Jerjes Aguirre Avellaneda
EN LA PROSPECTIVA DEL 2018
Efervescencia y preparativos políticos
Viernes 21 de Abril de 2017

(Primera parte)

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México tiene mucho que cambiar y en un proceso de este tipo, la crítica puede desempeñar un papel fundamental, como preparativos para los grandes eventos electorales del año que viene.
México tiene mucho que cambiar y en un proceso de este tipo, la crítica puede desempeñar un papel fundamental, como preparativos para los grandes eventos electorales del año que viene.
(Foto: Cuartoscuro)

Acciones y declaraciones, acusaciones y escándalos de distinto tipo, estrategias que se ponen en marcha, acomodos y posicionamientos, conforman el ambiente, el actual “clima político” rumbo a las elecciones federales del 2018. El año entrante es percibido como la oportunidad para afianzar o corregir, para la continuidad o nuevamente la alternancia democrática.

En los diferentes niveles surgen simpatías por los partidos y aspirantes conocidos a figurar como candidatos a la Presidencia de la República, en tanto que en otros ámbitos, con un poco más de recato pero con igual movimiento, van apareciendo los aspirantes a presidentes municipales, a la integración de los ayuntamientos, a diputados locales y federales y al Senado de la República. La “clase política” está en efervescencia, movilizada ante la coyuntura electoral, haciendo uso de las herramientas que la nueva política, la política pragmática, pone a su disposición.

¿Qué es lo que destaca en la política como concepto y práctica del presente? ¿Qué distingue a la política y los políticos de hoy, respecto de los políticos del pasado? ¿Cuáles son las preocupaciones fundamentales de quienes hoy hacen política? Conviene detenerse en el examen de estas cuestiones, que son parte del contenido de la política, para dejar de ilusionarse demasiado, considerando que a partir de los resultados del año entrante podría comenzar una nueva historia para México.
Algunas respuestas podrían consistir en lo siguiente, sin pretender agotar el conjunto y cada uno de los temas:

Primero.- En cuanto a la valoración ciudadana, se entiende de manera restringida que el ciudadano representa un voto y nada más. Ha dejado de comprendérsele como “materia prima” de la política y la democracia, que piensa y actúa, que construye su propia vida y a quien es imprescindible tratarlo mínimamente con respeto.

Por el contrario, al ciudadano lo han convertido en sustancia y finalidad de la mercadotecnia, en el consumidor principal de los productos de la publicidad que son los candidatos. Importa inducir su decisión para votar por este o aquel candidato, independientemente del partido que lo postule y de la propuesta con la que se comprometa. El papel del partido se oscurece, puesto que lo importante es la mercancía llamada candidato, que es la que importa vender, destacando sus cualidades reales o ficticias. Al final, las elecciones se convierten en un mito, por lo que tienen de irracional y de simple creencia en que son la expresión de la voluntad colectiva mayoritaria.

Segundo.- En la comprensión actual del ciudadano, las diferencias reales existentes en la sociedad, se han eliminado. Los políticos y candidatos en su momento, no hablan de tipologías de ciudadanos, sino de un ciudadano en abstracto, como elemento facilitador de la retórica y la demagogia. Lo abstracto no obliga a lo concreto y lo concreto, cuando conviene, se sacrifica por lo abstracto. En todo caso, políticos y aspirantes a candidaturas no hablan de ciudadanos obreros y campesinos, de ciudadanos estudiantes y profesores, entre otros, sino de un ciudadano general, que sirve sólo para votar.

Los grandes agrupamientos sociales, las clases sociales, que como teoría y método permiten comprender la estructura y funcionamiento de la sociedad, escapan a las preocupaciones políticas con un olvido deliberado, acusándolas de “viejas ideas” en pleno desuso, para utilizar en su lugar los planteamientos “modernos” sobre la pluralidad política, que se complementa, que jamás se contradice y que sustituye la lucha por el acuerdo. Cuando mucho, los políticos de hoy hablan de los pobres y necesitados, de los indígenas, de las desigualdades entre los géneros, de las preferencias sexuales, del desamparo de las madres solteras y de la gente de la tercera edad, que como grupos víctimas de la exclusión social y política, representan principalmente efectos y no causas de cómo funciona la sociedad, de cómo funciona el país.

Tercero.- La dinámica política actual en México ha dejado de considerar a la crítica y la autocracia, como métodos adecuados de corrección. Inclusive, las fuentes tradicionales de crítica han sido canceladas, como es el caso de las universidades, los medios de comunicación y los intelectuales. En las universidades en lugar de la crítica, es la cátedra, los estudios, las investigaciones y las propuestas que se formulan a partir de criterios “científicos”, respecto de cómo puede perfeccionarse lo que existe, en lugar de su transformación. Los comunicadores se encuentran en la disyuntiva de criticar sin trabajo o elogiar para vivir. Los intelectuales han sido despojados de su rebeldía, como condición para obtener empleos públicos o privados.

No existen preocupaciones por la crítica, como si hubiese sido sustraída de los circuitos mercantiles. No se venden ideas críticas, como tampoco los cuestionamientos a las estrategias, las políticas públicas y los modelos de desarrollo, buscando incrementar el capital electoral de los partidos políticos, salvo honrosas excepciones. Por su parte, algunos sindicatos y organizaciones de la sociedad civil ejercen funciones críticas sobre aspectos específicos de la realidad en que existen y por lo mismo, la “crítica especializada” carece de rango para construir “tiempos críticos integrales”.

¿De dónde, entonces, los impulsos para hacer política crítica en la preparación y en el curso de las campañas electorales mismas? Por el contrario, entre menos críticos, “entre más abiertos a todo y todos”, mayor capacidad para conciliar entre los diversos, mayor capacidad de negociación para los acuerdos, aun cuando en el final se quede mal con todos. Es lo válido, lo correcto, el sinónimo del “buen político” y del “buen candidato”.

Y sin embargo, la crítica y la autocracia es un método incuestionable para el avance, en tanto expresa inconformidad con lo que existe. Es contraria a la adaptación y a la consideración de que todo está bien y, si todo está bien, ya no hay nada qué hacer, puesto que la historia estaría consumada. La no crítica es pasividad y complacencia, para terminar dejándole a unos pocos lo que corresponde hacer a los muchos en un sistema democrático. No hay, por tanto, democracia sin crítica, por mucho que se le tema y denigre.

Mientras siga considerándose a la crítica como actividad propia de los enemigos políticos, como “contras” que están en contra de todo y a favor de nada, la política tendrá fundamentales limitaciones para elevar la calidad de la democracia misma. En todo caso, habría que convenir en que los señalamientos críticos sobre vacíos, omisiones, desvíos, errores políticos, estuvieran invariablemente acompañados de propuestas de corrección y solución.

Podrá estarse de acuerdo en que México tiene mucho que cambiar y en un proceso de este tipo, la crítica puede desempeñar un papel fundamental, como preparativo para los grandes eventos electorales del año que viene, convirtiéndolos en oportunidad de cambios ciertos, que estando en la mente de las mayorías, necesitan de la crítica para hacerse explícitos.

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