Aquiles Gaitán
¿Cómo quieres que te quiera?
Martes 25 de Abril de 2017
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No puedo preocuparme porque el mar está salado ni por no poder alcanzar una estrella, ni por no poder volar, ni por no poder agarrar un pájaro volando. No puedo preocuparme por los imposibles, me puedo preocupar por alcanzar cosas posibles; de los imposibles me olvido y olvidar es borrar de la memoria, pero en esta civilización nuestra los sistemas informativos nos enajenan con un sinnúmero de noticias inmersas en lo que pasa en Estados Unidos, en China, en Rusia, en Inglaterra o Corea del Norte, y nos olvidamos del zafarrancho y el decapitado nuestro de cada día y de la política ya no neoliberal, sino neocolonialista de las reformas estructurales, complicadas con la política del buen vecino, que con sobrada razón marcó un alto al libre tránsito del paisanaje por debajo de la cerca o en tumulto por puentes y aduanas, y con ello frenar al menos un poco el trasiego de droga y la ilegalidad ciudadana en su territorio. La actitud versallesca implícita en la invitación a Los Pinos nos ha salvado de cosas peores.

En el país vemos fraccionamientos semiocupados o semiabandonados con trabajadores endeudados
En el país vemos fraccionamientos semiocupados o semiabandonados con trabajadores endeudados
(Foto: Archivo)

No se puede negar la dependencia de la independencia, seguramente se defienden los intereses del país con uñas y dientes, pero estamos con la cara hacia el suelo, de rodillas, con los brazos en cruz y los dedos de las manos haciendo la sagrada señal. La promoción sistemática de los recursos naturales y las ventajas estratégicas de ¿nuestro? territorio hacia las empresas internacionales grandes o pequeñas está en boga. Ojalá no vengan más coreanos esclavistas como los que están ubicados en El Realito en Morelia, porque no hay vuelta atrás, sino impulso hacia adelante. El espejismo de las Zonas Económicas Especiales es una muestra de ello. ¡Oh!, paradoja, los recursos disponibles van para preparar el terreno al capital extranjero, o lo que es peor, concesionar al capital extranjero todo lo concesionable, ya no se usa eso de venderle el alma al Diablo, si no ya la hubiéramos vendido. Poco importan el alto índice de desempleo, los salarios o los precios, el índice inflacionario y el Impuesto Sobre la Renta a las personas físicas; importan las empresas, la desregulación, el Impuesto Sobre la Renta a su disposición, los estímulos fiscales y el tapete en la puerta de las aduanas y los puertos diciendo “bienvenidos”. ¿Y todo eso está bien o mal? Ya sabemos que todo es del color del cristal con que se mira. Se prefirió el “gasolinazo” antes que suspender la política de dadivas a los pobres, llamada la política social, también llamada por algunos política clientelar, becas, leche, despensas y una lana al 65 y Más. Es cierto, la prudencia recomienda subir impuestos, pero a la vez reducir gastos y esto no se cumple, y si no se cumple, el déficit presupuestal será incrementado inmisericordemente y será pagado seguramente con deuda pública, porque el tiempo sexenal es corto para un equilibrio doméstico.

Algún iluminado abrió la llave de los créditos a la vivienda y ¿qué ha pasado? Vemos por todo el país fraccionamientos semiocupados o semiabandonados según se quiera ver, con trabajadores endeudados, que si bien es cierto viven en su pequeña y a veces mal hecha casa, hacen el gran negocio de la banca agiotista que se lleva las utilidades a su país de origen y junto con el Infonavit, son los grandes casa-tenientes de créditos incobrables. El crédito es caro, las tasas de interés altas, la inflación galopa en la pradera.

Todo eso me preocupa porque no son estrellas inalcanzables, ni es la ilusión de quitarle lo salado al mar; son decisiones que se toman por hombres iguales a usted y yo y que tienen al país al punto del colapso. El silencio y la docilidad con que se cubre la vida cotidiana es producto o de la insensibilidad o del hartazgo, pero es evidente que los intelectuales, el pensamiento que puede ser crítico, está anquilosado o esos hombres están en peligro de extinción.

En el hoy y aquí no hay nada escrito, todo es noticia del momento, el periódico de ayer es tan lejano como el pasado que a nadie le interesa, ya ni los muertos contamos, menos los presos y los heridos, cada municipio vive sus tres años a la manera del presidente en turno, como el estado sus seis años por obra y gracia de la democracia electoral. ¿Es necesario saber si el compromiso de las campañas se está cumpliendo?, ¿y si no qué? Pues nada, no pasa nada si anda subido en el ladrillo del poder y se mareó, no pasa nada si no hace nada, si no cumple lo prometido o si hace lo que quiere. ¿Eso es la democracia?, ¿se respetan los cabildos o se manipulan los cabildos o se atropellan los cabildos? Las evaluaciones del desempeño de los representantes distan mucho para que puedan concretarse, apenas andamos con las evaluaciones de los gastos, de sus efectos y resultados, pero lo otro es tan importante como esto si queremos contribuir a una transformación política y social de nuestros pueblos.

¿En qué escuela se enseña a gobernar? Los partidos son sectas ideológicas, juegan a la democracia electoral, proponen a los candidatos o candidotes que en su momento les son afines y los dejan a su suerte, a su criterio, a su destino, a su modo, con sus recursos “un político pobre es un pobre político”, sin mayor compromiso porque no tienen un sistema de comunicación política ni un sistema de evaluación de su desempeño que los ubique en la realidad y le diga la verdad como miembros del partido, como aliados políticos de una misma ideología.

¿Sabrán los partidos el comportamiento en el ejercicio del poder de los presidentes municipales de sus partidos?, ¿en el ejercicio de los presupuestos municipales?, ¿en la comprobación del gasto?, ¿sabrán de los problemas de inseguridad de sus municipios? ¡Claro que no! Pero esa liga ideológica partidista debe unirlos para encontrar soluciones a los problemas comunes y no dejarlos solos. ¿Entonces para qué son partido? Todos quieren ¡unidad! Y los tienen desunidos. “¿Cómo quieres que te quiera si tú nunca me has querido?”.

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