Jerjes Aguirre Avellaneda
En la elección que ha comenzado
Algunas referencias de la izquierda mexicana
Viernes 24 de Marzo de 2017

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Las elecciones en curso en diferentes estados pueden observarse en la perspectiva de las elecciones federales de 2018, especialmente en el proceso de preparación de la elección del presidente de la República. Los diferentes partidos políticos elaboran y ponen en marcha sus estrategias electorales y los mecanismos internos para seleccionar en una primera etapa a sus precandidatos, de los que finalmente habrá de seleccionarse el “abanderado” al cargo más importante de la República.

Que se recuerde, tanto por los tiempos anticipados como por las fuerzas y personajes políticos participantes, es incomparable el interés por una elección presidencial como la que se espera para el año que viene. Las circunstancias mundiales, particularmente la relación con Estados Unidos y los riesgos sociales y políticos derivados de los cuestionables resultados del modelo adoptado por los “revolucionarios neoliberales” del siglo pasado y el presente, así parecen determinarlo. En todo caso existen grandes coincidencias en que México necesita cambios radicales.

En el curso de los acontecimientos han vuelto a replantearse las posiciones ideológicas de la izquierda y la derecha, sin menciones importantes a los “centros” hacia uno u otro lado, como recurso que siempre oculta las preferencias y apoyos a las fuerzas políticas dominantes. La izquierda y la derecha mexicanas son hoy distintas, en sus debilidades y fortalezas, de las características que presentaron en el siglo pasado. Izquierda y derecha actuales son el resultado de la historia política mexicana en el siglo XX, y comprender su significado y potencial implica forzosamente hacer referencia a su origen y desempeño en el tiempo.

La contradicción derecha-izquierda estuvo presente en el curso de la Revolución Mexicana. Hubo, sin duda, “revolucionarios” con una calificación de derecha, como hubo otros de izquierda, tanto en la etapa de lucha armada como en el Constituyente de Querétaro, y aún en el seno del partido creado por la Revolución en su secuencia de Partido Nacional Revolucionario, Partido de la Revolución Mexicana y Partido Revolucionario Institucional. Lo mismo ocurrió con sus sectores y organizaciones, de los obreros, los campesinos, los servidores públicos, los jóvenes y las mujeres.

A manera de reflexión, es difícil ubicar en la misma posición ideológica a Madero que a Emiliano Zapata, a Carranza que a Francisco J. Múgica, a Lázaro Cárdenas con el mismo Ávila Camacho. Abiertamente los izquierdistas, marxistas, materialistas dialecticos, fueron los fundadores de la CTM con Lombardo Toledano como líder sobresaliente, así como izquierdistas fueron los dirigentes campesinos Javier Rojo Gómez, Alfredo Bonfil y Natalio Vázquez Pallares, entre otros muchos. El último dirigente del PRI claramente izquierdista y asesinado por lo mismo en su condición de candidato a la Presidencia de la República fue Luis Donaldo Colosio Murrieta.

A pesar de la fundación de distintas organizaciones de izquierda, como el Partido Comunista Mexicano en 1918 y el Popular Socialista en 1949, la lucha principal entre derecha e izquierda se produjo en el seno del partido que se mantuvo dominante en sus distintos momentos, hasta su derrota y entrega a la derecha de la Presidencia del país en el año 2000. En la práctica, a partir de la década de los años 40, con el debilitamiento de la izquierda al interior del PRI, hubo de conducirla paulatinamente a su desprendimiento, organización y oposición desde afuera y con independencia de ese partido, buscando su propia identidad ideológica y objetivos políticos.

La gran lucha de la izquierda fue por la democracia, y en los hechos los avances democráticos del país tuvieron los impulsos innegables de los izquierdistas, en las condiciones creadas por el movimiento estudiantil del 68, seguido de otros movimientos armados que buscaban reivindicaciones fundamentales para los sectores mayoritarios de la población, con el estímulo que significó el campo socialista, y en especial el triunfo de la Revolución Cubana.

López Obrador funda Morena con una propuesta de cambio que provoca importantes expectativas, con efectos para los comicios en curso y en especial para las elecciones presidenciales de 2018.
López Obrador funda Morena con una propuesta de cambio que provoca importantes expectativas, con efectos para los comicios en curso y en especial para las elecciones presidenciales de 2018.
(Foto: Cuartoscuro)



Teóricamente el PRI nunca se autodefinió como partido de derecha, pero la izquierda tuvo que ubicarse desde afuera y frente al partido gobernante. Así ocurrió con el Movimiento de Liberación Nacional promovido por el general Cárdenas y con el Frente Democrático Nacional con diferentes liderazgos. La gran oportunidad de lo que podría llamarse izquierda mexicana se presentó en las elecciones presidenciales de 1988, cuando se terminó por reconocer los dudosos resultados electorales que otorgaron el triunfo a Carlos Salinas de Gortari, cuyo mandato aceleró las condiciones para la crisis del presente y a la debilidad estructural para mantener con orgullo la identidad nacional y la absoluta soberanía e independencia.

Ahora la derecha con el control de los factores reales de poder y las alianzas con un partido o con otro, con la seguridad de los recursos a su alcance, parece tener confianza en mantener invariable la situación prevaleciente, sin considerar la insurgencia de un nuevo tipo de ciudadano, con hartazgo del funcionamiento del modelo político, en sus simulaciones, mentiras, corrupción, impunidad e inseguridad cotidiana. La conclusión se entiende categórica: la derecha no puede resolver una crisis provocada por ella misma y mucho menos reorientar el rumbo del país a partir de nuevos principios y objetivos.

Sin embargo, ante el triunfo de la derecha en todo el mundo, la izquierda careció de capacidad para definir, proponer y defender su propio proyecto histórico, y pareciera que en lugar de avanzar, retrocede. La llamada izquierda del PRD terminó por decepcionar a sus mismos fundadores que decidieron abandonarlo. Por su parte, López Obrador funda Morena con una propuesta de cambio que provoca importantes expectativas, con efectos para los comicios en curso y en especial para las elecciones presidenciales de 2018.

Que se sepa, no hay resultados de “gobiernos de izquierda” que pudieran distinguirse de los resultados obtenidos por los “gobiernos de derecha”. La uniformidad en los contenidos y formas confunden y estimulan el hastío de la política y el desencanto por la democracia.

Adicionalmente, ante la debilidad orgánica y de pensamiento, la “izquierda” recurre al “voluntarismo” como respuesta a lo que no es, pero se quisiera ser. En realidad, el “voluntarismo”, cuando mucho, se convierte en un recurso retórico para la negociación, facilitada por el error de adoptar decisiones políticas a partir de encuestas sobre opiniones y preferencias electorales de partidos y candidatos.

¿Cuál es el pronóstico?, ¿cuáles son las alternativas? La respuesta tendrá que surgir de la misma dinámica de la democracia mexicana y de las fuerzas que en ella intervienen. En las elecciones en curso y en las de 2018 estará en juego el país entero y el compromiso de la democracia con las mayorías que la hacen posible.

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