Aquiles Gaitán
Mayo florido
Miércoles 3 de Mayo de 2017
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Una flor, contemplamos una flor, sus pétalos, su gracia encantadora, sus formas y colores. Respiramos su perfume pero no vemos sus raíces, ni su tallo, ni sus hojas; vemos la flor, nos interesa la flor, el placer de la contemplación, el placer de cortarla, el placer de regalarla, el placer de la apropiación hasta que la tristeza llegue y la marchite, no hay nada más triste que una flor marchita. La planta que dio la flor tiene raíces y está viva, si la cuidamos volverá a dar flores, igual si es silvestre y tiene las condiciones para vivir, digamos, a la orilla de un arroyo, volverá a dar flores, volverá a dar alegría, néctar para las abejas, mariposas y colibríes. Llena de sol, una flor estremece con su sola presencia; si las flores tuvieran ojos su mirada sería intensamente bella, con ese sentimiento de libertad y plenitud que sólo las flores tienen en su femineidad biológica, en el milagro de colores que la naturaleza nos regala en su ciclo interminable de la vida.

Octavio Paz, poeta, ensayista y diplomático mexicano
Octavio Paz, poeta, ensayista y diplomático mexicano
(Foto: Especial)

¡Me ha mirado una flor! Y yo le he visto con los mismos ojos amorosos en ese instante mágico en que las miradas se juntan. Mañana ya no será flor, así es la belleza, efímera como un rayo que deslumbra y se apaga.

Esta vez no estaré solo, invitaré a Elías Nandino que nos diga lo mismo en sus palabras de “Perfección fugaz”: “Pinte el tallo, luego el cáliz, después la corola pétalo por pétalo, y, al terminar mi rosa la induje a soñar su aroma. ¡Hice la rosa perfecta! Tan perfecta, que al día siguiente, cuando fui a mirarla, ya estaba muerta”. También acude a mi llamado Jorge Luis Borges con “Una rosa y Milton”: “De las generaciones de las rosas que en el fondo del tiempo se han perdido quiero una que se salve del olvido, una sin marca o signo entre las cosas que fueron. El destino me depara este don de nombrar por vez primera esa flor silenciosa, la postrera rosa que Milton acercó a su cara, sin verla. Oh tú bermeja o amarilla o blanca rosa de un jardín borrado, deja mágicamente tu pasado inmemorial y en este verso brilla, oro, sangre o marfil o tenebrosa como en sus manos, invisible rosa”.

Con este preámbulo recibo al mes de mayo, “el mes de las flores”, la plena primavera; para los católicos, el mes de la Virgen María, el ritual de los niños de alma pura de llevar flores al filo del rosario de las tardes de mayo, vestidos de blanco con esa algarabía de la chiquillería. Es mayo de calor insoportable que el cambio climático acentúa y nos hace pensar en el destino del hombre, nosotros ya estamos aquí y lo que hacemos destruye inmisericordemente el medio ambiente en que vivimos, el horno del tabiquero, uno de los más de 300 que hay en Morelia, más los de Uruapan, Ciudad Hidalgo y etcétera, realiza sus emisiones a la atmósfera con la misma pasión que Cepamisa aquí en Cointzio, la Resistol en Zitácuaro y las industrias de la desembocadura del Balsas y las del Estado de México y Pemex y CFE y la Pepsi y la Coca y aquí en Estados Unidos, en China y Alemania, de todo el mundo salen gases de efecto invernadero, agregue usted los gases de los automóviles de todo el mundo, aviones y locomotoras y entonces pensemos porque hace tanto calor, porque se están derritiendo los glaciares y los hielos de los polos, porque este mundo que oímos, vemos, olemos y tocamos se está transformando vertiginosamente en detrimento de todos los seres vivos que lo habitamos.

Podemos dejar hacer y dejar pasar, podemos guardar silencio y adoptar una posición de inmovilidad, podemos llegar al importamadrismo, pero seríamos irresponsables, nos estaríamos faltando el respeto a nosotros mismos, a la naturaleza, al espacio que vamos a heredar a las generaciones venideras. Si hubiera conciencia ecológica no habría tantas huertas de aguacate que destruyeron para siempre los bosques de coníferas al amparo de miedo por un lado, por otro la protección del hampa y por otro el oportunismo ante la debilidad del estado.

¿Acaso yo contemplo una realidad diferente a la realidad? Lo mismo sucede en las relaciones entre los miembros de la sociedad y las minorías de elegidos que hoy gobiernan a sus electores en los pueblos y el territorio michoacano. El arte de gobernar es como el arte de amar, cada quien lo entiende a su manera, pero hay un hilo conductor que se llama sentido común y debe aplicarse como una ley no escrita, pues ya ve, hay leyes para todo, hasta quieren una para regular las marchas. “Dura lex, sed lex”, es dura pero es la ley y a ella debemos someternos. Y si no, ¿qué?, pues entra el Estado en uso de sus facultades represivas y punitivas. ¿Y si no puede?, pues entonces estamos sujetos a la confusión y la barbarie, no podemos hacerle al héroe o al mártir y convertirnos en autodefensas pueblo por pueblo, rancho por rancho, porque entraríamos en conflictos que no nos corresponden, salvo en defensa de nuestra vida o la de los nuestros o en defensa del patrimonio, como suele acontecer, lo recomendable es no sudar calenturas ajenas, pero es necesario poner un hasta aquí a tanta fechoría. El único camino es la organización, no sólo en el combate a la impunidad de las bandas armadas, organización en todos los campos de la sociedad desde la única organización capaz de hacerlo y que se llama municipio, mientras no sea así, mientras esta estructura, último reducto de libertad de los ciudadanos, base de la organización territorial del Estado, no se respete y se atropelle con el Mando Único y la subordinación política y financiera, esto no va a cambiar, como tampoco va a cambiar la corrupción hormiga de la Policía de Tránsito, el Registro Civil, la aplicación de reglamentos de la prostitución y el vicio, los policías extorsionadores, etcétera, con la promulgación de las leyes anticorrupción destinadas a poner orden y transparencia en el uso de recursos públicos, pero la corrupción es otra: ¿de donde se hizo de mulas Pedro?, ¿cuánto pide por un contrato?, ¿cuánto por su gestión e intermediarismo? Con estas radiaciones de legalidad salidas de las leyes el cáncer no se acaba pero al menos se tiene controlado.

Es mayo amigos, seamos optimistas y esperemos cada día el amanecer más bello, invoco para terminar a Octavio Paz en su poema “Entre la piedra y la flor”: “Entre la piedra y la flor, el hombre: el nacimiento que nos lleva a la muerte, la muerte que nos lleva al nacimiento. El hombre, sobre la piedra lluvia persistente y río entre llamas y flor que vence al huracán y pájaro semejante al breve relámpago: el hombre entre sus frutos y sus obras”. De sus “Piedras sueltas”: “Dios que surge de una orquídea de barro”m “entre los pétalos de arcilla, nace, sonriente, la flor humana”.

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