Aquiles Gaitán
Las conciencias
Martes 4 de Abril de 2017
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En el lenguaje político las palabras crean su propia existencia, crean sus verdades y sus mentiras, sus ardides, sus propias realidades. Nadie se escandaliza porque un político no cumple su palabra, o dice, ofrece o pregona algo diferente a lo real, es el ámbito de lo político que tiene su propio espacio, donde las acciones y las palabras tienen diversas significaciones. Al hablar de lo que fuimos hablan de lo que quieren ser, al hablar de lo que somos hablan de lo que fuimos, recrean valores, inventan asechanzas, reconcilian, confrontan, es cuando dicen algo y no se entiende, es cuando surge el especialista que, según él, interpreta y dice lo que el otro quiso decir.

Manantial de La Mintzita, amenazado por los drenajes de las casas que irresponsablemente se han establecido en sus orillas
Manantial de La Mintzita, amenazado por los drenajes de las casas que irresponsablemente se han establecido en sus orillas
(Foto: ACG)

El lenguaje del ranchero culturizado es ininteligible para muchos, sin embargo habla de “la chachalaca” y todos entienden a quién y a qué se refiere, pero la mayoría, ¡perdónalos señor!, no saben lo que dicen, el silencio es su mayor expresión porque los hace ver mesurados y prudentes.

En estos términos, interpretar la realidad resulta complicado. Mientras el Banco Mundial anticipa un mayor crecimiento global en 2017, la ONU señala el aumento de la inseguridad alimentaria, mejor conocida como hambre, y en esta aldea llamada Michoacán estamos con el Jesús en la boca. Ya pasado el velorio de la gallina de los huevos de oro, disfrutando a plenitud el gasolinazo, seguimos presionados por los vencimientos y condiciones de la deuda pública y de las deudas propiamente dichas, heredadas por los que adelantaron el futuro de manera irresponsable y ligera, rayando en la desfachatez.

Los sueños de traer inversiones al estado se desvanecen ante una realidad que se desborda, esa misma que nos hace pensar que la Zona Económica Especial de Lázaro Cárdenas y La Unión, Guerrero, quedará para las futuras generaciones como un bello proyecto. Seamos humildes y enfoquemos nuestras miras en lo nuestro, en la agricultura, en la ganadería, en la minería, en la pesca, en el sector de la producción primaria, que es lo único que nos queda, como el propio suelo que pisamos y es el territorio de Michoacán. Dejemos de soñar y organicemos nuestros pueblos con lo que tengamos a la mano y en la mano.

Primero cuidando lo que queda y limpiando el territorio, no de delincuentes, que eso ya casi lo tienen arreglado, eso dicen, sino lo que quedó de bosques después de tanta huerta, lo que queda de lagos, de tierras de cultivo, de ojos de agua, arroyos y ríos; limpiando el territorio de basura y limpiando el agua después de usarla, estas dos acciones multiplicadas por 113, es decir, por cada municipio michoacano que los tiene en mayor o menor grado, sin control. Los tiraderos a cielo abierto son la constante, el negocio es la otra, las orillas de las carreteras, pueblos y ranchos son indicadores incuestionables. ¿Y la educación ambiental?, tal parece que es romanticismo puro pues no tiene presupuesto, y si no tiene presupuesto, simplemente es una buena intención que debemos tomar en serio porque no podemos vivir en la inmundicia, la contaminación destruye el suelo, los lixiviados no perdonan.

El agua, ¡ay!, el agua, tal parece que debemos inventar nuevamente el agua, revalorar el agua, respetar el agua, sentirla nuestra como la propia vida, como la propia naturaleza; el problema son los drenajes, pero a la vez el problema son las plantas de tratamiento de agua y los procedimientos para limpiarla pues cada quien elige su procedimiento y hace lo que puede y como puede, el resultado es el caos y la inoperancia. Es necesario saber dónde comienza a correr el agua, seguir su cauce para conocer dónde se incorpora el agua sucia, palmo a palmo, hasta llegar al mar, si el agua está estancada, como en los lagos y presas, verificar el agua que llega porque aquí la contaminación cobra una relevancia vital.

Requerimos 113 diagnósticos, 113 acciones correctivas, 113 soluciones, ¿113 implica que todos los municipios michoacanos están contaminando el agua? Sí, así es, en mayor o menor grado, ninguno tiene resuelto su problema. ¿Cuáles le gustan para analizar?, ¿Morelia, Pátzcuaro, Uruapan? Digamos Morelia, ¿de dónde y cómo viene el agua de Morelia y a dónde y cómo se va? Empecemos por el sur, las presas de Umécuaro y Loma Caliente, la de Nieves está destruida, captan el agua limpia pero tienen ranchos a su alrededor que usan y desusan el agua, se produce energía eléctrica en Tirio y se suelta el agua a su suerte hasta llegar a la Presa de Cointzio con el drenajito de Tiripetío, Santiago Undameo y ranchos que le acompañan, de ahí a la planta potabilizadora de Santa María, de donde sale a los hogares, digamos limpia, y sale de los mismos, digamos sucia, hacia el Río Chiquito o el Río Grande, cuyas aguas pasan, una parte nada más, por un turbio negocio que según ellos limpia el agua, allá por la salida a Charo, de ahí a los canales de riego y finalmente al Lago de Cuitzeo, sumando los drenajes correspondientes de ranchos y pueblos que van pasando.

Esta es la triste historia de una parte del agua de Morelia, la otra fuente de abastecimiento es el Manantial de La Mintzita, amenazado también por los drenajes de las casas que irresponsablemente se han establecido en sus orillas y los lavaderos de ropa que necesariamente contaminan con sus desechos, agregue usted la famosa industria pestilente devoradora de bosques enteros llamada Cepamisa y la mesa está servida. La tercera fuente de abastecimiento son los pozos profundos que aseguran no tienen filtraciones contaminantes, pero todo lo demás requiere soluciones y soluciones prontas, que en mi opinión, son más importantes que la peatonalización, el parque lineal o la reutilización de la central camionera, en vez de demandar al concesionario por incumplimiento de no construir lo pactado. ¿Y la basura de Morelia? Bien gracias, el negocio está vigente, ojalá ya hayan arreglado la báscula de la recepción, base sobre la cual pagan el confinamiento a una empresa, pero la ciudad y sus alrededores sigue igual que siempre.

En lenguaje político tenemos un “Morelia de todos”, pero el esfuerzo desplegado por las calles en repavimentación y las obras esas que tanto ponderan, ante la falta de señalamientos de seguridad vial, de avisos de peligro, de asegurar vías alternas, independientemente del costo de las mismas, se convierte en un mentadero de madres, a las cuales por supuesto me sumo.

Desde hace muchos años la llamada lepra moral de México es la corrupción, la ley anticorrupción debería ser la ley de la honradez y antes de tomar protesta de sus cargos, los políticos, al presentar su declaración patrimonial, deberían entregar una plana que contenga 100 veces escrita con puño y letra la frase “debo ser honrado”, si no lo hiciereis así este país irá de mal en peor como suele acontecer; si les cortáramos una mano a los corruptos estaríamos llenos de mancos.

El sistema político actual, lejos del capitalismo de Estado y del sueño del socialismo democrático, es entreguista al capitalismo internacional, los jóvenes están desconcertados, los empleos, condicionados a la explotación y la sumisión, sin libertad de pensar y actuar; la riqueza insultante, los salarios raquíticos, los partidos convertidos en templos de la adulación y el incondicionalismo, ¿y la izquierda? Los intelectuales de izquierda, los profesionistas de izquierda, los estudiantes de izquierda, los obreros y campesinos de izquierda, los ciudadanos de izquierda, debemos estar con quienes piensen y actúen como hombres de izquierda.

No hay otro camino, el sueño de muchos de llegar a ser una estrella más de la bandera de las barras y las estrellas se ha desdibujado, es ahora o nunca; después de todo, el suelo y el agua se pueden limpiar poco a poco, hoy es tiempo de limpiar las conciencias de los mexicanos.

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