedar reducido al ámbito del municipio de Iguala y que otras instancias del estado pudieron haber estado involucradas, ya sea directamente o por omisión. ¿Quiénes fueron realmente los responsables de esta tragedia colectiva? El caso, como otros de la misma naturaleza que han ocurrido en nuestro país, se ha estancado. El movimiento de los 43, por su parte, ha entrado en un repliegue significativo. La tragedia de los normalistas ya no se encuentra en el primer plano de la atención pública.

El gobierno federal no desaprovechó la oportunidad para sumarse abiertamente a la condena contra AMLO. Uno no deja de preguntarse si personajes como Miguel Ángel Osorio Chong, titular de la Secretaría de Gobernación y responsable de la seguridad nacional, así como el presidente nacional del PRI y el propio presidente de la República tienen credibilidad ante la sociedad mexicana, si cuentan con la autoridad política y ética para hacer la defensa de una institución tan afectada en los últimos tiempos como el Ejército Mexicano. ¿Por qué no han esclarecido el crimen atroz contra los estudiantes normalistas de Ayotzinapa en vez de aprovechar un incidente relacionado para atacar a quien consideran es ya su más peligroso contrincante para la disputa electoral de 2018? Se trata de un juego sucio que no puede darles el mismo resultado que en 2006 y 2012, sencillamente porque la sociedad mexicana se encuentra mejor informada y ha tomado conciencia del fracaso estrepitoso de los últimos gobiernos.

El incidente de Nueva York se da en un momento crucial para el destino de México. La estrategia que ha seguido Donald Trump contra nuestro país empieza a tomar forma en hechos concretos. La persecución indiscriminada contra los migrantes hispanos, particularmente los que provienen de México, se agudiza a una escala exponencial. El gobierno de Enrique Peña Nieto no pasa de los discursos y de algunas medidas propagandísticas que no van a la raíz del problema y que ni remotamente pueden ofrecer las soluciones que de manera urgente se están necesitando. López Obrador decidió hacer una gira por algunas ciudades de Estados Unidos para ofrecer su apoyo a las víctimas y anunciar que interpondrá una queja y una demanda ante Naciones Unidas. La verdad es que sus actos estaban reuniendo a importantes conglomerados de migrantes que acudían a escucharlo. Si las simpatías por su propuesta y su candidatura presidencial crecieran más allá de las fronteras nacionales en la misma proporción que lo hace en el país, las cosas para el gobierno y las demás facciones políticas que giran a su alrededor se acabarían de complicar. De manera que el incidente de Nueva York les cayó de perlas para intentar desatar una nueva embestida en contra de su peor pesadilla a una escala de primer nivel.