Ramón Guzmán Ramos
El currículo en el “Nuevo” Modelo Educativo
Sábado 1 de Abril de 2017
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Como sabemos, la Reforma Educativa adquirió su expresión jurídica en la Ley de Desarrollo Profesional Docente. Una de las críticas más agudas que ha hecho el magisterio inconforme es que se trata de una reforma que no toca ni transforma la dimensión pedagógica del sistema educativo vigente. El eje sobre el que giran todos sus preceptos es la evaluación al desempeño de los mentores. La evaluación, sin embargo, se convierte aquí en una herramienta en manos del gobierno federal para eliminar derechos históricos de los maestros, como la plaza base, la estabilidad en el empleo, la contratación colectiva, el escalafón y la existencia misma del sindicato. En los hechos, se trata de una reforma laboral y administrativa que transforma totalmente las relaciones de trabajo entre los docentes y la SEP, dejando a los primeros en la indefensión total. Una corriente importante de opinión que surgió entre investigadores y especialistas educativos coincidió con esta postura crítica.

Cuando la SEP se propuso aplicar por la fuerza este tipo de evaluación en todo el país, el movimiento del magisterio se resistió y puso en evidencia el carácter punitivo de tal medida. Aurelio Nuño amenazó con despedir a los maestros que no se presentaran al examen y movilizó a las fuerzas policiacas para proteger los centros de aplicación. Los docentes han denunciado que se trata de un examen estandarizado que no contempla los contextos locales en que se encuentran las escuelas ni las condiciones concretas en las que se llevan a cabo los procesos de aprendizaje. El examen es también un instrumento burocrático para vigilar y supervisar a control remoto el tipo de enseñanza que practican los maestros en el aula y en la escuela. El maestro queda despojado así de toda libertad para darle a su trabajo un toque personal de acuerdo a su trayectoria, de creatividad y espontaneidad organizada. Si el maestro que se presenta al examen no resuelve los reactivos de acuerdo a lo que la SEP impone y demanda, entonces queda reprobado. No hay espacio para la innovación, para la exploración, para la experimentación pedagógica. Todos los procesos y normas que dicta la SEP se mueven de una manera vertical, desde el vértice superior hasta el piso donde los maestros y sus alumnos construyen sus relaciones pedagógicas y humanas.

El titular de la SEP se tardó más de cuatro años en presentar lo que él y el gobierno federal llaman ahora el Nuevo Modelo Educativo.
El titular de la SEP se tardó más de cuatro años en presentar lo que él y el gobierno federal llaman ahora el Nuevo Modelo Educativo.
(Foto: Cuartoscuro)


Han sido algunas de las críticas más fuertes y sostenidas que el magisterio ha lanzado contra la imposición oficial. La llamada Reforma Educativa no contenía el nuevo modelo pedagógico que el país necesita. El titular de la SEP se tardó más de cuatro años en presentar lo que él y el gobierno federal llaman ahora el Nuevo Modelo Educativo. En el colmo del absurdo, plantean que empezará a aplicarse hasta el ciclo escolar 2017-2018 y que será hasta dentro de una década que se podrán apreciar y evaluar sus primeros resultados. No podía ser más demagógica una política que, como ésta, se anuncia al final del sexenio, y al mismo tiempo en el inicio del proceso para la renovación de los poderes federales. Quizá sea por esto que carece de originalidad.

Aurelio Nuño tuvo que apropiarse, sin reconocerlo, de iniciativas y propuestas que desde hace tiempo otros actores políticos, sociales y académicos han hecho desde posiciones no reconocidas por el Estado, incluyendo, paradójicamente, a quienes ha condenado y perseguido como si fueran una plaga que hay que aniquilar, esto es, los maestros en resistencia. El plagio, sin embargo, no funciona en un modelo que, como el que nos ha presentado el titular de la SEP, no corresponde a la circunstancia histórica por la que atraviesa nuestro país y las perspectivas que habría que considerar para salvarlo.

En el primero de los cinco ejes que contiene el documento de marras se considera lo que denomina el “Planteamiento curricular”. Aurelio Nuño borra de un plumazo las reformas anteriores porque al final, afirma, fueron un fracaso. Para él, es a partir de este sexenio y de esta reforma que la historia empieza realmente en nuestro país. Del enfoque por competencias, que en su momento se llegó a convertir también en un dogma sagrado y en ley inapelable, sólo quedan pálidas referencias, lo mismo de la visión constructivista en los procesos de aprendizaje. El mago Nuño se ha sacado de la manga una carta que nos quiere mostrar como algo innovador, efectivo, deslumbrante. Es la resurrección del humanismo como el fundamento que ha de darle legitimidad teórica a su modelo. Como se sabe, el humanismo surge con el Renacimiento en algunas ciudades importantes de Italia, como Florencia, Roma y Venecia, a mediados del siglo XIV.

Es la vuelta a la antigüedad clásica griega, la revaloración del ser humano como el centro de todas las cosas. Si antes, durante el Medioevo, la Tierra era el centro del Universo, ahora era el hombre el que debía ocupar ese lugar. El humanismo fue la respuesta al oscurantismo impuesto por la Iglesia católica, una verdadera revolución científica y cultural; pero es obvio que las circunstancias han cambiado con los siglos. El antropocentrismo le ha hecho mucho daño al entorno en que se ha desarrollado el hombre a través de la historia, y al hombre mismo. El hombre ha de verse con mayor humildad en relación con la naturaleza y el universo, con las demás especies que lo han acompañado en la evolución y de las cuales se ha convertido en su enemigo mortal.

Aurelio Nuño ha descubierto de pronto que los seres humanos somos también seres emocionales. Y entonces plantea incluir en el “nuevo” currículo la necesidad de desarrollar en los niños y adolescentes las habilidades emocionales, esto es, la capacidad para reconocer y manejar las emociones a fin de lograr una convivencia armónica, basada en los valores humanos. En efecto, se trata de una necesidad imperante que desde hace décadas se requería en la escuela. Sólo que aquí el “planteamiento curricular” de Aurelio Nuño parte de un presupuesto totalmente falso: considerar que vivimos en una situación de cierta normalidad y que es posible alcanzar niveles aceptables de armonía en la convivencia cotidiana. Ni por asomo menciona la situación de extrema violencia y violación sistemática de los derechos humanos que padece la sociedad mexicana desde que Felipe Calderón nos metió en medio de esta guerra terrible que no cesa. Los efectos de esta realidad atroz han permeado las relaciones en la familia y han llegado con sus consecuencias nocivas hasta la escuela. ¿Cómo hacer un tratamiento pedagógico adecuado de esta circunstancia sin tener que abordar con un espíritu crítico la realidad que se nos ha echado encima como un alud incontenible? Por cierto que el enfoque crítico que se plantea en el “nuevo currículo” no llega hasta ese nivel.

En otra parte de este primer eje se destacan los llamados “aprendizajes clave”, que no son sino el producto de la selección de objetos de conocimiento y contenidos reducidos a su mínima expresión. Hay que focalizar el aprendizaje en determinadas áreas que, a juicio de Nuño, se requiere dominar para superar el rezago y adquirir las habilidades propias del sistema social de competencias. El titular de la SEP presume, de la misma manera, que el proceso para otorgarle autonomía de gestión a las escuelas alcanza otro paso significativo con lo que sería la autonomía curricular. La escuela podrá incorporar algunos contenidos locales y regionales a su programa de estudios. Aquí encontramos un eco deformado de los reclamos y demandas que el magisterio disidente ha planteado, a saber, que no es posible ver a la escuela fuera de su contexto inmediato, ni a los alumnos separados de su entorno histórico y cultural. Pero la visión de Nuño no va más allá del desarrollo de ciertas técnicas y algunas prácticas concretas que no tocan a fondo la conciencia y el ser de los estudiantes.