Alejandro Vázquez Cárdenas
IMSS, entre la hipocresía y la ineficiencia
Miércoles 5 de Abril de 2017
A- A A+

Vale recordar que antes de la existencia del IMSS la atención médica al trabajador corría por cuenta del patrón y la Virgen de Guadalupe,  lo cual equivale a decir que virtualmente no existía.
Vale recordar que antes de la existencia del IMSS la atención médica al trabajador corría por cuenta del patrón y la Virgen de Guadalupe, lo cual equivale a decir que virtualmente no existía.
(Foto: TAVO)

El Instituto Mexicano del Seguro Social nace oficialmente el 19 de enero de 1943 como respuesta a la necesidad de otorgar atención médica a la población trabajadora. Vale recordar que antes de la existencia del IMSS la atención médica al trabajador corría por cuenta del patrón y la Virgen de Guadalupe, lo cual equivale a decir que virtualmente no existía.

El IMSS, durante la década de los 60 y gran parte de los 70, vivió la que fue su mejor época; se crearon los grandes centros hospitalarios, la cobertura se amplió a todo el país y se contrataron excelentes médicos para los servicios de asistencia y enseñanza en los Centros Médicos. Con los años, debido entre otras cosas al incremento de la cobertura sin aumentar los recursos, el Instituto inicia un progresivo declive.

Actualmente el IMSS sobrevive, cierto, pero con graves carencias derivadas de una pésima administración, turbios contratos multimillonarios con proveedores y constructoras y un contubernio con lo peor de su sindicato, el SNTSS.

¿El resultado? El IMMS carga con severos problemas financieros, estructuralmente se encuentra rebasado: no tiene ni médicos, ni camas ni recursos para atender con calidad y oportunamente a la totalidad de sus asegurados. Los hospitales y sus servicios de urgencias son, desde hace años, verdaderas antesalas del infierno: largas filas de enfermos en espera de alguien que los atienda, pacientes en el suelo, quejándose, abandonados, Si algo caracteriza una sala de urgencias es su absoluta carencia de sensibilidad ante el dolor humano y la inaceptable humillación a que somete al paciente.

El IMSS está rebasado, ahogado en su burocracia y como resultado incumple con su obligación primaria; atender enfermos; el IMSS se inventó para atender enfermos, si no lo hace no se justifica su existencia.
¿Y qué hacen los “funcionarios” encargado de mantener funcionando el IMSS? Aparte de vivir en una realidad alterna, se muestran como decimonónicos censores de la moral y buenas costumbres… según ellos.

En días pasados nos enteramos de que un par de doctoras residentes del área de Anatomía Patológica, en entrenamiento en la clínica 25 del IMSS de Monterrey, fueron velozmente cesadas por haber tenido la ocurrencia de subir a redes sociales unas fotos donde muestran un pie amputado y un estómago abierto. Ese fue su gran pecado. No lesionaron a ningún paciente, no dieron algún diagnóstico equivocado, no ocasionaron iatrogenia alguna, no retrasaron ningún procedimiento, nada que haya tenido consecuencia en la salud o pronóstico de algún paciente. Esa acción, a lo sumo, se le puede tachar de mal gusto o imprudencia. Pero nada más.

La reacción de los directivos, comenzado con Mikel Arriola, director General del IMSS fue de una absoluta hipocresía, desgarrándose las vestiduras aseguró que es inaceptable que dos residentes médicos hayan posado con un pie amputado y que el IMSS no va a tolerar que se le falte al respeto a los derechohabientes.

Al parecer al director Arriola poco o nada le preocupa las muy graves y peligrosas deficiencias que arrastra el IMSS, deficiencias que han causado no “faltas al respeto a derechohabientes” sino criminales retrasos en la atención medica, agendas saturadas, citas canceladas, inaceptable sobrecarga laboral en áreas clave de hospitales por no suplir a médicos en vacaciones, actitudes despóticas de asistentes médicas, facultativos que cobran en forma oculta la atención quirúrgica en el IMSS o de plano se los derivan a sus consultorios , y lo peor, omisiones y actos que han causado la muerte de pacientes.

Va un mínimo recuento de casos que conocí de primera mano. Sin nombres de médicos ni unidades donde sucedió.

Hernioplastia inguinal en adulto, lesión de colon inadvertida, peritonitis fulminante y muerte. Hernioplastia en niño, ligadura de arteria femoral inadvertida, amputación de la pierna. Por incompetencia del anestesiólogo se provoca un barotrauma severo que ocasiona neumotórax bilateral, muerte del paciente. Femenino con derrame pleural izquierdo pero le realizan drenaje pleural derecho. La lista en muy grande e indigna el solo repasarla. No le sigo.

¿Qué hizo el IMSS y sus autoridades, que por cierto se enteraron de esas defunciones? Nada, nada. Ni un reporte, ni una nota de demerito, ni mucho menos una rescisión. Como las muertes no trascendieron, no importaron.

Eso, en español se llama hipocresía.

Sobre el autor
"Medico, Especialidad en Cirugia General, aficionado a la lectura y apartidista. Crítico de la incompetencia, la demagogia y el populismo".
Comentarios
Columnas recientes

Eugenesia

El humano y sus errores

Vivir con cargo al estado

País jodido

La revolución traicionada

Un paciente mental

El cerebro político

El timo de la homeopatía

México, entre el odio y rencor social

La depresión y la vejez, un problema que se incrementa

Cómo asaltar el poder

Los “abajoinsultantes”

Delincuencia y periodismo

Vivir en la Rumania comunista

Pacifismo

PRI, el partido que nadie quiere

Las consignas del odio

Premios Darwin

Inteligencia, Hitler y engañar con la verdad

Sectas, un fenómeno religioso y político

Elecciones aristocracia y kakistocracia

Sobre la responsabilidad

Democracia, educación y votos

Recordando al News Divine

Bulos y fake news

La salud y los políticos

La política del chantaje

El señor López Obrador y la educación

Delincuentes sexuales

Pena de muerte, ¿sirve o no?

López Obrador y su personalidad

Qué hacer después de los 60

Culpables fuimos todos

Autoridad moral y las redes sociales

Paz a toda costa, ¿eso queremos?

Criminales y maltrato animal

Ideologías totalitarias

Justicia, al servicio del poder

Pactar con el narco

Una alternancia fallida

La objetividad y el periodismo

Suicidio en el anciano

Incitatus, el Senado, el IFE y el PRI

Lectura, un hábito en extinción

Trastorno paranoide, datos

Hablando de diputados

Llegar a viejo, datos

Cuba, peligrosidad predictiva

Pax Narca

Amanuenses, más vivos que nunca

Religiones y sectas

Nicolás Chauvin, ignorancia y necedad

Cuando nos negamos a ver, el caso de la CNTE

La salud y los políticos

Votar con el hígado

Ignorancia radioactiva

Tomar decisiones. No todos pueden

Pertenecer a la izquierda

Fanatismo y política

Congreso sordo y caro

Productos milagro, las ganas de creer

Un partido sin remedio

Intelectuales y la violencia

Nuestros impuestos (no) están trabajando

La congruencia y la izquierda

La estupidez

Medicina y comercio

Tener fe, la justicia en México

Simonía y delincuencia

El cerebro de reptil

Abortar o no abortar

Cocaína, heroína, éxtasis y tachas

Hablando de genocidios

Política, odio y resentimiento

Información y noticias falsas

Hablando de totalitarismo y mesianismo

Un modelo de universidad

Feminicidios, misoginia y machismo

1° de mayo, algunos datos

Un crimen sin castigo

Con licencia para matar

México, su educación y cultura

IMSS, entre la hipocresía y la ineficiencia

IMSS, entre la hipocresía y la ineficiencia

No pasa nada

Corrupción, un problema severo

Philip Roth, sus libros y la vejez

Patognomónico y probable

Don Alejo, un ejemplo

Periodismo y poder

¿Son iguales todos los humanos?

La historia se repite

Notas sobre la evolución

¿Quién mato a la gallina?

Reflexiones sobre la ignorancia

Pemex, ¿petróleo de los mexicanos?

Un problema diagnóstico

Carta de Esculapio a su hijo

Secuestros en México

Fabula de la cigarra y la hormiga

Cuba y Castro, algunos datos

Trump, datos y reflexiones

Democracia y elecciones en Estados Unidos

Investigación médica, mentiras e Internet

La fábula del escorpión y la rana

Reflexiones sobre religión y ciencia

Cómo transformarse en un intelectual

El mono desnudo

Diálogo, ¿qué es eso?

Septiembre, ¿que celebramos?

Incompetentes o cómplices

Universidad Michoacana y la CUL

La democracia y los democráticos

Periodismo, sesgo y derechos humanos

Gana la CNTE

Las tres “C”

Usos y costumbres

¿Hasta cuándo?

Fanatismo y terrorismo, un peligro

Agnosticismo y ateísmo

A 28 años de un 6 de julio

Opiniones respetables

Paro médico

Miedo

Enfermedades psicosomáticas

La CNTE y sus mentiras

El toreo y la mente humana

El principio de Peter y los abogados

1º de mayo y los sindicatos

Productos pirata

Un nuevo tropiezo, la CNTE en Michoacán

La injusticia en México

Ferias y peleas de perros

Los nombres de los hijos

El “Justo Sierra” y la autonomía universitaria

Aristocracia y kakistocracia

La farsa de las terapias pseudocientíficas

PRI, un aniversario más

La educación universitaria en México

La visita del Papa

Medicina, pronóstico reservado y tanatología

El fuero ¿debe desaparecer?

Los gobernantes que merecemos

Cambio de placas, mal asunto

Escepticismo y credulidad

El debate, despenalizar o no las drogas

Terminó un mal año

Una carta para los mexicanos

Los perros no son juguetes

Silvano, el desencanto