Ramón Guzmán Ramos
La crisis del PRD
Sábado 25 de Marzo de 2017
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En una circunstancia diferente, la crisis por la que está atravesando el PRD podría superarse sin mayores complicaciones. En la circunstancia actual, sin embargo, una crisis como ésta, que involucra a su dirigencia nacional y su bancada en el Senado, además de otras instancias en posiciones de gobierno y amplias capas de su militancia de base, podría haber escalado hasta un nivel en que se vuelve irreversible. Ha sido un proceso en que las desviaciones ideológicas y los errores políticos de este partido lo han llevado a un punto de implosión. No hay manera de volver a alguna de las épocas en que era una opción válida para millones de electores y una organización que llegó a disputar en el primer nivel la Presidencia de la República.

La candidatura de Andrés Manuel López Obrador está ejerciendo una fuerte presión al interior del PRD. En su seno se ha generado una ola creciente que le exige a la estructura una definición en favor de una alianza con Morena para las elecciones presidenciales de 2018. Miles se han pronunciado por el Acuerdo Político que propone AMLO, incluyendo alcaldes y funcionarios municipales de varios estados, así como legisladores locales y federales. El conflicto que surgió en la bancada del Senado es de esta naturaleza. La resistencia que la cúpula del PRD le opone a esta tendencia ha sido inútil. La alianza más natural tendría que ser con una organización como Morena. Uno supone que hay mayores puntos de convergencia e identificación ideológica que con otros partidos como el PAN o el PRI.

La candidatura de Andrés Manuel López Obrador está ejerciendo una fuerte presión al interior del PRD.
La candidatura de Andrés Manuel López Obrador está ejerciendo una fuerte presión al interior del PRD.
(Foto: Cuartoscuro)



La crisis se ha complicado aún más con el escándalo de probable corrupción y enriquecimiento no explicado que ha protagonizado Alejandra Barrales, presidenta nacional del PRD, agregando su retorno súbito al Senado para manipular directamente en favor de quien quedó como la nueva coordinadora de la bancada, Dolores Padierna. El desaguisado sólo contribuye a aumentar el desprestigio ético y político en que ha quedado atrapado el PRD desde hace tiempo. Es una crisis que alcanza a las instancias de dirección y los espacios de poder de los que se ha hecho el PRD aplicando esa visión pragmática y oportunista con la que se ha guiado en los últimos años. Estamos ante un partido que ha perdido la perspectiva que podía haber tenido por delante. Para sobrevivir como organización política y no perder el registro necesita aliarse con un partido mayor. Si lo hiciera con el PAN o con el PRI acabaría por borrarse definitivamente del escenario nacional. De manera que la única vía honorable que le queda es con Morena. Pero el grupo que mantiene el control sobre la estructura se resiste, se niega sistemática e inexplicablemente a hacer algo así.

Lo que se ve es que tal resistencia no podrá mantenerse con la firmeza que se requiere. Cuando los perredistas que claman por el acercamiento con López Obrador se den cuenta de que sus dirigentes no habrán de aprobar una alianza de esta naturaleza, lo más probable es que emprendan una desbandada general. No sólo porque su propio partido les impide seguir la estrategia electoral que consideran correcta, sino porque AMLO se encuentra en el primer lugar de las preferencias ciudadanas y cada vez aglutina a más simpatizantes. La situación de desastre en que los últimos gobiernos han metido al país es otra de las causas. La mayoría de la población está ansiosa por una salida alterna. Nadie aguanta más los efectos brutales de la violencia extrema, la inseguridad, la violación sistemática de los derechos humanos, la eliminación de las conquistas históricas de los trabajadores, los ataques a comunidades y agrupaciones sociales que mantienen la defensa de sus intereses legítimos, la clausura de oportunidades para aspirar a una vida digna y tranquila. AMLO representa para muchos la posibilidad de una esperanza, una vía de cambio.

El PRD llegó a ser en sus orígenes y en buena parte de su trayectoria un partido de izquierda moderada, electoral, institucional, pero de izquierda al fin y al cabo. Nunca se propuso la transformación a fondo del sistema político y económico que nos domina. Se ha tratado de ganarse un lugar dentro de este sistema y luchar en todo caso por hacer que las cosas sean más justas, más equitativas, un poco diferentes. Pero empezó a sufrir desviaciones profundas que afectaron negativamente los principios que le dieron origen y la visión de futuro con que se echó al ruedo de la historia. La salida de sus dirigentes históricos terminó por dejarlo en la orfandad política. Ahora no es ni la sombra de lo que alguna vez se propuso ser. Ha renunciado a su posición de izquierda y se ha convertido en un partido sin ética y sin decoro, sin honestidad y sin identificación. Se ha borrado a sí mismo del espectro ideológico y lo único que le interesa es mantener y ganar como sea posiciones para beneficio exclusivo de las cúpulas, y personales. Un partido así no tiene futuro. Es lo que ven miles de militantes que, ante la debacle anunciada, se aprestan a abandonar el barco antes de que acabe de hundirse y pasarse a Morena.

Podríamos decir que estamos ante un fenómeno de depuración de la izquierda electoral. Quienes no tomen definiciones comprometidas en función de las posibilidades y las perspectivas de cambio que se vislumbran con la candidatura de López Obrador podrían quedarse rezagados. Por lo que toca al PRD, la definición es prácticamente de supervivencia. Si su dirigencia se empeña en bloquear y condenar todo intento de crear condiciones para una posible alianza con Morena, se quedará dirigiendo a una estructura vacía. Tampoco creo que se trate de arrojarse sin condiciones a los brazos de Morena. Sigue haciendo falta la elaboración de un programa de gobierno y una ruta para la transformación del país en donde participen todos los que se comprometan. Ha de ser una ruta clara a través de la cual se construyan condiciones para garantizar que su realización no quede en manos de un solo hombre, sino del pueblo en movimiento.