Rafael Mendoza Castillo
La impunidad y la corrupción como espectáculo
Lunes 24 de Abril de 2017
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La representación política y su imagen, se nos escapa. Toma distancia del mundo real, se echa a andar por sí misma. Lo anterior, en el mundo de la producción de mercancías, se conoce como fetichismo. Este último también se presenta en el campo cultural. En síntesis, los productos se escapan a su creador. Surge obligadamente una interrogación, ¿quién domina a quién? Veamos.

Tanto la representación como la mercancía enmascaran las relaciones sociales a través de símbolos, fantasías, deseos, poderes mágicos, dinero, capital, valor de cambio, trabajo abstracto, éxito, poder, riqueza, etcétera. Lo anterior se mueve en el espacio y tiempo de lo imaginario de las personas, grupos o clases. Este fenómeno se coloca en la apariencia, se mueve por sí mismo, separado de lo real, de lo simbólico, la palabra. A esto le llamaremos espectáculo.

Beltolt Brecht
Beltolt Brecht
(Foto: Especial)

De ahí la importancia de no creer en lo que está dado, lo constituido, lo que vemos. Es ante esto, que la crítica y la reflexión juegan un papel fundamental al quitar la cantidad de velos que ocultan las verdaderas fuerzas reales que mueven a las relaciones sociales vigentes. Encarnadas éstas en instituciones, estructuras, procesos y tendencias científicas, culturales y tecnológicas que orientan, consciente o inconscientemente, al mundo de hoy. Por eso, cuando escuchemos al gobernante que dice “Mover a México”, no es una expresión neutral, sino interesada en defender un proyecto económico y cultural centrado en la privatización de lo público. No busca el bien común, sino el bien para pocos.

Las frases “Mover a México”, “Arriba y adelante” son universales que aparentan la inclusión de todos. En el fondo hacen referencia a una clase en especial, a los dueños del capital y del poder. Son lenguajes que forman parte de la naturaleza del espectáculo. Al modificar elementos de este último, la persona tiene la sensación de que algo cambia (emoción no es pensar), pero no en lo real. No sucede nada en su vida cotidiana. Acontece en la forma, en los procedimientos. Nada pasa en los contenidos materiales.

Por ejemplo, producir cantidad de leyes, forma parte del espectáculo, porque regulan y reprimen el comportamiento de aquellos que atentan contra el orden de la acumulación de capital en pocos. Pero aquellas se aplican facciosamente, según convenga, a modo (recordemos la Casa Blanca). Siempre en favor de quien defiende el régimen político y su modelo económico, realmente existente. El espectáculo legislativo hace leyes injustas para la mayoría del pueblo y leyes estructurales, a favor del capital y sus dueños.

Los partidos políticos, el mundo mediático, empresarial, militar, forman parte del espectáculo como separación del mundo real. Su representación se escapó de la fuente soberana del poder, del pueblo. Ahora actúan por sí mismos, para sí mismos, en bien de ellos (autorreferente). Les delegamos poder y lo usan para acumular riqueza, privilegios en bienes y servicios. Así, la ley, los partidos, son fetiches, a los cuales les asignamos atributos como justicia en el primer caso e interés público, en el segundo caso, y luego nos esclavizamos a ellos. Recuperar, volver a conquistar la voluntad de poder, para decidir sobre otro proyecto de nación, más solidario, libre y justo, es la batalla histórica actual.

El poder del capitalismo mueve las reglas del espectáculo, es decir, en todo aquello que aparece como visible, Ley Anticorrupción, Ley de Seguridad Interna, reformas estructurales, control de la inflación, políticas macroeconómicas, programas remediales y asistencialistas, para contener la pobreza, la desigualdad. Pero lo invisible, la causa que provoca todo ello, esto es, el valor de cambio, el trabajo abstracto, la mercantilización de la vida social, la expropiación vía impuestos excesivos, devaluación de la moneda, inflación –recesión, topes salariales, permanecen intocados. Esto es lo que oculta el espectáculo.

Las elecciones, la democracia representativa y liberal, forman parte del espectáculo. En la forma, en el discurso, se habla mucho de democracia, pero en realidad no existe. El capitalismo de poder convierte a las personas en votantes para usarlos depositando un voto en la urna. El individuo con ese acto se siente libre, pero en el fondo está eligiendo a sus amos, esclavizadores, dominadores, explotadores, bandidos del erario público. Como botón de muestra, el ex gobernador veracruzano y risueño, Javier Duarte. El otro botón los fraudes electorales.

¿Qué cualidades tiene la representación política, la mercancía, cuya función es engañar, mentir y hacen pasar lo visible, lo aparente, como si fuera la realidad misma? ¿Qué atributos les hemos asignado para que continúen dominándonos y ocultando lo que verdaderamente empuja la relación social humana? Algunas cualidades son hechizo, brujería, región nebulosa (Carlos Marx). Dichas cualidades las produce el mismo sistema de apropiación y expropiación de la ganancia, del excedente, es decir, el valor de cambio, sustituye al valor de uso.

Como bien afirma Guy Debord: “El mundo a la vez presente y ausente que el espectáculo hace vivencia”. Este fenómeno psicopolítico (dominio sobre la conciencia y cuerpo), no sólo biopolítico (dominio sobre el cuerpo), muestra el distanciamiento de los seres humanos entre sí y con respecto a la relación social del capital.

La risa de Javier Duarte, en su detención, es el semblante, la máscara, la representación, que oculta la corrupción e impunidad del sistema que se orienta y trabaja, al extremo, el valor de cambio, que todo convierte en mercancía. La risa del ex gobernador también se vende y se compra. El espectáculo hace de la risa una noticia, una imagen, que asume los atributos de una mercancía y el medio de comunicación la presenta como noticia. La noticia se mercantiliza y produce ganancias. Los pocos ganan y la mayoría del pueblo pierde..

Meter a los corruptos e impunes a la cárcel, sin tocar al sistema que los produce, es un espectáculo de luz y sonido. Como decía Beltolt Brecht: “Los grandes criminales políticos deben ser expuestos y expuestos especialmente a la burla”. Así, el individuo que vive de la imagen, de la representación, del semblante, de la máscara, del rostro, y olvida la reflexión, la crítica, el pensamiento disruptivo, la insumisión, se convierte en espectador del espectáculo, de la simulación. Entender que no son relaciones entre cosas, mercancías, sino relaciones entre seres humanos. Otro mundo es posible.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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