Estrellita M. Fuentes Nava
La sonrisa de Duarte
Jueves 20 de Abril de 2017
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La reciente captura del ex gobernador Javier Duarte nos tomó a todos por sorpresa: pensábamos que había logrado escapar y que sus delitos quedarían impunes por un tiempo bastante considerable como suele suceder en México; sin embargo, algo que llamó poderosamente la atención en las redes sociales fue la cínica sonrisa burlona con la que se le fotografió en el momento de su aprehensión. Pareciera el colmo del descaro por parte de alguien en cuya conciencia deberían pesar los muertos encontrados en 125 fosas clandestinas (de las que se tiene noticia) a quienes tal vez nunca llegue la justicia, ni a sus familiares; los niños que murieron por no recibir sus medicinas para combatir el cáncer, y que perdieron esta cruel batalla por culpa de la ambición de este hombre; los periodistas que denunciaron hasta el cansancio su corrupción y descaro, y que ahora están silenciados para siempre; los veracruzanos en condiciones de pobreza que nunca recibieron los apoyos que les correspondían, y que ahora ven aún más mermadas sus esperanzas; la deuda que hereda de por vida el estado de 21 mil 500 millones de pesos en el 2010 a 45 mil 776 mdp en el 2016.

Javier Duarte mostró un semblante burlesco el día de su detención
Javier Duarte mostró un semblante burlesco el día de su detención
(Foto: Especial)

Quizás se ríe de un pacto ya hecho con las élites del poder, quienes necesitaban urgentemente una acción que denote combate a la corrupción en medio de unas elecciones tan reñidas como son las del Estado de México, para lo cual intercambió la foto de su captura por la posible inmunidad de su esposa Karim Macías Tubilla (de quien se documentó el despilfarro de millones de pesos en tiendas exclusivas, así como la posesión de propiedades en el extranjero, y que al escapar junto con él es más que evidente su complicidad, pero que hasta el momento no hay acusaciones formales en su contra), así como de hijos, familiares y socios; y puede ser que hasta el poder reservar algún porcentaje de su cuantiosa fortuna. Lo que queda claro es que se ríe de nosotros y en nuestras narices, así como lo hizo hace seis meses durante la entrevista que le concedió a Carlos Loret de Mola, donde aseguró que saliendo del estudio de televisión regresaría de inmediato a Veracruz para dar la cara y demostrar su inocencia, aunque al final lo único que hizo fue escaparse.

A lo mejor se ríe porque “lo bailado, lo paseado” y lo disfrutado, ya nadie se lo quita. Tuvo la oportunidad de gozar de las mieles de los excesos, el lujo, la ostentosidad, el placer, el poder y la venganza al cobrárselas a todos los que se las debían. Se ríe porque a pesar de su carrera inicial gris e insípida en la política a la sombra de un Fidel Herrera, supo manejar los hilos y entretejer un plan para hacer realidad sus sueños de grandeza, fama y frivolidad. Se ríe porque sus rasgos psicológicos son los de una persona que tiene atrofiada la amígdala cerebral, y por eso no tiene la capacidad de sentir el dolor ajeno; prueba de ello fue el caso de la madre desesperada que lo increpó para que la ayudara a encontrar a su hija desaparecida en Orizaba, y a quien él sólo contestó con indiferencia y con una sonrisa burlona que crispó aún más a la mujer (www.youtube.com/watch?v=x5F94HE-8Xs). Parecieran los rasgos de una condición patológica de melagomanía; de un ególatra y narcisista que piensa que el mundo está a sus pies, y que merece la abundancia como rezan los diarios incautados a su esposa.

El caso de Duarte nos recuerda también el del ex presidente Ollanta Humala, de Perú, cuya esposa Nadine Heredia (así como lo hizo la señora Macías) dejó testimonios en cinco agendas que le robaron en las que daba cuenta de cada uno de los movimientos del dinero obtenido a través de extorsiones, favoritismos, tráfico de influencias y lavado, y los gastos hechos en ropa, enseres domésticos, muebles, y viajes a Europa y a Disneylandia. A la fecha a Humala se le sigue un proceso de investigación por corrupción (al que se le sumará el peso de las recientes declaraciones de la empresa brasileña Odebrecht involucrada en sobornos millonarios a actores políticos en América Latina a cambio de contratos), así como al recientemente acusado ex presidente Alejandro Toledo, a Keiko Fujimori (cuyo padre sí está en la cárcel), y a varios más.
Quizás esa risa es el mensaje implícito de la sorna con la que nos recuerda a todos que no sólo es él, sino que también hay un Yarrington, un Granier, un Padrés, un Gómez Urrutia, un Layín, y muchos más, que entretejen entre todos un sistema de favoritismos, conveniencias, pactos y corruptelas de cuyas redes no podemos escapar; si no, cómo explicar que año con año desde el nivel central le hayan permitido a Duarte actuar en la impunidad a pesar de la cascada de denuncias públicas y evidentes atropellos a los derechos humanos con sus escuadrones de la muerte vestidos de policías, así como depositarle puntualmente recursos públicos de las participaciones federales sin auditoría alguna. Ya el periodista Jesús Lemus en su libro Los malditos: Crónica negra desde Puente Grande, apunta en los resultados de las entrevistas hechas a los grandes capos que se encuentran ahí recluidos, que no sólo son ellos, sino también los bandidos de cuello blanco que están afuera quienes les exigen cuotas y financiamientos a sus campañas, y con quienes no hay acuerdo seguro porque pueden traicionarlos fácilmente, “entambarlos” y cambiar de “socio” según convenga.

Se ríe porque sabe que en las calles hay muchos como él que con sumo descaro e impunidad también le entran al juego todos los días: con las licitaciones amañadas, dando mordidas, transando a los incautos, haciéndose de la vista gorda cuando atestiguan una tropelía, robando materiales de los almacenes en las oficinas públicas, vendiendo lo que no es suyo, dejando que los pobres sigan siendo más pobres, guardando silencio a pesar de lo que es evidente, o buscando el business con quien se deje.

Así como una imagen dice más que mil palabras, la sonrisa de Duarte dice más que el instante en el que ésta se documentó; nos habla de un mar de historias en el que se encuentra sumergido el país, lo cual nos desalienta, enoja, sacude; nos encara con nuestra propia realidad, y nos hace reflexionar. Tal vez haya muchos Duarte por ahí, no sólo en México sino en América Latina; la diferencia es que en Perú por ejemplo sí han apresado a un ex presidente, y a todos por igual les incautan bienes de manera total cuando están sujetos a investigación y más aún cuando se les dictamina como culpables; en cambio aquí en nuestro país la regla se aplica con discrecionalidad.

Pareciera que hay dos Méxicos corriendo en paralelo: uno que apunta hacia la modernidad y el desarrollo con leyes e instituciones de vanguardia, sobrado talento humano, una sociedad pujante, y mucho más, tratando de navegar en la complejidad de la globalización; y el otro que camina a marchas forzadas con la enorme carga de una política caciquil, pobreza clientelar, aparato burocrático denso e ineficiente, aunado a una visión de reciclaje y cortoplacista. Duarte es un recordatorio de ese México pesado y denso, del que nos tenemos que sacudir si queremos apresurar el paso hacia una necesaria renovación en la que conquistemos nuestra verdadera alma esencial, pura y justa como nación.

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