Carlos Enrique Tapia
Migración México-EU
Pueblos indígenas: pobreza, delincuencia, inseguridad
Miércoles 12 de Abril de 2017
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La confrontación en Arantepacua, Nahuatzen, reitera la situación en la que viven muchas comunidades indígenas en Michoacán, la distorsionante presencia del crimen organizado y un gobierno que, por un lado, desdeña frecuentemente a las comunidades indígenas, y por el otro carece de estrategias de gobernabilidad propias.

En el tema de la seguridad, por ejemplo, además de la continuidad de un grupo que impuso el ex Virrey Castillo, la Federación es la que dicta el accionar. Vivimos en una entidad donde las Fuerzas Armadas y la Policía Federal imponen su ley. Nada propio, que atienda al contexto local, se ha propuesto.

Igualmente, en cuanto a políticas públicas, la atención a la población pobre y vulnerable sigue siendo un asunto federal, mientras en lo económico se sigue la farsa del PRI-gobierno, ahora con las Zonas Económicas Especiales, directriz a la que el gobierno estatal se ha sumado entusiasta por mercadotecnia política.

Los ciudadanos seguimos siendo presas del crimen organizado en sus diferentes manifestaciones, a pesar de la continuada guerra esquizofrénica iniciada por Felipe Calderón en 2006.
Los ciudadanos seguimos siendo presas del crimen organizado en sus diferentes manifestaciones, a pesar de la continuada guerra esquizofrénica iniciada por Felipe Calderón en 2006.
(Foto: TAVO)

Las comunidades indígenas, como lo muestran notas periodísticas, la desaparición de la entelequia llamada Secretaría de los Pueblos Indígenas, la postura del gobernador que un día se lanza contra el Concejo Mayor de Cherán y otro se toma la foto con sus integrantes, padecen el maltrato gubernamental. Actitud federal también, no sólo local.

Pobreza, delincuencia, inseguridad, una triada de asuntos que se han ido profundizando entre los pueblos indígenas michoacanos. Aunado a lo anterior, el abandono gubernamental, la falta de políticas públicas y la ingobernabilidad atizadas por el crimen organizado agravan las vulnerabilidades de una población con múltiples carencias.

Este escribano nunca compartió la idea de la creación de la Secretaría de Pueblos Indígenas, otra entelequia godoyista, pues en realidad fue un premio político para un reducido grupo de origen indígena. Y a la fecha no dio frutos en cuanto a políticas públicas e intervención sin partidismos en los graves problemas de los indígenas.

A pesar del crimen organizado, los medios oficialistas y el discurso gubernamental, aparece una piedra en el camino a 2018, en un contexto donde la mercadotecnia electoral se pretende pasar por gobernabilidad. Cuatro muertos, una confrontación nada clara, un escarmiento. Jara y Castillo tienen su Apatzingán y Tanhuato. Aureoles, su Arantepacua.

Tanhuato y Apatzingán siguen impunes a pesar de investigaciones y resoluciones de las instancias de derechos humanos. La propaganda y la línea dictada a medios y supuestos líderes de opinión, comiendo casi en secreto con el gobernador, apuntan a más desdén, apoyo incondicional a quienes dieron las órdenes y un camino al no esclarecimiento.

Muchos medios michoacanos, impresos, digitales y televisivos, así como lectores de noticias, supuestos “líderes de opinión”, comentaristas “expertos” en seguridad, ayer pro priistas y hoy pro perredistas, están entrando a un camino que converge con la propaganda gubernamental, pero no abona a la gobernabilidad y sí al desprecio a los indígenas.

Destacan dos hechos preocupantes. La protesta de los familiares de los policías heridos reclamando sus derechos, pero quienes los azuzan contra los indígenas hierran, pues las fuerzas del orden son empleados del gobierno, por lo que su actuación, por orden expresa o por sí mismos, puede implicar violaciones a los derechos humanos y no viceversa.

La respuesta indígena a una aparente agresión no viola los derechos humanos de los policías, quienes, por supuesto, tienen derechos, pero sus familiares deben reclamarles a los jefes y mandos que les ordenaron actuar. Un segundo hecho preocupante surge de la alusión del gobernador sobre que el crimen organizado usa a las comunidades indígenas.

Una acusación de esta naturaleza tendrá que probarse y documentarse con hechos, pues el simple reclamo gubernamental parece propaganda. Asimismo, da cuenta del estridente fracaso de la estrategia policiaco-militar prevaleciente en el combate al crimen organizado. Significa que no se puede erradicar de raíz la amenaza delincuencial.

Los ciudadanos seguimos siendo presas del crimen organizado en sus diferentes manifestaciones, a pesar de la continuada guerra esquizofrénica iniciada por Felipe Calderón en 2006. Una década después la delincuencia sigue exhibiendo y retando a la autoridad, sobre todo porque prevalecen complicidades, impunidad y corrupción.

Obviedades. 1. Y siguen las dudas sobre los dos hombres que murieron en circunstancias “extrañas” en el contexto de un operativo policial en un centro comercial de Morelia. 2. Condenables, los ataques en Siria, Noruega, Egipto, pero de Los Pinos nada sobre Arantepacua. 3. Josefina Vázquez Mota, aspirante de PAN-PRI a la gubernatura del Estado de México, no tiene principios, moral ni ética al acusar a la candidata de Morena como alentadora del secuestro en Texcoco. 4. El Universal y El Financiero ya están encarrilados para denostar y desacreditar a quienes apoyan a AMLO y al propio AMLO. Guerra sucia tempranera. ¿Ética periodística, para que servirá? 5. Tomás Yarrington, supuesto ex miembro del PRI, ex gobernador de Tamaulipas, fue detenido en un restaurante en Italia, su dorado autoexilio, y a la luz pública. La farsa de los peces gordos del PRI, mientras los Duarte, Borge, siguen impunes. 6. Marcelino Perelló, ex líder estudiantil de los 60 y 70, autoexhibió su sexismo patriarcal y machismo en un programa de radio de la UNAM, cancelado ipso facto al “opinar” que el abuso contra las mujeres, como el caso de Daphne y Los Porkys es “normal”, que nada pasó porque sus violadores nada más le introdujeron los dedos en la vagina, lo que, según su retorcida mente, no es violación. 7. La ultraderecha bien representada por Ochoa (PRI) y Anaya (PAN) exhibe con creces su misoginia, machismo y violencia contra las mujeres teniendo como centro a la morenista Delfina Gómez por el simple hecho de ser mujer.

Sobre el autor
Antropólogo social, doctor en Historia. Colabora en Cambio de Michoacán desde 1996, con una breve interrupción en 2001-2003. Se especializa en estudios migratorios, en particular la historia y problemática actual de la migración México-Estados Unidos, Michoacán-Estados Unidos, y problemas relacionados con políticas públicas, desarrollo socioeconómico, tendencias políticas y partidistas, participación ciudadana. Por ello dedica también sus columnas a entender y analizar el rumbo social, económico, político y cultural de Michoacán y México en general, desde una perspectiva crítica y ciudadana.
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