Ignacio Hurtado Gómez
Sergio García Ramírez en Michoacán y los derechos humanos
Jueves 20 de Abril de 2017
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Más allá de la calidez que se respira en su entorno y en su trato, no cabe la menor duda que, académicamente hablando, su paso por tierras michoacanas ha sido por demás productivo, principalmente por dos buenas razones.

La primera, porque varias de sus ideas sobre los derechos humanos y la convencionalidad encontraron algunos de sus primeros atisbos en estas tierras purépechas, específicamente cuando hace algunos años, y obviamente antes de la reforma de 2011 y del famoso caso Radilla, el Tribunal de Justicia Administrativa del Estado, y uno de los Tribunales Colegiados del Poder Judicial de la Federación comenzaron a hilvanar sobre el tema. Un tema que, sobra decir que hoy día es toda una realidad.

Sergio García Ramírez, político y abogado mexicano que se desempeñó como juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos.
Sergio García Ramírez, político y abogado mexicano que se desempeñó como juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos.
(Foto: Cambio de Michoacán)

La segunda, y a la cual hay que dedicarle un poco más de espacio, tiene que ver con sus generosas visitas y las conferencias que ha dictado a invitación de diversas instituciones jurisdiccionales.
Y es que, se podría decir que en cada visita por un lado nos recuerda los fundamentos de un verdadero Estado democrático, al tiempo que replantea una especie de agenda inacabada sobre temas que a más de uno nos inquieta. Vayamos a algunas de esas cuestiones.

En primer lugar el recordatorio que, sin democracia no hay derechos humanos, y sin derechos humanos no hay democracia. Que al final del camino, una y otros son imprescindibles para la vida social porque en su base, en su quintaesencia, se encuentra la propia dignidad humana.

Por eso, como en otros momentos se ha insistido, el reconocimiento que hace la Constitución Mexicana y el mandato de cumplimiento y observancia de los derechos humanos por TODAS (así en mayúscula) las autoridades del Estado mexicano, no es un tema gratuito, y mucho menos menor.

Aunque a partir de esta situación, es que don Sergio reflexiona sobre una cuestión interesante, pues si es obligación de todos respetar los derechos humanos, y un mecanismo para ello es el control de convencionalidad, entonces surgen preguntas obligadas, por ejemplo, ¿cómo debe ejercer ese control un Ayuntamiento?, ¿cómo lo debe ejercer el Poder Legislativo?, o ¿cómo debe ejercerlo el Ejecutivo?
Lo anterior, particularmente a partir de dos premisas, la primera en el sentido de que, pareciera que toda la reflexión la hemos centrado en el papel de los jueces respecto de ese control de convencionalidad, y segundo, porque como también lo recordará el propio don Sergio, la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha establecido que ese control lo deben ejercer todas las autoridades, entiéndase por supuesto, las administrativas y legislativas. Aquí ya tenemos un debate abierto.

Otro tema que debe dimensionarse tiene que ver con el recorrido histórico sobre la construcción de un sistema interamericano de derechos humanos, pero que más allá de las particularidades que ha presentado esa “navegación”, al final uno de los puntos relevantes es que estamos, hasta donde se alcanza a ver, y lo digo como una buena noticia, que es un viaje sin retorno, es decir, la vigencia de los derechos humanos, su respeto y su tutela en instancias más allá de las nacionales, como un derecho común interamericano, es una realidad, y ello por sí mismo implica muchos desafíos en diferentes ámbitos, y ante ello habrá que preocuparse y ocuparse con talante y talento.

Y un último tema que quiero destacar tiene que ver con un aspecto que se encuentra presente en don Sergio, que en parte refleja su esencia como juez interamericano y que, como tal, resolvió asuntos de aquí y acullá, lo que seguramente le exigió valorar con mayor atención el tema de los contextos, esto es, la necesidad de analizar cada tema en su particularidad atendiendo a las condiciones sociales, políticas, económicas y culturales de cada país, pues ciertamente un tema de discriminación no será lo mismo en un país sudamericano que uno centroamericano, algo de distinto tendrá uno del otro.

Lo anterior conlleva una exigencia de integralidad en el estudio no sólo de los derechos humanos, sino del derecho en general, por eso me gusta que mi facultad no solamente sea de derecho sino también de ciencias sociales, y por eso me gusta rescatar el asunto de Castañeda Gutman cuando lisa y llanamente se nos dijo que nosotros decidiéramos incorporar o no las candidaturas independientes con base en nuestra realidad social, política y cultural, pues si las adoptábamos estaríamos respetando un derecho humano a ser votado, pero si no fuera así, igualmente no contraveníamos la Convención Americana.
Así pues, temas que seguramente como ha venido sosteniendo don Sergio es necesario encarrilar por el bien de nuestra democracia. Al tiempo.

Una pequeña dosis de historia Nicolaita… Ocampo, desde que obtuvo la licencia para dejar el Ejecutivo de Michoacán en 1847, empezó a trabajar en la prensa, en la tribuna o en juntas de correligionarios, en unión del inmortal Benito Juárez, de Guillermo Prieto, de Ignacio Ramírez, de Altamirano, de Vallarta, de Lerdo de Tejada y de Riva Palacio, a favor de los principios liberales. Mientras que de un lado se confabulaba Santa Anna, el clero y el conservatismo; del otro, ante la conmoción que sufría el espíritu público, estaba un puñado de hombres que legislaba en la montaña o donde podía, en medio de privaciones, desvelos y peligros, pero seguros de la pureza de su causa.– Vemos, sin embargo, en medio de este panorama de terror, como el señor Ocampo seguía sosteniéndose en su baluarte de Morelia –desempeñaba por última vez el puesto de gobernador- y no sólo se daba tiempo para combatir las turbias aspiraciones santanistas, sino que ampliaba los estudios en el Colegio de San Nicolás; pagaba maestros de su propio peculio; se negaba a percibir el sueldo que le correspondía como gobernador; regalaba un telescopio y un microscopio para la clase de física, y por último ya para caer –había triunfado la dictadura de Santa Anna- dotó a nuestro plantel de un verdadero gabinete de física que, como referimos anteriormente, importó 18 mil pesos.– Semejante esfuerzo sólo pueden realizarlo el cariño al Colegio legendario y la fe, inmensa y generosa, en las causas nobles.
Así continuó su marcha el plantel ilustre, en medio de las crisis y tempestades políticas que sacudían al país durante la última y más terrible dictadura del general Santa Anna.– Ocampo salió de Michoacán y se unió a Juárez –el representativo de las instituciones y de la legalidad- y continuó su ímproba tarea de apóstol, hasta que el Plan de Ayutla lanzó el grito de rebelión y sus caudillos Juan Álvarez, Florencio Villarreal e Ignacio Comonfort, derrocan a Santa Anna y establecen la república federal.
ihurtadomx@hotmail.com

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